Solo tres ingredientes
Esto no va de recetas, sino del secreto. Yo no soy cocinera.
A veces vamos a un restaurante y degustamos un plato exquisito, tan bueno tan bueno...que queremos saber la receta. Los más atrevidos se atreven a preguntar, los más tímidos tratan de resolver el enigma experimentando a escondidas. Pero y aquellos que preguntan, cuando lo ponen en práctica, ¿obtienen el mismo resultado? No. Nunca. No se trata de cuestión de práctica (aunque también influye). Aunque sigan todos los pasos que les dijo el cocinero, seguro que este les traicionó en cierto modo. Un buen cocinero nunca revela su secreto, quizá se trate de una pizca de azúcar al final o una migaja de pan que se esconde en el interior de un postre, yo qué se, ya lo he dicho, yo no soy cocinera. Pero sea lo que sea, hay algo que solo lo sabrá él, el autor del plato.
Pues bien, yo no quiero esconderlo, yo no quiero esconder el secreto para alcanzar la felicidad, o al menos no os voy a esconder el secreto que yo veo como camino para ser feliz. Son solo tres ingredientes: amor, sueños y... Este blog no va de cocina, así que supongo que sabréis cual es el tercero. La composición será perfecta cuando se salpique la mezcla con un toque de personalidad.
Haciendo un pequeño paréntesis, he de decir que este es un post especial. Tenía abandonadillo el blog, pero ya sabéis que la música es mi gran pasión. Hoy no he podido faltar a una actuación de una fantástica joven de mi pueblo, y cuando he salido, he tenido que coger el portátil y ponerme a escribir. Recuerdo cuando ella cantaba en el coro de la Iglesia. En aquellos tiempos ir a misa era otra cosa, no digo que ahora sea peor ni nada por el estilo, pero antes... salíamos y nos poníamos a cantar las canciones de misa. Todavía las recordamos algunos días de estos que te pones a pensar, y empiezas a cantar una canción, entonces tu amiga se acuerda de otra, viene el otro y te recuerda otra...y al final todos cantando canciones de misa. ¿Y qué? Disfrutábamos como niños, antes y ahora.
Pues bien, como decía, hoy he ido a ver cantar a Maialen, la niña soñadora que cantaba en el coro de la Iglesia sí, y seguro que en muchos sitios a los que iba. Me atrevería a decir que ha cumplido uno de sus sueños: cantar en su pueblo para todos nosotros, ya como una profesional. Y es que de pequeños siempre soñamos mucho, pero ¿se imaginaba Maialen cuando era una niña que hoy iba a cantar para todos nosotros? Ni siquiera existía la cervecería donde hemos tenido el gusto de verla. Quizá se lo imaginó alguna vez, algo parecido, pero nunca pudo saber de verdad, que su sueño se iba a cumplir.
En la actuación nos ha dicho fundamentalmente tres ideas que comparto totalmente con ella: hay que tener sueños, porque los sueños se cumplen; hay que amar; la vida sin música, no sería vida (o sería una vida coja en todo caso).
Por ello digo que para ser feliz solo se necesitan tres ingredientes.
Hay que amar porque eso nos hace felices, y porque lo necesitamos. Como ha dicho Maialen, vale tanto el amor de pareja (para quien la tiene), como el amor de amigos y el amor familiar (importantísimos). Y es que, sea como pareja o no, no imagino una vida sin un compañero/a, ya sean amigos o familiares. Todos necesitamos a alguien, alguien con quien compartir. Que nadie se engañe, el tópico de “compartir es vivir” es verdad (aunque tampoco hay que abusar eee, todo es bueno en su punto justo).
Hay que soñar, porque si soñamos tenemos metas, y si tenemos metas, cuando las alcanzamos somos los putos amos, somos los reyes, somos los mejores porque hemos conseguido lo que queríamos. Y los sueños son posibles, los sueños se pueden cumplir. Sólo hay que luchar por conseguirlos. Y cuantas más veces nos caigamos, más oportunidades tendremos para levantarnos. A veces es duro, pero para ello hay un tercer ingrediente: la música.
Este tercer ingrediente se complementa de una forma extraordinaria con los dos anteriores. En primer lugar, es un lenguaje universal, ¿acaso el amor no lo es? En segundo lugar, ¿quién no ha soñado o imaginado al escuchar una canción?
El poder de la música es impresionante. Puede bajarnos la autoestima sí, puede recordarnos tristes momentos, pero también puede ser nuestra compañera que nos levante el ánimo y que nos de fuerzas para seguir adelante. Aún así, lo más importante de todo...es que siempre estará ahí. La música es amor, y la música nos ayuda a conseguir nuestros sueños. No hace falta ser músico para esto.
Maialen Lecumberri Lanz
Finalmente, solo quiero agradecer a Maialen y su pianista acompañante por haber estado esta noche con nosotros. También a Erika que nos ha cantado “Someone like you” de Adele, y a Alberto, mi compañero de orquesta, que ha puesto la guinda al pastel para acabar todavía mejor la actuación, añadiendo una pizca de percusión al preciosísimo tema de No dudaría, de Antonio Flores. Que sigáis disfrutando y haciéndonos disfrutar con la música.















