Uno da lo que recibe. La Ausencia provoca Ausencia.
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@anormal63
Uno da lo que recibe. La Ausencia provoca Ausencia.
Me gustaría hablar contigo de muchas cosas como antes,pero es algo que ya no se puede.
Está lloviendo y no es afuera, es dentro de mí. Cuando cierro la puerta, tengo el interior inundado de tristeza.
—Melissa B.
Cuando pienso que todo va bien siempre llega la tristeza y el vacío a empeorarlo
Equipaje / Anónimo
volver aquí es irónico.
Siempre es en los peores momentos y siempre es el mismo sentimiento
Anónimo
Toda la poesía bonita que te hice no es especial por ti, sino por el sentimiento con el que la escribo; te irás y llegarán y pasarán personas, pero las emociones se mantendrán en letras y eso es lo más mágico que el amor construye: lo intangible que perdura...
C
Las postales: un objeto de tierna reminiscencia
Gracias a la revolución tecnológica hemos desarrollado mecanismos de comunicación por imágenes digitales. Nuestro lenguaje se ha reducido a símbolos, stickers y fotografías que en ocasiones - y dependiendo de la plataforma - tienen un tiempo limitado para ser vistas. Nos encontramos en una realidad donde estamos rodeadas de fragmentos codificados de color y textura.
En el libro “después de la fotografía” de Fred Ritchin, se sugiere que la fotografía pasó de ser un objeto tangible a una imagen efímera formada por mosaicos. Si bien, es cierto que actualmente nos cuestionamos constantemente el valor y la autenticidad de las fotografías digitales, nos planteamos frecuentemente si un conjunto de números cifrados tiene la misma fuerza que la fotografía análoga, pero ¿qué sucede con los medios que durante años han cargado con el peso de la evolución y la permanencia, simultáneamente, de la fotografía en sus diferentes formas? ¿En dónde queda el papel que se mantiene en el limbo de ambas técnicas de creación de imagen?
Si retrocedemos un siglo en el tiempo y nos posicionamos a mediados de 1850, recordaremos que la comunicación escrita dio un giro inesperado y abrió paso al uso de pequeñas tarjetas para mandar mensajes breves. Éstas tenían la facilidad de evitar invertir en sellos, papel y sobres: se inventaron las postales.
Al principio, el formato postal era sobrio y sencillo, luego, evolucionó con los años y la demanda - derivada, sobre todo, del auge del turismo en masas en Europa - hasta contener ilustraciones o fotografías de un lado y espacios destinados para la escritura y los timbres al reverso. Sin duda, las postales fueron una gran alternativa de negocio tanto para las uniones postales como para las fotógrafas; lo que empezó como una posibilidad de ahorro, se transformó en una mina de oro turístico para negocios grandes y pequeños.
Las postales nos han brindado la posibilidad de coleccionar al mundo en un formato reducido. Susan Sontag en su libro “sobre la fotografía” menciona que «las fotografías, que almacenan el mundo, parecen incitar el almacenamiento», habla sobre las que habitan en álbumes o las que permanecen enmarcadas y colgadas en las paredes, pero no parece referirse a las que viajaban por el mundo para ser guardadas en cajas de recuerdos.
Las fotografías en postales han adquirido un valor interesante con el paso del tiempo, incluso hubieron variaciones a la idea de postal y se llegaron a regalar autorretratos a personas queridas con un pequeño texto (o el nombre de la fotografiada) por atrás. A modo de estima, las fotografías postales y los retratos regalados hicieron del pasado «un objeto de tierna reminiscencia». Sontag menciona que «a la fotógrafa la anima una pasión que, aunque parece dedicada al presente, está vinculada a una percepción del pasado», y sin duda pienso que esto es aplicable a las imágenes como las de J.H. Déposé en la primera postal de París, buscamos la cercanía de los paisajes fotografiados y, consecuentemente, nos remontamos a un recuerdo del lugar o espacio elegido para ser inmortalizado.
Ritchin menciona a la cronista Toru Takeda quien dice que «hay quienes no pueden comprender la realidad si no es a través de tomar una foto y compartirla con los demás». A pesar de que esta frase está contextualizada en un plano virtual, me parece pertinente traducirla a lo tangible, al acto de fotografiar, coleccionar y regalar representaciones de nuestro entorno. Dentro de las postales que más vemos, se encuentran las de lugares geográficos y naturales de fantasía, pequeños pueblos atrapados en el eterno negativo o montañas en algún país remoto. Para entender la belleza sempiterna de un horizonte fotografiado a veces es necesario enseñarlo, exhibirlo. Esto podría servir también como un método de autoexploración y expresión, parecido al concepto que maneja Ritchin de fotografía ventana, o el que menciona Sontag con una cita de Minor White sobre los paisajes interiores.
Me gustaría concluir, finalmente, con el fascinante peso emocional que cargan las postales olvidadas y, luego, revendidas en lugares de antigüedades. Muchas de estas contienen en su “respaldo” mensajes a destinatarios siempre anónimos, es curioso pensar en todas las posibles razones o vicisitudes por las que tuvieron que pasar esas fotografías para llegar a aquellos lugares anodinos de reventa. ¿Cómo es que un papel adquiere tanto valor para nosotras? me causa mucha nostalgia imaginar la historia detrás de cada foto, de cada trazo. Irrefutablemente, el coleccionar postales es una manera muy personal y desapegada de vivir la fotografía, qué ironía. No sé si esto de cazar postales viejas en bazares - donde la compra de una te lleva a la búsqueda de otra - podría compararse con la fotografía hipertextual mencionada por Ritchin en los espacios virtuales. Habrá que averiguarlo.
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