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#Lvia
No lloré el día que moriste
No lloré el día que moriste. Ni tampoco los días siguientes. No estaba triste, más bien era una mezcla entre enojo y nostalgia. Me pregunto si tal vez esto que siento tenga algún nombre, o quizás hay más emociones que palabras; porque he buscado la palabra nostalgia en el diccionario y dice: “Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”, pero pasa que también he sentido nostalgia por el presente, el cual dura pocos segundos y da una sensación de tener tanta felicidad que la comienzas a extrañar, y también así lo he sentido por el futuro. Éste último probablemente es la nostalgia más bella que he sentido. Así que no lo sé exactamente.
Te comencé a extrañar en la cotidianidad, por ejemplo, al preparar café para dos, o al dejar tu espacio libre en la cama, al caminar, al estar en silencio. Pero finalmente lloré el día que intenté borrar tu contacto de mi celular, se abrió una ventana que decía: “¿Estás seguro de que desea eliminar…?” ¿Qué clase de jodida pregunta es esa?
No te borré.
Me senté en el sillón de la sala. Como esperando que me dijeras cómo estabas. Pero tu mano aun seguía fría.
La búsqueda de un fin inalcanzable por medios absurdos.
Última llamada
Un hermoso sueño recurrente, de esos que en algún lugar quimero podrías vivir por mucho tiempo. Los minutos que quedaban en el reloj eran pocos, más que nadie el lo sabía. Temblaba por dentro, sentía el corazón en sus manos... La llamada para abordar ya casi la anunciaban. Realmente toda su vida la había hecho un drama, una auténtica novela de drama. Estaba listo para tanta presión y angustia? No lo sabía aún, ignoraba tantas cosas y conocía otras tantas de menor importancia. Pero la cosa estaba así: había creado los diálogos ya en su cabeza. Resonaba en su mente aquella idea que había escrito con lápiz sobre el buró y que en algún lugar había leído: Si algo te pasa una vez, puede que no vuelva a suceder, pero si te pasa dos veces, ten la certeza de que te va a pasar una tercera. Pero a veces las palabras sólo son eso, palabras. Miró el reloj de nuevo, quería ahogarse y enterrar su pensamiento en una caja de madera con llave, enterrarla lo mas profundo posible. Deshacerse de ella, regalársela. Quería esa segunda vez. Mientras se decía a si mismo: "casi es hora de levantarme, la noche acaba..." Las palabras más hermosas, pero también las más fugaces no sólo se dicen de noche y con el viento en las manos, eso era algo que aún no sabía, pero ese mismo día entendería. Tomó su maleta de cuero, esa nada practica y que usaba sólo porque el olor le traía múltiples recuerdos. Le quedaba por recolectar un recuerdo más. Sólo faltaban segundos, esos segundos especiales que hacen tu pecho respirar más fuerte, suspirar las palabras, decir y gritar los sentimientos que embaucan por tanto tiempo... No soportó mas, leyó la última página del libro con un nudo en la garganta, con ganas de llorar la nostalgia, esa gran nostalgia que te da felicidad, de soltar todo y sentarse a pensar en ello toda la tarde, de aprender a ser mejor persona. El vuelo ya se había ido, así que eso fue lo que hizo.
De deseos viscerales
Creí que no había olvidado nada, pero vi el reloj y el tiempo pasaba demasiado rápido, entonces pensé que tal vez sí había olvidado algo. Corrí a la puerta y torpemente busqué la llave. Ya veía una sombra del otro lado de la puerta. Abrí la puerta, era un pedazo de carne con sangre regada por todo el piso Preguntó: ¿cuándo volveré a palpitar?
III
Todo el tiempo escuché aquel susurro de morir
pronto, pronto decía y echaba a correr
temía por lo que sabía, y por lo que no
sujetaba mis manos, recogía mi rostro
olvidaba lo fácil que era dejar…
dejar de sentir, dejar de ser.
Tan fácil como decirte que aún hoy
Mientras lees estas líneas
Sigo pensando el por qué
Estoy en tu hombro y no me puedes ver.
Sobre poesía
Algunas veces llegué a preguntarme cuestionamientos tan extrañamente fríos, como: ¿cuántas veces se han repetido ciertos patrones musicales? ¿Cuántas repeticiones de patrones musicales deben de existir antes de que se considere que algo no se ha plagiado, sino que solamente alguien antes ya lo había hecho? O en otras ocasiones llegué a preguntarme: ¿Cómo le harán las personas que escriben poesía en rima, para utilizar palabras que rimen y que no se hayan utilizado antes? O por lo menos no tanto ¿Ya que las palabras y los patrones son finitos…? La verdad es que ni siquiera llegue a suponer una conclusión, ni por poco. Últimamente he tenido más cercanía a la poesía, y es por ello que me refiera a ella y a quienes se dedican a escribirla, a los poetas; a quienes admito una profunda admiración, por dos sencillas razones: 1. La primera razón, ya la mencioné un poco en el primer párrafo. ¿Es posible que ya toda la poesía se haya escrito?, ¿o por lo menos que ciertas combinaciones de palabras (las posible mejores) ya se hayan tomado? Esto hablando, claro, de rimar.2. La poesía es imagen, más no viceversa. La capacidad de abstracción hoy en día se ha reducido a tal punto, que para cada explicación, síntesis, forma o palabra hay una imagen gráfica. Olvida la imaginación, la interpretación, la misma abstracción.Todo tiene que tener una respuesta concreta y fácil, una creencia estándar, un alimento ligero, un interés casi impersonal. Para mí la poesía representa todo lo contrario de este supuesto, ya que como había mencionado, la poesía es imagen, más no viceversa. Todo verso debe poseer su propia imagen, sin embargo, la idea es bastante simple y fácil de explicar. Imagina tu pintura favorita y algún poeta, o sólo tú. Escribirás tu interpretación de la pintura en una poesía, tu sentir, tu pensar, o la libertad de explotarte que es algo tan bello, pero de ello escribo después. Será difícil, pero intentarás dejar plasmado esa emoción provocada. Ahora bien, piensa en una poesía e imagina algún pintor, o tú mismo. Imagina convertir esa poesía en imagen. Para mi resultaría más difícil, tanto por la dificultad del mismo hecho, como porque el sentido abstracto de las imágenes ha venido quedándose tan reducidas en significado, es decir, importa la forma y no el fondo. La poesía es imagen, pero también es fondo, sentimiento, honestidad, verdad, inteligencia, reconocimiento y amor. Como con la música, también creo que la poesía es eterna expresión de lo que verdaderamente es el hombre como individuo, y espero algún día, como sociedad. Este pequeño poema de Mario Benedetti me ha dado vueltas en la cabeza por varias semanas, por ello lo comparto. Pongo estos seis versos en mi botella al mar con el secreto designio de que algún día llegue a una playa casi desierta y un niño la encuentre y la destape y en lugar de versos extraiga piedritas y socorros y alertas y caracoles.
Cuando pasé mucho tiempo viendo aquel goteo
Entre la Avenida Solís y la calle Montenegro, apareció, podría decirse de la nada, un constante de goteo. A nadie le importó. El sonido asemejaba al tic tac de un reloj, constante en tiempo y volumen, como aquel sonido que de tanto escucharse desaparece de la habitación, es decir, cuando el tic-tac y el lugar se vuelven uno solo, algunos podrían tomar esa señal de confusión/preocupación. Las gotas de aguas, provenientes de una fuga común, de una normalidad tan pasiva de la cual algunos se quejan pero nadie se ocupa; resbalan en un espectáculo un tanto triste, se dejan caer, llevar por la gravedad, en ocasiones por el viento y el movimiento brusco de los automóviles. Dejan gran parte de ellas en la pared, en el asfalto; se aferran a sobrevivir, hacían recordarme. No mucho había pasado desde comenzó aquel gotear. Tal vez ahora transitaban más personas, aproximadamente seiscientas en un día de jornada laboral y estudiantil promedio; probablemente el triple de gotas eran las que caían en un día, eso sí, en cualquier día. Estos datos no son azarosos, pasé mucho tiempo contemplando desde la azotea. Ya había causado un daño, un gran hueco en el cemento, algunos se tropezaban y otros sentían caer una de esas pequeñas gotas, tan frías que despertaban un poco más, y casi como por instinto, volteaban a todos lados, y otros lo notaban, así como la persona, y al final terminan fingiendo que nada ha pasado. Justo igual que el goteo. A veces, los perros de la calle acudían para beber un poco de esas gotas renuentes a caer en el hoyo del cemento, -quien sabe qué demonios ocultaría aquel espacio-, llegué a pensar mientras imaginaba otras historias de por qué algunas gotas no querían caer, ni llegar a donde todas las demás iban. En fin, los perros no quedaban satisfechos, era muy poca agua, apenas un pequeño charquito, continuaban su camino, y fingía no pensarlo, pero siempre esperaba que llegaran a un gran y enorme charco que beber, o mejor aún, que los rescataran. Yo no lo hice antes, pero ahora me arrepiento. Desde que comencé a pensar todo esto, desde que yacía en la azotea, se tornó en color carmín el goteo. Aún así, a nadie le importó.
Sobre la tristeza de cambiar de dirección en los servicios básicos
A las 9:30 de la noche, justo a esa hora, abrían la ventana y era feliz, hoy no fue así. ¿Dónde quedó Rajmáninov? Ya eran las 9:48 y no sonaba, entonces me pregunté qué estaba pasando, y observé como quien observa una mariposa de cerca, y se percata lo horrible que es. ¿Qué había cambiado? Del otro lado de la ventana… El bello beso, la brisa, el volar del vestido a causa de las vueltas del baile, su baile, los dedos ente el cabello, la música y la sonrisa que te hace cerrar los ojos… No estaban más. Bajé mi cabeza, mis manos, ya con agua, lágrimas, no lo sé, llovía demasiado; tan sombrío y triste que sofocaba y dolía, y quería arrancar mi garganta, tapaba mi boca del sollozo, me ahogaba y sentía como mi pecho tocaba el suelo. Todo terminó. No había felicidad, ni más Rajmáninov. No soporté más, cogí mis cosas y me mudé a la siguiente esquina, enfrente de esa casa donde no abrían la ventana.
I
El sueño envuelto en roca, limado con satín, Bebido en seco, armado de noche El desdén con el que dices sí La palabra que tomas Las sombra de las gotas que mojan Las gotas de las sombras que no hay El suelo que cae la vestimenta que has pintado el reloj que has cronometrado los sueños que he cronometrado la llave o pedazo de aliento el anhelo de saberte a diciembre la puerta que nunca abrió.
Memoria
Desliza las cortinas de humo y allá afuera, átala con un pequeño listón. O mejor aún, con una larga y pesada cadena. Atémosla al mar, al barco anclado. Al collar del gato Cotino o Emiliano. A la hormiga que camina en dirección contraria. Apriétala con los brazos, pero más con la mente. Enciéndela con tus dedos, será anillo de ceniza. Si para de llover, las manos cubrirán tu pecho. Un pecho ahogado en el mar de recuerdos que olvidas. Surgirá así, en la penumbra, un agotado y roto recuerdo. Y memoria, querida memoria, volverás en frágil pensamiento y conciencia desnuda. Para retenerte, pequeña, hace falta sólo liberarte en palabras.
Es chistosa esta línea porque #Bluelikejazz está basada en el best seller de Donald Miller; aún así me gustó.
Winona forever ❤️
Breve texto sobre el convencimiento
No podía ver la hora en mi muñeca como el resto de las personas en la fila. Nunca he usado reloj, ni nada que me ate, pero sabía qué hora era y tenía pocos minutos. La maleta con la ruedita chueca no ayudaba mucho en realidad. Tampoco su ruido chillante de pájaro que sufre. Me había tardado exactamente una hora y quince minutos en empacar. Revisé que trajera toda la documentación, preocupación, cartera, pánico y dinero. Ya anunciaban la salida del vuelo. Y la gente comenzó a hablar al mismo tiempo.
Me sentí tan tonta, comencé a reírme sola, había olvidado. De verdad, ridícula me he de haber visto, y es que me había puesto ese bonito vestido que me habías regalado. Lo deslicé entre mis dedos. Era color stay.
II
Te miraba y me mirabas
huíamos rápido de la existencia.
Yo siempre huía antes,
te memorizaba por las noches
y dibujaba por las mañanas.
Así… Y de nuevo huía.
Corría muy lejos,
hasta que mis brazos dejaban de ser tus brazos,
hasta que encontraba como no hacerme pequeña.
Y así, con palpitaciones ahogadas y cuerpo cerrado.
Comenzaba temblorosa a pintar
Todavía, cuando corría, sentía tu mano de mi lado.
Y podría jurar que corría más.
because you asked for a two-letter title and i should have said “no” instead
if
if only i could slip out of my mind as easily as we slip out of rain-soaked clothes
if only gravity was strong enough to hold me in place before i run away from you again
if only i didn’t leave poetry lying around naked and unfinished on my bedroom floor
then it wouldn’t be so hard speaking with each other, would it?
then there wouldn’t be an eternal chase between the sun and the fickle moon
then i wouldn’t have to keep the curtains drawn, the door locked
because the greatest poets tell us that poems are never finished anyway, only abandoned
because you asked for a two-letter title and i should have chosen “no” instead
MJL
Oh shit…
El por qué no usaron águilas desde el principio en El Señor de los Anillos :o