La noche pronto había caído y sin rumbo simplemente vagaba por las calles, sus oscuros ocelos observaban sus pies, ahora calzados, diferente a cuando tan sólo tenía seis años. Ignoró los rostros desconocidos que pasaban a su lado y difícil le era distinguir si eran enemigos o aliados, mas si debía ser honesto, en él nada parecía ser blanco y negro. Todo se teñía de grises sin importar cuanto tiempo pasase en la luz o la oscuridad. Fue la voz femenina la que lo apartó de su ensimismamiento, alzando la mirada y enfocando el vehículo que se marchaba - no sin antes dejar en claro un par de groserías gritadas-. “La zona es peligrosa de por sí durante el día, me sorprende el poco miedo que tienes como para moverte sola en la noche” comentó, nadie le había pedido su opinión y sin embargo, ahí estaba él haciendo lo mejor que sabía hacer; meterse donde nadie le llamaba.
dejó sus ojos en blanco una vez escuchó las vulgaridades que el responsable soltaba con tanta sencillez. una de las incalculables cosas que en realidad le disgustaban de su trabajo, siendo sincera. y aún entonces, sintió aquella pizca de adrenalina en tan tonta situación; después de todo, era francamente emocionante la falta de osadía que las personas sentían a su alrededor, debido a tan distinguida reputación que había construido con tanta sencillez. sin embargo, tras escuchar una voz distinta —tersa, asomó su rostro por encima de su hombro, y con una ceja enarcada, se atrevió a pronunciar. ‘ —son mías estas calles, ’ alardeó, acabada de darse la vuelta en su totalidad. ‘ — además, no es tu asunto de todos modos, ’ se encogió de hombros, y continuó con su camino. quizá era rápida en reescribir sus pensamientos como un acto de autodefensa, pero a decir verdad, en lo más profundo, estaba... aterrada.