Estar junto a ti: Capitulo 12- Una guerra anunciada... OMG!!!
Tauriel descubrió que viajaba en la dirección correcta, cuando vio a lo lejos como se alzaba un pálido orco con un enano en mano…
Se sintió mal, pero dio gracias que Kíli estaba en el suelo seguro.
Al parecer no habían reparado mucho en su presencia o le consideraban tan poco e inútil, como para hacer algo. Pero ella sabía la fortaleza que se escondía en aquel enano, lo mucho que se esforzaba por sobrevivir y ahora que estaban por arrebatarle un ser querido, estaba segura que no se equivocaría al juzgar su fuerza y valor.
Él no había reparado en su presencia, cosa que agradeció, estaba intentando recuperar el aliento y seguir el camino… derrotar aquella horda de orcos no era cosa sencilla, pero había salido ilesa. Cansada pero ilesa.
Le vio pensando, tenía poco tiempo o perdería a su hermano… y de pronto le vio moverse.
Le vio trepar decidido, a como sus piernas y brazos le daban, nadie percibía su plan. La atención estaba completamente en el enano del otro lado de la montaña: Thorin estaba allá junto con otro enano que le resultaba familiar pero poco sabía de él y no importaba en ese momento.
Si atacaba ahora seguro revelaría la posición de Kíli, tendría que aguardar y esperar un poco, por lo menos hasta que recuperara a su hermano, entonces toda la ayuda sería necesaria.
Ella le ayudaría a salvar a su hermano, sabía que le amaba… y con gusto le ayudaría.
Le vio subir y de un salto imprimir la mayor velocidad al golpe que le dio en el rostro a aquel enorme trasgo. Los había tomado por sorpresa y aquello no les agrado ni un poco.
Quiso correr a atrapar al enano rubio pero Kíli necesitaba ayuda, pues el quedaba a merced de los orcos que se encontraban a lado de Azog.
Rápida como ella sola, comenzó a repartir flechas a los orcos y trasgos que osaban empuñar sus armas en dirección al arquero, que ahora se disponía a huir de aquel lugar.
Eran muchos para él solo. Su hermano era su prioridad.
Ella no reparo si él la vio o si noto su presencia, lo importante ahora era salvarles, rogó que sus flechas no se terminasen y que siguieran siendo tan certeras como hasta ahora.
Cuando la mayoría cayó bajo su arco. Corrió hasta él.
Kíli apenas reparo en su presencia, llevaba arrastrando a su hermano fuera del peligro.
No le acompañaba su habitual sonrisa, en su rostro había lágrimas y entendió que eran por su hermano herido.
Entonces vio que por fin reconoció su presencia. Posando sus ojos en su rostro sin verle a los ojos, negándose a hacerlo.
Fue como si los enemigos se detuviesen a ver la escena, algo que era del todo irreal, pues ambos sabían que el peligro estaba a la vuelta de la esquina.
Ambos fueron a dar a una parte de las ruinas alejada de donde entes se había llevado aquel rescate.
Entonces sus miradas se cruzaron… sus bellos ojos marrones tan expresivos, ahora lucían tan tristes… le pareció que dudaba si verla o huir de su mirada, más sin embargo la observó detenidamente como si quisiese guardar ese recuerdo en su memoria… por fin le tenía frente a frente.
Lo que tanto había esperado, de la manera menos esperada estaba sucediendo frente a ella…
Su hermano estaba herido y ella debía comportarse de acuerdo a la situación, sin embargo deseaba saltar y abrazarle… ¡oh como lo deseaba!
Pero estaban en guerra y era algo imposible de ignorar…
Aquel era el peor momento para hablar.
Y enmudeció ante la tristeza que vio en su mirada…
Él necesitaba salvar a una de las personas amadas en aquel momento…
Este no era definitivamente el mejor momento… pensó.
Necesita todo mi apoyo, no escucharme hablar de amor
Puso una mano sobre la suya… deseaba por lo menos hacerle saber que contaba con ella.
Fíli le necesitaba ahora más que nunca…
Aquella era la hora más desgraciada de su vida. Tenía juntos a los amores de su vida… uno de una pieza, regalándole tristeza en el rostro pues comprendía cómo se sentía y el otro yacía en el suelo herido y de gravedad… aquella caída debía haberle matado, pero su hermano era fuerte… él soportaría eso y más…
No encontró otra forma de ayudarle… la necesidad y el tiempo eran apremiantes y el solo hizo lo que creyó era lo más adecuado… no esperaba que le dejase caer, pero no había forma de haber advertido aquella reacción… ahora su hermano se debatía entre la vida y la muerte.
Le arrastró hasta dentro de una ruina y se sentó a su lado desesperado y muy angustiado.
- Eres un estúpido… – le reclamó enojado a su hermano.
- Tú… no te quedas atrás… no deberías… estar aquí… - dijo entrecortadamente, pues le faltaba el aire y la sangre brotaba de sus labios – Déjame aquí… - le dijo con lagrimas en los ojos – Márchate… -
- No… Thorin sigue aquí… -
Entonces volteo a verla. Ella deposito su cálida mano sobre la suya, apenas rozándole. Mostrándole su entero apoyo.
La aflicción que seguro él sentía, se reflejaba en el rostro ella. Ella luchaba por no llorar frente a él, pero las lagrimas se aproximaban en sus bellos ojos… ahora no era el momento de reparar en ello, se dijo firme.
- Tauriel… - dijo saboreando cada letra en sus labios.
Los orcos y trasgos no tardarían en alcanzarles… en llegar hasta donde ellos se escondían ahora.
- Debes llevártelo… - le dijo, implorando que se llevara lejos de ahí a su hermano… a quien hasta última instancia deseaba proteger – Por favor, prométeme que lo alejaras de aquí… yo no puedo llevarlo y seguro lo lastimaría más… -
Ella le escuchó, sabía que esas eran las palabras que pronunciaría. Lo entendió.
- ¿Podrás curarlo? Como lo hiciste conmigo… - puso su otra mano sobre la de ella atrapándola entre las suyas – Prométemelo…-
Ella asintió. No podía hablar frente a él. Estaba muy triste y aquel sentimiento le llenaba el corazón y el cuerpo, llevándole a recordar una triste noche de su infancia, cuando perdió todo lo que amaba… no era él enano que amaba el que yacía moribundo bajo aquellas ruinas, pero no podía evitar pensar en ello.
La respiración le fallaba… su voz se perdió entre la guerra y el viento que arreciaba golpeando con más fuerza dentro de aquel abandonado pasillo.
Deseaba poder decirle algo más que le reconfortará… pero no encontró palabras que le ayudasen… se sentía tan estúpida parada ahí, frente al ser que amaba y con tan pocas habilidades para decirle algo que le hiciese sentir mejor.
Se levantó e iba a tomar entre sus brazos al enano herido, cuando su cuerpo reaccionó.
No supo que poder la gobernó, pero limpió las lagrimas del arquero con sus dedos y entonces se inclino ante él y le dio un beso en los labios.
Fue apenas un leve rocé… pero le supo a gloria.
Él se quedo congelado, sorprendido por lo que acababa de pasar, no entendía la razón de aquel “beso” y no estaban para perder el tiempo en preguntas…
Ella se dispuso a tomar al rubio enano entre sus brazos y en silencio se dispuso a salir por el pasillo rápidamente.
Cuando él le tomo del brazo y le obligó voltear a verle.
- No vuelvas Tauriel – le ordenó.
Ella abrió los ojos de par en par y quiso hablar entonces… ¿Qué estaba pidiéndole él?
- No es necesario que vuelvas, entiéndelo… no deseo verte en esta lucha, es nuestra y de nadie más… - dijo convencido de aquellas palabras.
- No me importa… esta lucha hace mucho que dejo de ser vuestra… - dijo controlándose.
- Pues si en algo has de apreciarme te irás ahora con mi hermano y no volveré a verte hasta que todo esto termine… cumpliré mi promesa… pero ahora márchate de una vez… -
Tauriel notó que sus palabras eran verdaderas, no había ni una sola nota que le dijera que mentía o que le estaba engañando…
Se iría, pero si estaba convencido que no volvería estaba muy equivocado.
No le dejaría ahí con aquellas bestias…
Le vio marcharse rápidamente. Esperaba no volviera a aquel lugar.
No vuelvas Tauriel… por favor no lo hagas…
Muy en fondo él también estaba siendo egoísta…
Ella estaba ahí, antes deseaba verla… Ahora sabía que había sido una necedad… deseaba que desapareciera no sólo de la montaña, sino de la ciudad, que volviera a su reino y permaneciera ahí.