Todo era muy bonito, una fiesta en la playa, alcohol (el cual no le hacía efecto), gente a su alrededor divirtiéndose. Pero de lo que se había olvidado, de tanta emoción al correr hacia la playa, fue de un abrigo que lo ayudara en el momento que había comenzando la luna a ocultarse. Ahora se encontraba cerca de la fogata, el cual estaba a unos metros de la pista de baile, tratando de calentar todo su cuerpo. Decidió comenzar a hablar con la persona que se encontraba al lado, porque si no se iba a terminar aburriendo. “Sabes, la fiesta es muy bonita y todo pero tenían que recordar de traer abrigos.” Bromeo mientras acercaba sus manos a la fogata. “Ah menos que quieran que nos enfermemos y nos manden al hospital.” Bromeo, lo cual era irónico porque él no podía enfermarse más. “¿No crees?” Pregunto, seguramente molestando a la persona.
Había salido de la pista de baile. Definitivamente, aquello no era lo suyo, y aunque fuera con espíritu de divertirse aquella noche, los lugares pequeños con multitudes abrumando su espacio personal le ponían los nervios a caldo. Así, decidió largarse del lugar, buscando una nueva actividad que ejercer. Sin embargo, cuando hubo pedido la cerveza en la barra, un gélido resoplo de aire hizo que el muchacho quisiera ponerse a cubierto, o conseguir entrar en calor de algun manera. Como no iba a volver a la ista de baile, optó por la opción de la hoguera. Cuando llegó allí, alguien más se hallaba en el lugar. Tomó asiento no muy lejos de su nuevo acompañante, el cual finalmente decidió crear conversación. Sonrió ante su primero comentario, coincidiendo en la opinión ajena — Por un simple resfriado no te morirías —. Dijo, pues era cierto lo que decía, y menos si el contrario era algo sobrenatural, a lo cual ya estaba alerta — Pero comprendo que no quieras tenerlo —. Sonrió, redirigiendo su mirada al fuego para verlo chispear.












