Es cierto: no pude escapar a mi destino. Como buen gato Tabayseño, iba a terminar atropellado. Mi mamá Mandioca, mis hermanos gatunos, todos han sufrido este mismo final.
Sin embargo, creo que fui mucho mas vivo que todos ellos. Porque… qué otro gato puede contar mi historia? Nací clandestinamente en una escuelita, en las afueras de un pueblo perdido en la provincia de Corrientes, Argentina. Ningún humano me esperaba y mi pronóstico de supervivencia era casi nulo. Me las ingenié para salir de ahí, totalmente desnutrido y encontrar a los humanos más amorosos y estimulantes de todo el planeta. Me dieron todo: amor, comida, casa, proyectos, un hermano, chip, pasaporte europeo. Y mucho más. Nos comprometimos mutuamente, nos acompañamos y cuidamos, en este tramo de la vida que ellos eligieron. Es cierto, llegó el momento de partir, y lo hice, como estaba escrito que lo haría… pero quien me quita lo bailado? Tarde o temprano nos llega el tiempo a todos. La diferencia está en lo que hacemos durante nuestra vida. Por eso, les agradezco a mi hermanito adoptivo Newton y a mis amados humanos Lu y Manu (Los Cuquis) el cuidado que me dieron hasta el día de hoy, día en que se terminaba mi contrato. Sean felices, ámense, comprométanse con su felicidad, con vivir a fondo cada día. Incluso hoy, que los invade a todos la tristeza.










