leebongki:
“¿Ah, si? Déjame ver” enarcó una ceja, parpadeando y reconociendo que en efecto, la persona de la fotografía era quién tenía frente. Dejó escapar una risilla sardónica, como si también encontrase la gracia al momento, echó una rápida mirada de la fotografía a las facciones masculinas. “Debo admitir que luces mejor en persona” chasqueó la lengua, negando con la cabeza y guardando la fotografía con lentitud. “No seas imbécil” masculló ahora con voz dura, entrando en papel. “Si me dices una buena razón para que deje pasar esto, te escucharé…”
Sus párpados cayeron, lentos, entrecerrando la mirada que no lograba apartar del policía. No estaba acostumbrado a escuchar halagos, sobretodo porque la mayoría de las veces era él quien los profesaba y del resto sólo escuchaba la necesidad de querer llevarle la contraria, Un juego que le entretuvo hasta que se volvió rutinario. “Ya sabes lo que dicen, es incapaz en una fotografía mostrar tus mejores ángulos pero en persona puedes apreciarlos todos” y no pudo evitar con un gesto de manos rozar la zona de su barbilla, curvando sus labios y enseñando la más presumida de sus sonrisas. “No se puede negar que me hicieron con mucho amor” irónico, amor, se mofaría en su propia cara si pudiese, mas agradecía los atributos físicos que su madre y el desconocido le habían otorgado. No fue una sorpresa el ver las expresiones faciales contrarias cambiar por completo, tampoco que el tono de su voz se haya convertido en uno más tosco y las duras palabras acompañaran la situación, sin embargo, él se mantuvo en su propia representación teatral; dejando su palma posarse en su pecho y transmitir dolor en su rostro. “Ouch, y yo que pensé nos comenzábamos a llevar bien” protestó, chasqueando su lengua y negando con un movimiento de cabeza. “¿Es razón suficiente el saber que no duraré mucho tiempo ahí dentro?” la interrogante parecía salirse de las líneas burlescas anteriormente pronunciadas, no mentía y estaba demasiado seguro que su estadía en la cárcel nunca podría durar más de un par de días. “Soy una presa demasiado fácil para ustedes, créeme que tus superiores me prefieren más lejos que cerca” y atrevido, amenazador del espacio personal, palmeó el hombro del mayor dos veces, antes de añadir; “has hecho un excelente trabajo” y nunca había sonado tan petulante como en aquel instante.










