El enemigo conoce el sistema. Así se llama el libro de la española, Marta Peirano, que nos deja varias temáticas atingentes a lo que está pasando con los #Datos.
“Escribo sobre tecnología y poder”, así se describe en #twitter la periodista que vamos a ver esta vez. Lo haremos desde la perspectiva de la “economía de la atención”, que es aquella que “rapta tu cerebro, voluntad, horas de sueños, amor y paseo”, según su experiencia.
“El precio de cualquier cosa es la cantidad de vida que ofreces a cambio”, parece ser la esencia de una disyuntiva que nos trae el mundo moderno, globalizado y cada vez más tecnológico. ¿Cuál es el precio que tenemos que pagar por estos avances?, ya sea como sociedad, empresas, gobierno, etc. Y por qué no decirlo, ¿Cuál es el límite?
En su libro se relatan los inicios de la revolución digital y cómo se avanza sin muchas veces darnos cuenta, hasta una potencial dictadura tecnológica.
En definitiva, explica que el modelo de negocio depende de que instalemos sus aplicaciones y así nos tienen vigilados. Puede ser un Smart tv, un celular en el bolsillo, un altavoz inteligente, Netflix, etc. La idea es que las uses el mayor tiempo posible, porque así estás generando datos que los hacen ganar dinero. Mientras más generas, más valioso es su banco de datos.
Ella describe que todas las apps que existen se basan en lo que hasta ahora era el diseño más adictivo, el de las tragamonedas. En la industria del juego se llama #eventfrequency. Cuanto más alta es la frecuencia, más rápido te enganchas, pues es un loop de #dopamina.
En el caso de las redes sociales, las asemeja a las #tragamonedas, que están cuantificadas en forma de likes, de cuánta gente ha visto tu post y genera una adicción especial, porque es lo que dice tu comunidad. Cuando esa aceptación, que es completamente ilusoria, entra en tu vida, te vuelves adicto, porque estamos condicionados para querer encajar en el grupo.
De ahí que cada uno está gestionando su propia adicción. Todo el mundo sabe que las tragamonedas son malas, que la heroína es mala, pero con Twitter, con Slack, con Facebook, no lo saben, entre otras cosas, porque también se han convertido en herramientas de productividad.
¿Somos entonces adictos tecnológicos? Peirano dice que somos adictos a la tecnología, somos adictos al chute de dopamina que ciertas tecnologías han infiltrado en sus plataformas. Esto no es un accidente, es deliberado. La economía de la atención utiliza la adicción para optimizar el tiempo que pasamos delante de las pantallas.
La autora del libro habla sobre la importancia de tomar conciencia.
No eres adicto a las noticias, eres adicto al Twitter, no eres adicto a la decoración de interiores, eres adicto al Pinterest, no eres adicto a tus amigos ni a sus maravillosos hijos cuyas fotos postean, eres adicto al Instagram.
La española destaca que no es falta de voluntad, están diseñadas para ofrecerte loops de dopamina, que te dan una satisfacción inmediata y te arrastran de cualquier otra cosa que no te la da, como por ejemplo jugar con tu hijo, pasar un rato con tu pareja, irte al campo o terminar un trabajo, que requieren una curva, porque hay satisfacción, pero no es inmediata.
En el libro dice que "Cada día se generan 2,5 quintillones de datos, en parte enviando colectivamente 187 millones de correos y medio millón de tuits, viendo 266.000 horas de Netflix, haciendo 3,7 millones de búsquedas en Google o descartando 1,1 millones de caras en Tinder", ¿qué pasa con todo eso?
Todo se basa en crear predicciones, porque este es un mercado de futuros.
#google lo está haciendo, porque toda la gente que está en la calle tiene el móvil en el bolsillo. Y lo han llevado durante los últimos años de su vida. Facebook sabe en qué barrios han pasado qué cosas y por qué, cómo se reúne la gente y cómo se cómo se dispersa, cuántos policías tienen que llegar para que la manifestación se disuelva sin que haya muertos.
Ella insiste en que el problema no es el móvil, no es #internet. Todas las tecnologías de las que somos dependientes son las herramientas de la vida contemporánea, voluntariamente las ponemos en nuestros móviles, pero no requieren de la vigilancia para funcionar, ni necesitan vigilarte para darte un servicio. No tienen por qué, lo que pasa es que la economía de los datos es muy golosa.
Entonces es válido preguntarse; ¿El sistema es nuestro enemigo entonces?
Peirano insiste en que estamos integrados y dependemos de sistemas que no sabemos cómo funcionan ni lo que quieren de nosotros. Facebook, Google y otros, dicen querer que nuestra vida sea más fácil, que nos pongamos en contacto con nuestras personas queridas, que seamos más eficientes y trabajemos mejor, pero su objetivo no es ese, no están diseñados para eso, sino para chuparnos datos, manipularnos y vendernos cosas.