Estaba en el sector de maquillaje cuando su panza comenzó a gruñir de forma molesta y las maquilladoras la observaban fugazmente al respecto, si bien había comido poco en el desayuno su idea era salir bien en las individuales — Oye — Se inclina hacia su costado — ¿Tienes hambre? — Pregunta con cierta inocencia al respecto.
“Aprecio muchísimo cuando las personas son directas,” comparte ameno, devuelve una sonrisa que disimula, como sus palabras no lo hicieron, el hecho de no encontrar motivos para responder la interrogante que le han arrojado (una tan banal, y sin embargo, personal). Se las arregla para mantenerse impasible, carente de deseos por compartir las barras de cereal que tiene en su mochila o de buscar algún restaurante cercano, variantes que percibe como posibles trasfondos a la charla. “¿a qué viene la pregunta?”










