A 20 años de la grabación de Supersonic, un tema que nos marcó a muchos.
will byers stan first human second

No title available

titsay

oozey mess

Janaina Medeiros

Love Begins
hello vonnie
Jules of Nature
One Nice Bug Per Day

Origami Around
dirt enthusiast
Three Goblin Art
sheepfilms

JVL
Lint Roller? I Barely Know Her

@theartofmadeline

No title available
No title available
he wasn't even looking at me and he found me
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
seen from Malaysia
seen from United States
seen from Italy
seen from United States

seen from Spain

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from Malaysia
seen from Portugal
seen from Türkiye
seen from Saudi Arabia
seen from Morocco
seen from Saudi Arabia

seen from United States
@amedias
A 20 años de la grabación de Supersonic, un tema que nos marcó a muchos.
Old School (2003).
(vía http://www.youtube.com/attribution_link?u=/watch?v=TG0P1LizAfw&feature=share&a=vHrMVEP3AQ3DCg-RRRg40A)
Historias para dejar de fumar
Me hallaba en Aeroparque, esperando para abordar rumbo a Corrientes, cuando el señor de enfrente me pidió el diario, que yo había leído y dejado a mi lado, recurriendo a Alfonsín , el libro de Oscar Muiño.
Se lo extendí, y luego de agradecerme, agregó: –Antes se podía fumar, y el tiempo volaba. Ahora hay que hacerse mala sangre con las noticias. No sé qué es peor.
–De las noticias, uno se repone –comenté.
–Es curioso –siguió mi interlocutor, a quien llamaremos Lancaster–, porque yo dejé de fumar gracias a las historias. Me refiero a historias de ficción. No me gustaba tener los dientes amarillos, los dedos manchados de nicotina, ni toser cuando jugaba un partido de fútbol. Por no hablar del miedo a la muerte. Me recomendaron a Lulú. Cuando la conocí, le hice un chiste: “Toby, mucho gusto”. Lulú sonrió, pero en esa sonrisa se leía con toda claridad: “Ya me hicieron ese chiste muchas veces”. La terapia de Lulú consistía en contarme historias que sólo continuarían si yo no fumaba. Eran tres encuentros semanales de seis horas cada uno. Fue uno de los mejores veranos de mi vida. Primero, sólo me aguantaba delante de ella. Pero con el correr de las semanas, dejé de fumar. Sólo me interesaba que Lulú me siguiera contando historias. Reemplacé un vicio por otro.
–Nunca escuché algo similar –apunté–. Lo más parecido es ese relato sensacional de Stephen King: “Basta S.A.”, que si el protagonista fuma, le cortan el dedo meñique a la esposa.
También ese cuento me lo contó Lulú. Pero al terminar el verano, me llevé una decepción brutal.
–La encontró con otro cliente.
–No. La encontré fumando en Plaza Irlanda.
–¿Usted estaba fumando? –me confundí.
–No. Ella. La reté como si me debiera algo. “Pero vos fumás”, la acusé. “Como un escuerzo”, confesó Lulú; “nunca dije lo contrario”. Le arranqué el atado de las manos, me prendí uno, lo fumé hasta el final, saqué otro y me lo guardé en el bolsillo.
La toqué en su amor propio –continuó Lancaster–. Ella quería cerrar el verano habiéndome curado del vicio. Y ahora, por ese encuentro casual, yo echaba a perder su trabajo. Me ofreció una terapia única, que no había probado nunca antes con nadie: por cada semana sin fumar, ella me entregaría otra delicia de su cuerpo.
–Tragué saliva y me puse colorado. ¿Por qué no llamaban a embarcar?
–Cumplí rigurosamente. Cada semana, era un milagro. Yo no supe lo que era el amor hasta ese tiempo. Lulú no se guardó nada. Dejé de fumar.
–No creo que sea un método que se pueda patentar –lamenté.
–Pero funciona.
–Y se inició un romance –adiviné.
–No –insistió con sus negativas Lancaster; yo no había pegado ni una.
–Terminó su trabajo y se marchó. Debo reconocer que hace ya cinco años que no fumo. Pero Lulú nunca más me atendió el teléfono. En rigor, se esfumó. No he vuelto a tener pareja. No la puedo olvidar. Cada mujer que conozco… no tiene nada que ver con lo que yo sentía con ella. Mi vida es un desastre. Fui feliz con Lulú; con nadie más.
–Ahora la tarea es encontrar una que le enseñe un método para olvidar a Lulú –sugerí.
–No sea iluso –sonrió con tristeza Lancaster–. Todos los días tengo ganas de fumar; pero me las aguanto, porque sé que hace mal. En cambio, cuando extraño a Lulú, y sé que no la veré, no tengo ningún justificativo para resignarme. Me salvó la vida, pero no me explicó para qué.
–Creo que esa respuesta no podría dársela ni Lulú –acoté–. Ni ninguna persona sobre la Tierra. Pero por suerte ahora vamos a volar. Están a llamando a embarcar.
Marcelo Birmajer - Clarín (16/11/13)
Lo único permanente es el cambio
IBM
(vía http://www.youtube.com/attribution_link?a=ty4X3u-N_0g2LtH3KM_5Lg&u=/watch?v=1Binpav4eAw&feature=share)
(víahttps://www.youtube.com/user/micbergsma?feature=watch )
“Justo cuando tenía casi todas las respuestas, me cambiaron todas las preguntas”
Unknown
Vivir no es otra cosa que arder en preguntas.
Antonin Artaud - Francia (1896-1948)
...pues la experiencia instantanea del presente es inasible y el lenguaje no hace sino poner en evidencia su poder de volver pasado todo presente...
Una cremallera que complementa a una carretera cercana al mar; un jersey que parece la continuación de un desierto o una camisa como varios tejados de casas. Nuestros compañeros de The Huffington Post recogen la obra del fotógrafo Joseph Ford, que compara la moda con la naturaleza y las intenta complementar a través de imágenes.
No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía sí pueden cambiar el mundo...
Walt Whitman (1819-1892)
A tono con la filosofÃa de apertura y transparencia que se extiende en la Web, los hackers encabezan iniciativas cÃvicas para controlar al poder, diseñan aplicaciones para las empresas más innovadoras, colaboran con periodistas y defienden una actitud que, aplicada a la polÃtica, propone cruzar tecnologÃa y participación para cambiar el sistema desde adentro
El mundo ha vivido equivocado (I)
Chihuahua Does Downward Dog and Other Yoga Poses Perfectly In Sync With Its Owner