— Eres un chico encantador, Dario. — Hizo un morrito y rió, asintiendo un par de veces luego. — Está bien… — murmuró, divertida.
--Suelen decírmelo-- Admitió con una amplia sonrisa. Asintió cuando la chica le hizo caso, o eso esperaba él y aceleró el auto porque, primero: quería que la chica llegase a su casa para que descasara y segundo: el camino en silencio podía ser muy aburrido.















