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De la ausencia, a la confusión y por último, a la furia. Una vez que este ‘intruso’ abandonó su cuerpo—y se tomó el tiempo de digerirlo—Feliks arrojó el cigarrillo entre sus dedos, se levantó de su lugar y comenzó a caminar sin aparente rumbo, pero con un solo objetivo en mente: Desquitarse de este flujo de emociones, quizá hallar a la responsable y partirle la cara. Y justamente, varios pasos después, topó, por accidente, el brazo de un desafortunado obstaculizando su camino. “Fíjate por donde vas, malditx estúpidx,” se quejó en su áspero acento, dándole un nuevo empujón.
“¡No fue mi culpa, imbécil!” Soltó, sin siquiera pararse a reparar quién era antes de insultarle, fue después que volteó los ojos inyectados en sangre hacía el chico. Estaba hecha un desastre, preocupada, debatiéndose entre ir a buscar a su invocación o dejarlo estar porque ya se había enterado. El corazón le latió rápido al ver que era el chico de la fiesta y del casillero y ella, por ser grosera, se echó a reír “Entonces... ¿Cómo quién te crees tu ahora que no estás poseído? ¿Eres siempre un cretino? Porque si es así, me gusta más el espectro que te estaba poseyendo”
“Ven cachorrito.” extendió sus brazos hacía el pequeño animal que andaba perdido, no sabía como había entrado al campus pero si sabía que lo quería cargar. “No te haré daño.” Le seguía hablando como si fuera un bebé, extrañaba poder tocarlo y desde que esa persona poseyó su cuerpo que no se le acercaba casi ningún animal. “¿Tú crees qué me lo pueda quedar?” Le preguntó a la persona que se encontraba cerca de ella.
“No entiendo para qué querrías quedártelo, pero adelante” Encogió ligeramente sus hombros, observando al cachorro y rascándole una de sus orejas por un par de segundos. Era el único gesto amable que ese cachorro obtendría de ella, porque tenía que conservar esa fachada de tipa ruda “¿Cómo le pondrías, de igual manera?”
adesmorts ha respondido a tu publicación:
Nunca más te dejaré algo bonito. NO ME MERECES.
Entonces no me llames bruja, bebé.
My pretty (evil) witch.
La verdad es que no tengo ni la más absoluta idea de lo que estás diciendo.
Su primer día en aquella universidad —cómo si a esas alturas le importara demasiado terminar la carrera—Haría aquel hechizo en unas horas y no podía evitar sentirse tan poderoso. Sus pasos denotaban la felicidad que sentía dentro, ese sentimiento de superioridad que simplemente le hacía sonreír “Es un día hermoso, ¿Verdad?” dijo a la primera persona que pasó frente a él. Ni siquiera se preocupó por sacar las manos de los bolsillos, su sonrisa hacía todo el trabajo de su ‘amigable’ personalidad, esa que quería mantener unos días más.
"No, no lo es” Contrarió ella, negando un par de veces “Es un día de clases, es temprano, hace calor hoy --para variar-- y tú estás demasiado sonriente” Añadió después, y si seguía añadiendo razones probablemente no terminaría nunca “¿Qué demonios te hace pensar que es un buen día?”
— ¿En serio?—cuestionó, mientras soltaba una fuerte carcajada.— Lo siento, lo siento, sé que no debí reírme.—contuvo la risa, sabía que no era de buena educación reír por lo que alguien te contaba cuando esto no tenía gracia… se supone.
“¿Qué de gracioso le ves al debate político?” Preguntó, aunque en realidad sí hacía gracia de lo ridículo que estaban resultando los debates que se había hecho “Si Trump gana, nos vamos a la mierda directamente. Si Hillary gana, nos vamos a la mierda en algunos años. El país está condenado”
Un Bar de Mala Muerte
No se puede decir que comencé esta pelea, pero, cuando el imbécil de turno choca con mi espalda, no dudo ni demoro un instante en voltear para acariciar su rostro que mi puño que, dicho sea de paso, va acompañado de buena parte de mi fuerza demoniaca, lo que lograría que cualquier mortal salga despedido unos cuantos metros llevando consigo mesas, sillas y parte del tumulto enardecido de borrachos peleoneros.
— Levántate, idiota —ordeno mientras me acerco, paso a paso entre los demás, varios empujones mediante, para terminar la pelea; no estaré satisfecho con un solo golpe así le haya roto la quijada.
El escándalo que se estaba armando era una de esas cosas que Amber no podía ignorar y lo que pasara a su alrededor usualmente le importaba demasiado poco, pero que un chico aterrizara justo a su lado como si hubiera salido propulsado de un cañón ciertamente llamaba su atención. Se puso en pie, buscando al culpable de aquella demostración que dejaría mucho para qué hablar a los humanos “A mi me parece que el idiota aquí es otro” Intervino ella, captando la atención de varias personas, incluyendo quienes estaban sentados en la mesa con ella. Le envío una mirada de advertencia al chico para intentar que captara su indirecta. Si no quería ganarse problemas, lo mejor era que se calmara y se distrajera de quién en realidad quería golpear “La violencia es la respuesta en muchas ocasiones, pero no creo que esta sea una de esas, así que te recomiendo que te calmes”
“Ambas, supongo” encogió los hombros con ligereza “Tienes más de un punto a tu favor, no te preocupes por eso” sonrió divertida mientras le daba un suave golpe con el codo a la morena, jugueteando un poco “Y dime, ¿Eres parte de un coven?” preguntó luego, sin importarle demasiado el secreto.
“Es bueno saberlo...” Contestó en voz baja, soltando una risita segundos después. La risita fue interrumpida por una tos seca y no es que considerara tabú el tema, pero hablarlo tan abiertamente no era costumbre para Amber “Reeves” Volvió a hablar en voz baja “¿Qué hay de ti?”
My hands are full of ash. I burn down everything I touch.
(via kcllerqueen)
“A todos les gusta el pastel de chocolate” afirmó y sonrió, haciendo una señal para que lo siguiera a la cafetería del campus. “A menos que sean alérgicos al chocolate, creo que esa es una existencia bastante trágica”. Comenzó a caminar olvidando por completo que tenía una clase que comenzaba en quince minutos y que, si no llegaba a tiempo, su profesor intentaría golpearlo con el marco de un cuadro. Otra vez. Y nadie en su clase quería perder tres horas de clases por culpa de él. Otra vez. “¡Vale!” cantó dando saltitos mientras caminaba. Sabía que no era de caballeros dejar que una chica pagara, pero eso era según los demás, porque Ian no tenía problemas con eso (y ni siquiera se consideraba un caballero, así que tenía sus prioridades bien definidas).
”¿Existen las reacciones alérgicas al chocolate? Eso es nuevo” Primero el humo del cigarrillo y ahora el chocolate. Cada día aprendía más, a pesar de que eran cosas básicas que debía saber si no quería matar a las personas brindándoles un pedazo de comida indebido. Una risa se le escapó a la castaña al ver lo animado que era el chico. Le resultaba adorable que alguien pudiera ver con ese entusiasmo que ella había perdido cuando había entrado en la adolescencia. Un encanto el muchacho, como diría su madre “¿Cómo le haces para estar tan feliz siempre?” Preguntó curiosa, porque a ella no le pasaba. No recordaba la última vez donde había sido genuinamente feliz por más de cinco minutos y, a pesar de ya haberse conformado con que su vida sería así, le seguía doliendo más de lo que debería.
No es que estaba viendo la situación, lo que en realidad pasaba es que la escuchaba gracias a que todo ocurría a su lado. Por lo que cada tanto, una pequeña mirada se escapaba para poder ver que ocurría encontrándose con la castaña del aula de derecho. Cuando ella logro captar su mirada, rápidamente la corrió pero sabía que ya había estado atrapado por lo que era inútil tratar de ocultarlo. “Siempre eres el sol de la mañana ¿Eh?” Bromeo con una pequeña sonrisa aunque rápidamente agrego. “Lo siento, estuvo mal mi comentario.” Cerró su casillero y se apoyó en este para poder verla. “¿Tienes problemas ahí?”
A pesar de estar a punto de quemar la ciudad entera, Amber se tomó aquel comentario como burla y una risa cansada se le escapó de los labios y recostó su frente al casillero, derrotada, sin ganas de seguir peleando con el maldito casillero “No estuvo mal, tienes razón. Soy una amargada de mierda a estas horas” Y a todas, Amber. Si no se recordaba a si misma que se había hecho ganar la imagen de chica inaccesible por todo el mundo, tal vez hasta dejaría de fingir que es una grosera “El maldito casillero no tiene ganas de funcionar, como todo esta mañana. ¿Tan difícil es pedir un día bueno?” Miró hacía arriba mientras elaboraba la pregunta, pero después bufó “¿Tu tendrás alguna idea de porqué no funciona?”
“Y por supuesto, no queremos eso,” se tomó la libertad de sellar su oración, acercándose al casillero para echarle un vistazo. Luego de tomar el candado entre sus dedos, observarlo y hacer un par de deducciones, se volvió a la chica y acotó: “Mira, si esto no funciona, tendrás que consideras otras opciones. Como por ejemplo, simplemente romperlo o… Asegurarte de que, en efecto, este es tu casillero.” Alzó un hombro y frunció los labios. Era una posibilidad. “Entonces, ¿cuál es tu combinación?”
”No puedo perder el control en público” Contó ella, aunque en realidad era algo que ya estaba explícito. No se podía arriesgar a que la descubrieran, porque ya su identidad estaba formada. No era tan estúpida como para echar a la basura algo que había estado construyendo con sumo cuidado a lo largo de los años. La castaña alzó las cejas; romperlo era una buena opción. También cabía la posibilidad de que... Oh no. Abrió los ojos, como si estuvieran a punto de salirse de sus cuencas y ella nada más los estuviera impulsando a que lo hicieran “Este... Este no es mi casillero” Contestó ella en voz baja, con la vergüenza amenazando por reflejarsele en el rostro y teñirlo de carmesí “No puede ser que la resaca me afecte al punto de ser una despistada, que... horror”
“Tan solo quiero estar para cuando el dueño se de cuenta de que va a tener que llamar al conserje para abrirlo” Acotó, claramente divertido. “Es mas, creo que podría montar una guardia aquí solo para verlo” Agregó “Es decir, he hecho guardias nocturnas en el hospital, esto es pan comido” Bromeó con una sonrisa, buscando, de alguna forma, que Amber no se sintiese incómoda o mal al respecto. “Probablemente, lo siguiente es una muerte segura,” Señaló “Luego no digas que no te lo advertí” Fingió seriedad, la cual se extinguió por su leve risa. “Toma mucho agua, te prometo que te vas a sentir mejor” En eso sí estaba seguro, después de todo, era la clave para una resaca exitosa. Tuvo una repentina idea por lo de sus labios, pero se la guardó para sí, haciendo que bajase la cabeza, ¿Avergonzado? Probablemente. “¿Comiste? A lo mejor y sea eso, el agua no hace ese tipo de daños” Explicó, encontrándose con el rostro de la castaña nuevamente “Si ese es tu plan, puedes avisarme, puede que quiera acompañarte. Supongo que tendremos que repetir todo el asunto para que veas que no miento, me veía mal” Los ojos inyectados en sangre, eso seguro.
La castaña soltó una carcajada; la idea del chico haciendo guardia para ver la reacción del dueño del casillero le hizo demasiada gracia, porque era algo que en realidad no lo veía hacía “En ese caso, me aseguraré de traerte café y algún refrigerio porque ya sabes que la mayoría de personas acá van a sus casilleros solamente cuando tienen que buscar algo importante” Resaltó ella, negando con suavidad como si desaprobara la tal guardia “Iba a decir que tal vez iba a necesitar un doctor, pero si lo siguiente es muerte segura... Bueno, ya no hay nada que hacer” Encogió ligeramente los hombros, como si en realidad fuera a morir y en realidad le importara poco aquel hecho. Sin embargo, dejó la broma de lado porque se le contagió la risa del contrario “Lo tendré en cuenta, Dr. Jesper” Molestó, guiñándole el ojo y después regalándole una sonrisa divertida. A ese punto, ya esta se le había olvidado la conversación pendiente que tenía “Sí, desayuné pero desayuné muy poco porque... Bueno, no quería vomitar nada. ¿Tu dices que sea por eso?” Preguntó, esta vez un poco más seria, porque quería recuperarse de aquella resaca lo más rápido que podía. Una risa boba se le escapó de los labios “Tendríamos que repetir todo el asunto pero además tendría que quedarme contigo para verte despertar en la mañana” Recalcó ella “Y no es una idea que me desagrade, pero es muy pronto para eso ¿No crees?” Añadió, a manera de broma, a pesar de que no era una idea que le desagrada en verdad.