Llega a su fin la revista Absurdo
Queridos amigos, a través de este medio quiero expresarles la tristeza que siento por la muerte repentina de nuestra revista. Esta carta es, en cierto sentido, un entierro simbólico.
Como ustedes saben, Absurdo nació con la idea de compartir los sueños, de abrir las puertas a múltiples voces, de ser una revista totalmente incluyente y gratuita: libertaria. Partimos de la certeza de no hacer simplemente una publicación electrónica más, sino de crear un taller de pensamiento en donde el acto de pensar críticamente, ya sea en el ejercicio de la lectura o de la escritura, nos otorgara nuevas alternativas para los problemas humanos. Tarea en apariencia ingenua y disparatada, por supuesto que sí, pero en el camino descubrimos la fuerza del trabajo en equipo y la fortaleza de la colaboración comunitaria, misma que se vio impregnada de entusiasmo y lucidez. También constatamos el gran poder de la palabra como un arma de combate y de la libertad de expresión como un acto puro de resistencia: “revelarse para rebelarse”, nuestro primer lema, mutó con cada estación hasta “hallar el absurdo de la vida para revelar la belleza de lo ordinario”. Fue un proyecto bondadoso que se sostenía con la pasión por la literatura y el espíritu de la amistad contenido en cada palabra vertida. Tres números se dicen fáciles, pero requirieron de diez meses de arduo trabajo y algo más de cincuenta escritoras y escritores de todas partes del mundo que insuflaron de asombro a más de trescientas páginas. Una labor absurda para un mundo absurdo, pero estas tres publicaciones cumplieron su cometido: dar voz a un diálogo divergente en la multiplicidad del lenguaje. Y con ello empujamos, aunque sea un poco, esa gran roca de “realidad” que nos ha tocado cargar como Sísifos contemporáneos que leemos y escribimos. Absurdo tuvo tres ediciones, tres montañas que subir, tres piedras que encumbrar, tres caídas y una muerte antes de completar el año de edición. No obstante, el fracaso o el éxito de la revista es meramente subjetivo y para nada la palabra “fracaso” —tan temida en occidente y en nuestra propia cultura— tiene connotaciones negativas, al contrario: el fracaso es también una forma de conocimiento y de crecimiento espiritual, pues asimilar una caída es reconocer las fallas y los errores comunes a la naturaleza humana; una derrota, sí, pero de una sola batalla. María Zambrano decía que “de esta derrota, derrota íntima, humana, no de un hombre particular, sino del ser humano, nace la exigencia de escribir. Se escribe para reconquistar la derrota […] Y la victoria sólo puede darse allí donde ha sido sufrida la derrota, o sea, en las mismas palabras”, es por eso que los insto a no abandonar el camino trazado por ustedes mismos y a continuar compartiendo sus propias aspiraciones. Absurdo vivirá, o no, en la memoria de quien haya tenido la oportunidad de leer sus páginas, de escribirlas o de amasarlas. Por lo que agradezco de corazón el cariño y el tiempo que afectuosamente dieron al proyecto.
La amistad queda, aunque espero sinceramente que no sea en el silencio:
“En este instante sutil en que el hombre contempla su vida, Sísifo, regresando a su roca, contempla esa sucesión de actos inconexos que es su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y enseguida sellado por su muerte. Así, persuadido del origen completamente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca todavía rueda. ¡Dejo a Sísifo al pie de la montaña! Siempre se reencuentra el propio fardo. Más Sísifo enseña la fidelidad superior que niega los dioses y levanta las rocas. También él cree que todo está bien. Ese universo, en adelante sin dueño, no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada destello mineral de esa montaña plena de noche, por sí solo forma un mundo. La misma lucha hacia las cumbres basta para henchir un corazón de hombre. Hay que imaginar a Sísifo feliz”.
Javier Tinajero,
viernes 24 de julio de 2015,
Ciudad de México.
Estimados lectores y colaboradores, tres estaciones y es tiempo de dejar caer las hojas para un Otoño anticipado, todo lo que nace tiene que morir, y es momento para nosotros de diluir la tinta en el fluir de un río más amplio y celebrar el esfuerzo colectivo. Absurdo ha muerto, igual que el Jazz, el arte, la filosofía, el Rock y todo aquello cuya muerte anuncia su permanencia, el final de un sentido es el final de un mundo particular de significados, pero también la apertura de un horizonte nuevo: se deja atrás un instante pero la carretera sigue, las aves migratorias siguen su trayectoria a mejores climas.
Sostenemos la necesitad de espacios que den cabida a una multiplicidad de voces, en particular aquellas silenciadas por el elitismo académico, la crítica literaria, el mercado editorial y los gremios de escritores y/o intelectuales, así como la urgencia de nuevas alternativas de pensamiento y acción ante las diversas problemáticas sociales, sin embargo, reconocemos la insuficiencia de nuestro formato y procesos para aliviar cabalmente dicha necesidad; se trata aquí tan sólo de la caducidad y muerte necesaria de un formato y no de un proyecto vasto. Escribir es una antorcha, como lo es el amor y la amistad, nadie habrá de sentirse ahora defraudado sino exhortado a seguir su recorrido y posiblemente reencontrarnos pronto en colaboración, tenemos certeza de que nuevamente convocaremos a desarrollar ideas y formatos colectivos realmente innovadores para el pensamiento y la escritura; hubo un “revelarse para rebelarse”, viene ahora un momento de ocultamiento estratégico y necesario.
Todos hemos muerto mil veces y nadie jamás ha muerto; ha iniciado un viaje, disfrutemos cada paso día a día en el camino y también las noches en donde uno sólo se sienta a contemplar el cielo y se siente agradecido, mis mejores deseos.
“On soft (Summer) nights I'll stand in the yard under the stars / Something good will come out of all things yet / And it will be golden and eternal just like that / There's no need to say another word”. —Jack Kerouac, Big Sur.
Eduardo Medina Frías
Viernes 24 de Julio del 2015
Ciudad de México
















