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Aún ni siquiera se permitía perder la consciencia y aquella fémina junto a él ya actuaba como si fuese la reencarnación en forma humana de la misma. Si bien los mencionados por ella no eran los temores que embargaban al canadiense, parecía haber hallado a la persona perfecta para convencerlo de mantenerse atado a la sobriedad. Era eso, o todo lo contrario.— ¿Esa es la razón por la que tú te mantienes sobria? —decidió cambiar el rumbo de la conversación, permitiendo que la atención se enfocara en ella, que había resultado tan transparente y evidente como para quedar expuesta en una simple respuesta.— Y aquí estás, contrastando con el resto del mundo —. Aquel mar de cuerpos danzantes, los grupos de amigos que se amontonaban en cualquier rincón para compartir silenciosas risas ahogadas en el sonido de la música, los que un poco más allá de ellos dedicaban la ocasión a intoxicar sus sistemas de la misma manera en la que él se estaba negando a hacer, todo aquello y mucho más no coincidía con la imagen que, aparentemente solitaria, representaba la joven a la que se había acercado regido por el azar.— No puedo confiar en la opinión de alguien que jamás ha probado el alcohol… y que además pone en duda la razón de la popularidad de las fiestas —no lo iba a decir, confiando en las posibilidades de estar equivocado al basarse meramente en una primera impresión sobre la blonda, pero si ella le confiaba que había asistido a más de dos eventos como aquel por cuenta propia, la sinceridad de sus palabras perdería credibilidad.
Auch, si la hirió en una zona oscura suya, pero era su decisión ser como era, querer aspirar a la grandeza de su padre y superarlo en su propio juego ¿Estaba mal? Por supuesto que no, pero ese deseo tenía sus limitaciones y sus consecuencias, la vida de la deportista no era simple en aspectos de juventud, tendría su vejez para arruinarse por completo hasta que la muerte la abrazara como un ave fénix, encerrado hasta que las cenizas hicieran de él, su existencia. --- Soy deportista, no puedo descontrolarme, no debo --- Explicó desviando la mirada sin mover su rostro, tal vez, ignorando el factor de que estaba siendo una completa aburrida sin que las palabras se expresaran en labios ajenos. -- Si, bueno, no puedes hacer buenas migas con la competencia --- Elevó el rostro hacia el grupo de esgrima que distaba de si misma --- Mucho menos cuando tu padre es alguien conocido en el deporte, ya sabes, creen que pueden intentar insultarte o usarte por eso --- Alzó las cejas, demostrando lo estúpido que era vivir esas experiencias dando por completo con una idea de puro celos o envidia, haber nacido con el esgrima en su sangre era un talento que le brotaba hasta con los ojos cerrados, no muchos podían decir lo mismo. --- Mi familia hace grandes fiestas, divertidas de verdad, no de este tipo, donde todos buscan fastidiarse entre si o embriagarse hasta el desmayo ¿Tengo que seguir poniendo en duda la popularidad de las fiestas? --- Suspiró y bajó la mirada a su vaso, lo removió, ya había perdido la temperatura ambiente para alcanzar un calor corporal desagradable--- ¿Por qué preguntas entonces si ya sabes lo que quieres hacer? --- Cuestionó previo a levantar su rostro y volverse al contrario.













