“Improvisando al Chullita”
•Colectivo “Par palabras”
Mi nombre es Adalberto pero muchos me conocen como Beto, nací en la provincia de “El Oro” pero desde chiquito crecí en la capital. He vivido tanto tiempo en esta ciudad que me considero un quiteño más y eso que aquí me he encontrado de todo menos oro.
Cuando era pequeño me daba vergüenza decir que venía de provincia, ya sabes, por todo este tema de los niños que se burlan de lo desconocido. Así que siempre me presente como “Quiteño” Y es más, logré interpretar tan bien a este serrano, que comencé a mostrarme: frío, melancólico, aún no alcohólico pero si bohemio. Será por esa razón, que en estas fechas siempre me elegían para ser el “chullita” en la escuela … Y no es que me moleste, todo lo contrario.
Crecía rodeado de quiteñas bonitas de la mano de quienes desfilaba con orgullo en los balcones hechos de cartón. Me vestía elegante y lanzaba rosas y chupetes a todo esos niños que me miraban con algarabia. Me gustó tanto representar al chullita que, ya más grandecito, comencé a interpretarlo diariamente, con el pensamiento de “chulla vida” como base.
Al inicio me bastó con la “bielita” para sentir como parte de mi sangre el desangrar del requinto de las canciones de Julito Jaramillo, o para unirme al ruido intenso de las conversas entre copas, en donde todos somos menos “mojigatos” de lo que nos gustaría. En esos días, lo de beber se me hizo costumbre. Después de todo, me ayudaba a ver lo “bonito” que es vivir entre las montañas frías y la frialdad de su gente. Pero sin darme cuenta, al igual que las nubes que invaden diciembre, mi vida se tornó oscura.
Tan “quiteño” me creía que se me olvidaron mis raíces y no fue hasta que se me acercó mi pana “El Barceló” para desenterrarlas. / Ese man era el típico que sale de “cana” y se muestra como buen pana con tal de que le “acolites”.
Un día sin nada que hacer, me invita pues a “hacer una vueltita”. Me terminó llevando para el centro, al origen de esta hipocresía, en donde yo solo conocía: las iglesias, los vendedores y las limosnas.
Pero el me enseñó a ver que allí, al lado de la virgencita del panecillo también existían otro tipo de virginidades a las que (me gustaría) rezar. Entre el fulgor del placer pagado volví a sentirme como un guagua amamantado de pasiones carnales.
Tantas fueron las carnes que comí, que les perdí hasta el gusto. Requería ya de esas flores revolucionarias para ser capaz de desflorar necesidades. El “baretito” entonces me acompañaba en cada “palito” y se acrecentó este demonio pasional de sensaciones. Ya no solo se trataba de hacer el amor o masturbarme entre cuerpos, sino que era para mi todo un ritual: “Baretito, palito ¿que más se le puede pedir a taita diosito?”
Ojalá terminara allí la historia, creí haber probado el placer de la vida bohemia pero tanto pasar de palito en palito, termine con una que me enseñó lo que es el polvito:
- “Arraray … esa bendita , ninguna es igual, cómo que te renace” (. )
Me bastó con dos “pistolas” para darme cuenta de que era todo un guerrero por la causa, el frío ahora ya no venía del clima de esta ciudad sino de la frialdad de mis acciones. Deje de complacer al tumulto y me convertí en un bulto más, entre tanta bulla.
Me había perdido en este útero, en esta “carita de dios” a la que odiaba y amaba al mismo tiempo. Decía yo que: “así como la virgen te puede dar la espalda, que puede uno esperar pues, de mi lindo quito”. Tras del pipazo, tocaba ampararse al cielito, haber si salía el sol a cobijar con pie derecho las penas o tronarían sino las nubes para castigarte, cómo un trueque en el que solo pierdes antes esas miradas que asustan . .
Así pues, mi vida es como ir de la Gonzalez Suarez hasta el machangara. Descubrí que así como Quito cuenta con grandes montañas también se compone de profundas quebradas
“Hay diosito, mientras escribo, escucho esas risas ebrias entonar las canciones de “La 24”. Empiezan nomas a bailar como chivas encima de esos camiones. O miro a las bandas de guerra desfilar con sus trajes calurosos mientras gritan con fulgor de pecho:
pero yo aquí tan chiquito: quería ser “el Chullita” con tantas ganas que termine a “chulla pata” pidiendo misericordias, aunque sea “cinco centavitos”