Hace un año que Domingo no está y la gente sigue viva
Siempre fuiste testarudo, insistente, porfiado y mordaz. Las cosas se hacían a tu modo porque tú sabías hacerlas mejor. Y no lo pongo en duda, sólo que en lo único que no tuviste razón fue en que eras una de las personas más queridas de Caracas.
¿No lo sabías o no te importaba? Me atiborraste de regalos, tengo bolsas de CD con una lista de canciones escrita con letra de hormiga borracha, bombillos de colores traídos de Argentina, el primer viaje. Luces de bengala, dos López de la Serna en Pre-Textos, uno de los cinco Miyó Vestrini que compraste para regalar, un codiciado Girondo en Visor de Poesía. Películas, más CD, más libros, muñequitos de piañata. Setecientos chocolates, a lo largo de tantos años, que no me comí porque engordaría y que ahora están derretidos y vencidos aún dentro de su envoltorio.
Pero cuando se trataba de darte regalos a ti te hacías el duro. El que no los quería. Cuando había que decirte lo hermoso que estabas con esa camisa gris abotonada hasta el cuello, no te lo creías.
Tus teorías insólitas, tus infinitas referencias a cualquier cosa, tu imaginación prolífica en cualquier ámbito, increíble, imparable, escudriñando minucioso en los detalles de la ciencia ficción, frikismo descontrolado y narrativa profunda. Tú que te las sabías todas más dos. Pero cuando te lo decía, te burlabas diciendo que usaba demasiados adjetivos. Jaja. Y vuelve a ser cierto, porque casi nunca te equivocabas. Fucking ojo incisivo. Pero en lo que no estabas en lo cierto, era en que no te quería.
Yo no puedo entender, tú que todo lo sabes, por qué te decidiste ir. Ahora no puedo saber nada más de ti. ¿Qué te costaba irte a un lugar recóndito? ¿Qué te costaba apagar el celular o no responder a FB cuando te escribía?
Y es desesperante porque ha pasado un año y todos seguimos en lo mismo. Casi todos nos fuimos del país. Hablas con la gente y te cuentan que si el bautizo del libro en Caracas, que si el meteorito en Buenos Aires, que si el calor en Barcelona, que si las fiestas en Berlín, que si el arte en México. Todo el mundo tiene su banda de música, su marca de algo, es emprendedor, escritor, político, famoso de Internet, trabaja en un sitio muy bueno… A todos nos va mal, nos va bien, nos va regular. Nadie sale con nadie porque vivimos en diferentes ciudadades, algunos sí, otros no. Otros sí pero igual no se ven.
Ha pasado un año y seguimos creciendo, la vida no se ha parado y me da rabia que para ti sí. Porque tú habías alcanzado un montón de cosas desde antes, y estarías siendo un bicho serio en lo que sea que hubieras querido. Que no estés desde hace un año, y que no vayas a estar más nunca, es ningunear tu talento. Es no poder escuchar tus chistes malos.
Es no tenerte para siempre.
Ya sé que estás tranquilo y sé que esta decisión es sólo tuya, dentro de esa tu pertinacia y convencimiento de que las cosas son así o asá. Sé que tengo que callarme la boca y dejar de ser tan blandengue, pero déjame decirte que es bien difícil.
Yo no me acostumbro. Te sigo extrañando y sigo deseando poder seguir mandándote inbox con un gif o cualquier link balurdo y si no respondes, acosarte por Gmail para recordarte que tienes un inbox.
Pero tú ahora estás como siempre quisiste estar: desconectado, invisible, idle.