la pequeña Anna, quien había sido su acompañante al inicio de la actividad Ómicron, se encontraba ya dormida en brazos de una de las profesoras del Orfanato, la rubia se culpó a sí misma de haberle aburrido, a pesar de que la de mayor edad le había explicado ciertas complicaciones en el sistema de la menor. regresaba ahora a la zona en donde se hallaban jugando aún el resto de los infantes, su disfraz de Tinkerbell desentonaba con la expresión de su semblante. de pronto un par de brazos -pertenecientes quizá al niño de alguien más- se enredaron en sus piernas, impidiéndole continuar su camino. sus ocelos aceitunados se dirigieron hacia abajo y suaves risas brotaron de sus labios que abandonaban la línea recta para curvarse. ‘ uh, ¿existe algún motivo por el cual no quieras que siga andando? ’
Tuvo que cubrirse la boca para no reírse. Estaba teniendo un grandioso día; la pequeña que le había tocado cuidar era la niña más dulce en todo el planeta tierra, además, le gustaba la música de Queen, lo que para Angie siempre era un plus. Tanto ella como la nena, Hailey, tenían el rostro pintado, y la Sigma no podía dejar de sonreír. Distraída, como de costumbre, no notó cuando la pelirroja se escapó de ella y salió corriendo tras la vice-presidente de su fraternidad. “es que eres muy linda” pronunció la pequeña, levantando la mirada hacia la rubia. Al escucharle, Angie se carcajeó y se acercó más. “Tienes una conquista, Gin. ¿qué pretendes hacer con ello?” preguntó, divertida.









