La riqueza de ser extranjero
Hasta hace poco, la famosísima Green Card —o el documento de residencia legal permanente para poder trabajar en los Estados Unidos— tenía un nombre muy desafortunado. Se llamaba Alien Registration Card. Hoy se conoce solo como la Tarjeta de residencia permanente, sin embargo, a diferencia de los ciudadanos norteamericanos (ya sean nacidos o no en el país), quienes la poseen, siguen siendo catalogados con el término de aliens por el gobierno.
Quizá la traducción literal de esta palabra, “extraterrestre”, no es la que sea la que se emplea en el sentido geopolítico o legal. No obstante, la traducción que se utiliza es tan poco hospitalaria como la que tanto escuchamos en la ciencia ficción: un alien es un extraño. Al escuchar esta descripción es imposible no evocar la canción de “Englishman In New York” de Sting. En ella, el cantautor describe las situaciones cotidianas que, literal, lo alienan por estar en un país ajeno al suyo, desde su acento, hasta su preferencia de té sobre el café.
Conforme avanza la pieza, Sting ironiza sobre las cualidades únicas que puede aportar como individuo dentro de esa sociedad, pero al final siempre se siente marginado por ser “Un alien, un alien legal. Un inglés en Nueva York”. La grabación está por cumplir veinte años, pero el entorno que envuelve a los Estados Unidos no solo no ha cambiado mucho, sino que va en picada.
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