Dios mío, que hambre...
–asintió mientras un mechón de pelo caía por su cara, mientras levantaba la vista para mirarle, con una sonrisa–. En serio, Ben. Estoy bien –aseguró cogiendo su almohada, abrazándola mientras le miraba
-Sonrió al oírla.- Me alegro entonces. -Aseguró, suspirando levemente.- Si quieres que me vaya, dímelo. -Indicó, pues no quería molestarla.- ¿Quieres que te vaya a buscar algo? Justo iba para la cocina.













