aunque intenta que no se evidencie, apodo logra hacer que corazón dé un vuelco, así que tiene que apartar la mirada del chico para no volver a quedar en desventaja. es curioso cómo, aún después de tantos años, le es imposible no meterse de lleno en aquel tira y afloja que tanto los caracterizó en un principio. lo que sí no consigue ocultar es su sorpresa frente a última declaración, e incluso cierto grado de molestia que tampoco esconde. “ ¿te casaste? vaya, lo siento mucho. ” no se preocupa por sonar de ninguna manera en específico. se aproxima hacia él, pasos lentos y cautelosos. “ debe ser horrible tener que pasar todos tus días con alguien que no soy yo. ” o eso le gusta decirse cuando noches son solitarias y ninguna sustancia consigue disipar lo mucho que lo extraña, lo mucho que lo necesita. por fin, cuando distancia es suficientemente corta, retira el cigarrillo de boca ajena y se lo lleva a la propia, dándole una buena calada antes de devolvérselo. “ ¿cómo es? ¿alta, morocha? ¿o te buscaste una más parecida a mí? ” continúa indagando. “ seguro es una aburrida fanática del misionero — sin ofender. ” otra sonrisa se asoma justo antes de ladear el cuerpo en dirección contraria. no es discreta con intenciones de que la observe. después de todo, indumentaria no ha cambiado mucho desde sus tiempos en la universidad. “ no tendría que haberte dejado venir. no tengo mucha fama respetando esposos ajenos. ” reposa su fisonomía en una de las paredes, encarándolo, y no deja de mirarlo al tiempo de proponer: “ ¿un rapidín por los viejos tiempos? ” y, como con todo, no se identifica el tono exacto en que lo dice: si acaso está bromeando o habla completamente en serio. tal vez porque ni siquiera ella lo sabe.
cuando la californiana comienza a acercarse, baz sabe que ha cometido un error: tendría que haber abandonado la habitación en cuanto se percató de su presencia... no, no tendría que haber pisado alabaster en primer lugar, porque casey ya lo tiene hipnotizado por el mero hecho de estar frente a él y la determinación del francés flaquea cuando se trata de ella: había sido un estúpido al pensar que los años de separación podrían diezmar el efecto de la mujer sobre él. o tal vez solo fue a la reunión porque tenía la esperanza de verla de nuevo y culpar al destino de ello, no a su propia debilidad. el francés se maldice, porque si fuese una persona normal habría dejado a casey en el pasado — no sería más que un recuerdo agridulce, pero ninguna clínica de rehabilitación ni el mejor de los terapeutas pudo anular aaa. sin embargo, algo se regodea en su miseria cuando la rubia no deja de insultar a una mujer que ni siquiera existe. al menos sébastien no es el único que todavía no termina de extinguir sus sentimientos. no obstante, decide que ya ha tenido suficiente y que ha escuchado lo que quería escuchar: “casey, es una broma — ” revela al fin, enseñando la mano derecha con una sonrisa de satisfacción. allí en donde debería lucir una argolla matrimonial, no hay nada. “no estoy casado, no hay nadie” nadie como tú. si tiene un hilo de relaciones fallidas, es porque no puede sacarse a la californiana de la cabeza. aprovecha de aceptar el cigarrillo de vuelta y se lo lleva a los labios, no sin antes percatarse de los rastros de labial en el filtro de este. la imagen tira de su corazón, porque le trae un montón de recuerdos de tiempos en los que se creía invencible por el simple hecho de estar junto a casey. ahora, con la sabiduría de los años y la mente más lúcida, puede verla por lo que es — su debilidad, su talón de aquiles, un tiquete directo a la destrucción mutua. baz no quiere volver a eso, pero sí la quiere a ella y no sabe como conciliar ambas cosas. la propuesta siguiente le hace apartar la mirada y apretar la mandíbula, porque entre los dos nada nunca es solo una broma y el francés bien sabe que si la sigue mirando acabará de rodillas pidiéndole que regrese a él o entre sus piernas, o ambas. “casey, por favor— no” incluso si mataría por un mísero beso suyo, es perfectamente consciente de que las cosas no terminarían allí. muy probablemente acabaría con polvo en las encías o pinchazos en el antebrazo y sébastien piensa que esta vez no habría vuelta atrás; lo peor de todo, es que no lo hace por su propio bien. sino porque sabe que pueden sacar lo peor el uno del otro de la misma manera en la que alguna vez se hicieron brillar mutuamente — quizás si casey también pudiese verlo, si se pusiese en su lugar... entonces baz volvería a ella sin dudarlo. da una larga calada del cigarrillo para despejarse, mas a estas alturas necesita algo más fuerte. un trago, como mínimo. “los dos sabemos que no sería una buena idea” y es evidente que el francés lo lamenta: a veces a baz le cuesta creer lo mucho que ha cambiado, lo distinto que es al joven impulsivo y errático que era en sus años en la universidad y en los ángeles. sin embargo, es casey quien podría revivir esa parte de él. baz extraña eso y, en especial, la extraña a ella. “¿no podemos hablar y ya?” le ofrece, con una sonrisa en señal de disculpa. “fuiste mi mejor amiga, casey” y el amor de mi vida, le gustaría agregar, pero no es conveniente. “y tienes razón, es horrible pasar los días sin ti” se permite reconocer entre una calada y otra. “así que, por favor, ¿podemos ser amigos, al menos por una semana?” es iluso de parte de sébastien creer que podría detenerse allí, mas no soportaría apartarla otra vez. es lo más cerca a un punto intermedio, por más que eso le lleve a jugar con fuego: está cansado, solo y la echa de menos. “te extraño, casey”