MEJOR NO EXPLICAR La mostaza estalló, un condón en la mesa de luz y otro a los pies de la cama. La ropa llena de arena duerme en el bidet y yo, cruzado de piernas, sueño despierto. Usamos la ducha a las 4 am. No hay que detallar los motivos de tal uso. La imaginación es más motivante. Es una película y no me di cuenta. Pongo blues mañanero mientras fumo la punta que manoteo de ayer. Ella canta en la ducha, con una voz que endulza. Me arrimo a darle la toalla, pero en realidad sólo quiero verla una vez más desnuda. No me alcanzó el desenfreno para saciar mi deseo de ver su cuerpo. Dos cajas de Santa Teresa a medio vaciar me miran pasar desnudo, mientras enfiló para la heladera. Dos panqueques a la cama y postura de niño acostados compartiendo la gula y el mimo. Siempre que se manchan las sabanas es señal de pasarla bien. Sea dulce de leche, vino tinto o cualquier otra cosa que usted desee imaginar. Si se rompen vidrios ahí quiero estar. Si se desordenó el hogar a la noche, ahí quiero estar. Si el colchón perdió sus sabanas, ahí quiero estar. Si llega el amanecer y aún seguimos despiertos gritando sin palabras, ahí quiero estar. Si dejar pasar el tiempo alcanza para estar en el cielo, ahí quiero estar. Me mordes y yo encarceló tus muñecas para que la secuencia sea más certera. Escucho solo frases que inflan mi ego y yo sigo dándole a tu placer bohemio. Acomodo otra vez mi largo cuerpo, para que te acuestes al pecho. Cierro los ojos y no importa si de noche trabajo, tengo una obra al lado, o mañana infarto. Me preguntas: “¿en qué pensas?”, y yo sobrado respondo: a veces es mejor no explicar. APL













