Me siento sola, sin razón ni aviso,
como si el mundo hubiera dado un giro.
No entiendo por qué se alejaron todos,
me dejaron en silencio, con mis modos.
La soledad me aterra, es un abismo,
una sombra que camina al ritmo mío.
Me abraza el vacío sin compasión,
y me duele, me sangra el corazón.
La indiferencia pesa más que el adiós,
es como gritar y que no escuche Dios.
Es ver pasar la vida sin ser vista,
como flor que nadie nunca visita.
Quisiera un gesto, una palabra fiel,
alguien que me vea y diga: “Estoy con vos, mujer.”
Pero por ahora solo queda el eco,
de lo que fui, de lo que aún espero.










