Los hombres de Etxeberria conquistan Madrid
Ese día recuerdo que amaneció más temprano de lo habitual. Un sonido atronador no dejaba de sonar, era el despertador. El reloj marcaba las 5 a.m., una hora intempestiva y odiada. Era el dia D. El día en que presentaríamos el trabajo elaborado y cuidado minuciosamente durante seis largos meses de trabajo.
Cogimos el ave y aproveche para dormir un rato, pues sueño fue lo único que provoco en mi la película que pusieron, de la cual, y por suerte, no recuerdo el nombre.
Una vez pisado el suelo madrileño fuimos directos al hotel. Dejamos las maletas y, a toda prisa, pues los baúles con la colección ya habían llegado, nos pusimos en dirección al recinto donde se celebraba la semana de la moda patria.
Alrededo de las 11 llegamos a nuestro propio microcosmos durante los próximos dos días, el Backstage. Los baúles de la colección ya estaban allí, intactos, esperando para ser abiertos. Dejamos nuestras cosas, nos acomodamos para plantear la jornada entre el entusiasmo, la calor, el sueño y el humo que no dejaba de desprender el tabaco.
Era miércoles, el día pre-desfile, eso significa jornada de trabajo maratoniana, haciendo el fitting a los modelos y dejarlo todo preparado para el día siguiente.
Hacia el mediodía empezaron a venir los modelos a nuestro backstage. El primero en llegar fue Shaun Ross, recién llegado desde Nueva York. Shaun, es el primer modelo negro albino en subirse a una pasarela. Causo mucho revuelo entre asistentes y prensa, pues era la primera vez que estaba en España y tuvimos la suerte de que vino solo para desfilar con Etxeberria.
Las siguiente horas transcurrieron entre el stress y una calor sofocante que hicieron del backstage un lugar insufrible. Cuando llegaba un modelo los pasos a seguir eran escoger un look completo para él, ver como caminaba y fotografiarlo. De esto último se encargaría nuestro fotógrafo, Rainer Torrado, fotógrafo personal de Jean Paul Gaultier.
Durante la tarde nuestro Backstage fue un hervidero de gente a todas horas. Mucha prensa y gente no quiso perderse la colección en primera persona, había mucha expectación. Si hay una visita que nos llamó la atención, puesto que no la esperábamos, fue la de Carmen Lomana. Nos baño en un mar de halagos y se probó varios abrigos entre risas y champagne.
La jornada del fitting se alargo toda la tarde. No es que me haya olvidado de mencionar que fuimos a comer, no, eran las 21:00 y no habíamos comido. Una vez reunidos todos nos organizamos brevemente, abordamos una flota de taxis y nos pusimos en marcha al restaurante. Nadie había probado bocado desde que salió de su casa, estábamos todos hambrientos. Cuando vimos aparecer los platos con la comida poco falto para que nos saltaran las lágrimas.
La cena se alargo hasta altas hora de la madrugada, acabando de preparar la jornada del día siguiente, entre la emoción, nervios y alegría por presentar ante el público nuestro trabajo. Nos fuimos a las habitaciones, la luz se apagó, el día había por fin acabado.
Jueves. Nos reunimos todos a media mañana en el hall del hotel, previo desayuno, y nos pusimos en marcha hacia el recinto donde se celebraría nuestro desfile a las 16:00. Nos dedicamos a hacer los últimos retoques, repasarlo todo para confirmar que todo estaba en orden y en su sitio.
Alrededor de las 15:00, a medida que los modelos iban llegando a nuestro backstage, empezamos a hacer pruebas en la pasarela, a probar la música, iluminación y demás. A continuación llegaron las vestidoras para vestir a los modelos. Llegó la hora. El reloj marcaba exactamente las 16:00 cuando la música empezó a sonar.
Los siguiente 10 minutos parecieron no existir. Apenas tengo palabras para relatar la locura en que se convirtió el backstage. Los modelos venían corriendo al backstage para ponerse el segundo look, y volver corriendo para su segunda salida entre voces y gritos.
Me di cuenta de que todo había acabado al escuchar un fuerte aluvión de aplausos. Había sido un éxito.
A continuación nos fuimos al Kissing Room a celebrarlo con la familia, los modelos que habían desfilado para nosotros y demás amigos y prensa. Pasamos el resto de la tarde en el recinto, en diferentes espacios reservados al diseñador, descansando, comentando el desfile y preparando la fiesta que habían montado para nosotros esa misma noche.
A las 24:00, justo después de cenar, nos reunimos todos en Museo Chicote, en la Gran Vía madrileña. Ese lugar estuvo frecuentado décadas atrás por gente como mi querido Frank Sinatra, Ernest Hemingway o Ava Gardner. Fue una noche de celebración por todo el trabajo hecho durante esos dos días, rodeados de amigos y gente con la que había compartido esas jornadas de trabajo en Madrid.
Al día siguiente ya todo había acabado. Aproveche mi día libre para desayunar en San Ginés, visitar a amigos en Madrid y hacer una fugaz y productiva visita a la librería 8 ½, tres cosas que siempre hago cuando estoy en la capital.
A las 19:00 cogimos el Ave de vuelta a casa, exhaustos y felices a partes iguales. Nos despedimos hasta el próximo lunes, donde todos nos citaríamos en el estudio para analizar el desfile y empezar a plantear la próxima colección. Teníamos seis meses de duro trabajo por delante, y no será hasta el próximo mes de Setiembre cuando volvamos a pisar Madrid para presentar la nueva colección.