— Las moscas son dignas de ese sentimiento. Nada más pensar en donde se posan… —se estremeció, tratando de bloquear las imágenes de su mente—. Solo digo que menos mal no fue una araña. Si hubiese sido una araña, estaría muerta en el piso y ese… ese animalejo seguiría en tu hombro.
Uh, sí, tienes razón. —hizo una mueca de asco, sacudiendo levemente los hombros— Si hubiera sido una araña, creo que las dos estaríamos muertas en el piso. Y yo no moriría sin antes convulsionar, por tener a esa amiguita parada ahí. —exageró, aunque sin poder disimular el disgusto al imaginar esa escena— Bueno, hablemos de otra cosa. Soy Arabella.



















