A veces solo me gusta aislarme, no saber nada de nadie y que nadie sepa nada de mi, sentarme en el pasto, ver cómo el viento mueve las hojas de los árboles mientras escucho lo que la naturaleza tiene para mí.
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@bichitt0
A veces solo me gusta aislarme, no saber nada de nadie y que nadie sepa nada de mi, sentarme en el pasto, ver cómo el viento mueve las hojas de los árboles mientras escucho lo que la naturaleza tiene para mí.
Últimamente he descubierto que existen muchas formas de guardar silencio. A veces me quedo sola en el jardín, otras veces en el campo al otro lado de la calle, porque allí estoy más lejos de la gente. También están esos momentos en los que no contesto el teléfono o cuando me acuesto en el suelo de la cocina y finjo que no estoy en casa cuando alguien toca la puerta.
Hay un silencio diferente durante el día, cuando simplemente observo todo a mi alrededor, y otro por la noche, cuando hago mis cosas. Está el silencio de la ducha, el del baño, el de los viajes en coche y el de distintos lugares que he conocido.
Pero existe otro silencio mucho más grande. Es un silencio que siempre regresa. Se mete dentro de mí, en mis pensamientos y en mis huesos, y se vuelve tan intenso que ya no puedo ignorarlo. Entonces deja de ser silencio y se convierte en algo que necesita salir. Así es como funciona mi mente
A veces siento que nací para una vida más lenta… una donde las mañanas huelan a flores frescas, las ventanas estén abiertas al viento y la luna sea la única lámpara encendida. Me encuentro en los jardines, en los cuarzos tibios bajo el sol, en las hojas secas guardadas entre libros y en el sonido suave de la lluvia sobre la tierra.
Tal vez por eso amo todo lo simple y mágico: las flores silvestres, el té caliente, los vestidos claros, las velas encendidas y los pequeños rituales que hacen sentir el alma tranquila. Hay algo en la naturaleza que me recuerda quién soy cuando el mundo deja de hacer ruido.
Soy de las que hablan con la luna, coleccionan piedras bonitas y creen que la belleza vive en lo imperfecto. Una chica hecha de bosque, de pétalos y de pensamientos suaves… muy cottagecore, muy corazón de jardín.
Si no aprendes a encontrar calma dentro de ti, cualquier comentario tendrá el poder de derrumbarte. Si no construyes tu propio valor, el rechazo de otros terminará definiéndote. Y si no te eliges a ti primero, habrá personas que aprovecharán eso para influir sobre ti. Con el tiempo entiendes que muchas de las batallas más importantes no tienen que ver con los demás, sino con la relación que mantienes contigo mismo.
Imagina que te has adentrado tanto en el bosque que el mundo olvidó tu nombre… ⋆.˚🦋 vives en un huequito cubierto de musgo, bajo un techo torcido con forma de hongo, mientras la lluvia golpea suavemente tu pequeño hogar… ⋆˙🍄₊ ⊹˚🌧️ preparas sopa caliente en una ollita, viendo luciérnagas brillar como secretos… °🍲⋆.ೃ✨࿔*:・ sin ruido. Sin expectativas. solo tierra suave, magia silenciosa y por primera vez, te perteneces solo a ti misma.” ✧🌿🍄🕯️
El alma siempre reclama el territorio donde florece. Tal vez tu medicina no sea la montaña; tal vez tu espíritu te pida el mar, el campo o el desierto. Moverte no es un capricho, es un llamado sagrado de retorno al paisaje que sana tu energía.
Yo sano cuando mis pies tocan la tierra húmeda. Si hoy pudieras cerrar los ojos y aparecer en el paisaje que te cura el espíritu... ¿dónde estarías? 🌿⛰️🌊
Que nadie te haga creer que existe un tiempo indicado para cada cosa. Todas nuestras historias son diferentes. Nadie va por delante de ti y tú no vas por delante de nadie. La vida no es una lista de supermercado, no tienes que ir tildando casilleros hasta poder completarlos todos. Esta es tu vida y son tus elecciones, son tus preferencias, son tus ganas de cada cosa, son tus tiempos y es tu energía.
Por eso tienes que saber que estas justo a tiempo para lo que sea, que tu cuerpo lleva consigo la energía necesaria para realizar todo eso que sueñas, y que tú eres el único responsable de escribir la historia que quieras.
Hoy solo tienes que agradecer por las cosas que la vida te fue dando hasta ahora, y comenzar a prepararte para insistir miles de veces hasta lograr lo que quieres. Pero, por favor, no te presiones. Recuerda siempre que es tu vida, es tu historia, son tus tiempos y son tus decisiones.
Vivimos en un planeta donde los árboles se comunican entre ellos y con los hongos, los pulpos sueñan, los elefantes honran a sus muertos, las abejas bailan para encontrar su camino, los cuervos recuerdan, las hormigas construyen, donde el bosque, después del incendio, florece de nuevo. Recordemos la belleza y la grandiosidad de por lo que luchamos.
La ansiedad apesta de una forma difícil de explicar. Hay días en los que incluso las cosas más simples (esas que todo el mundo hace sin pensarlo) se sienten como escalar una montaña enorme. Como si cada paso pesara el doble, como si respirar requiriera esfuerzo.
Y lo peor no es solo el momento… es lo que viene después. El cansancio se queda. Me toma uno o dos días volver a sentirme “normal”, como si mi mente y mi cuerpo necesitaran recuperarse de una batalla que nadie más vio. A veces me frustra, porque desde fuera todo parece pequeño. Pero por dentro, se siente gigante.
A veces, mientras mi perro ya viejito duerme, acerco mi rostro al suyo y siento cómo su pequeño pecho aún se eleva con calma, cómo su corazón late, más despacio ahora, pero firme. Me quedo ahí, en silencio, como queriendo guardar ese momento un poco más.
Hay algo distinto en verlo así, con los años marcados en su cuerpo y en su mirada. Y aun así, sigue siendo el mismo ser que un día llegó a mi vida, solo que ahora más frágil, más suave, más lleno de historia.
Entonces no puedo evitar asombrarme. Por la vida, por el tiempo, por ese milagro silencioso que ha recorrido tantos años solo para quedarse a mi lado. Y en ese instante entiendo que no hay nada más valioso que esto: su respiración tranquila, su corazón latiendo… y el privilegio de haber compartido la vida con él.
Hay hijos que se vuelven fríos con sus padres y los padres dicen:
“yo no entiendo en qué fallé”. Pero la raíz casi nunca es odio. Es dolor acumulado. Es un niño que aprendió que expresar lo que sentía era falta de respeto. Que llorar era exagerar. Que responder era rebeldía. Es un hijo que dejó de contar lo que le pasaba porque cada conversación terminaba en crítica, comparación o sermón. Y crecieron creyendo que eran difíciles, cuando en realidad solo necesitaban ser escuchados. Ahora son adultos que aman… Pero desde lejos.
Aprendí a leer el ambiente antes de abrir la boca. El tono de la casa, el humor de quien mandaba, esas pequeñas señales de que algo estaba por explotar. Sin darme cuenta, me volví experta en eso. Y ahora, de adulta, sigo haciendo exactamente lo mismo: en cada cuarto, con cada persona, incluso en cada mensaje que recibo. Analizo, mido, anticipo… como si siempre tuviera que estar un paso adelante. Durante mucho tiempo pensé que era intuición, que era un don. Pero no. Es una herramienta que construí para sobrevivir.
Cuando me encuentro emocionalmente afectada, a veces la única forma que encuentro para manifestarlo es a través de palabras duras, groserías o un lenguaje que no refleja mis valores. Y aunque sé que eso puede lastimar a otros, también entiendo que no es la mejor manera de canalizar lo que siento. Por eso, prefiero tomar distancia y aislarme un poco, darme mi espacio hasta que la tormenta interna pase y pueda volver a mí con más calma y claridad.
Me imagino viviendo en un pueblito tranquilo, rodeada de huertas verdes y llenas de vida. Despertar cada mañana con el canto de los pájaros, dejando que ese sonido tan natural y sereno sea lo primero que escuche al abrir los ojos. Salir un momento, respirar aire fresco y sentir cómo la calma del lugar me envuelve poco a poco.
Caminar entre los árboles y las plantas, viendo mariposas de colores revoloteando libremente a mi alrededor, mientras las abejas van de flor en flor, trabajando en silencio, como si todo tuviera su propio ritmo perfecto. Sentir el sol suave sobre mi piel, el viento moviendo las hojas, y esa paz que solo se encuentra en lugares así. Creo que cada pequeño detalle (los sonidos, los colores, los aromas) me recordaría constantemente lo afortunada que soy de estar ahí, viviendo una vida sencilla, pero llena de belleza 🥹✨
A veces, mientras mi perro ya viejito duerme, acerco mi rostro al suyo y siento cómo su pequeño pecho aún se eleva con calma, cómo su corazón late, más despacio ahora, pero firme. Me quedo ahí, en silencio, como queriendo guardar ese momento un poco más.
Hay algo distinto en verlo así, con los años marcados en su cuerpo y en su mirada. Y aun así, sigue siendo el mismo ser que un día llegó a mi vida, solo que ahora más frágil, más suave, más lleno de historia.
Entonces no puedo evitar asombrarme. Por la vida, por el tiempo, por ese milagro silencioso que ha recorrido tantos años solo para quedarse a mi lado. Y en ese instante entiendo que no hay nada más valioso que esto: su respiración tranquila, su corazón latiendo… y el privilegio de haber compartido la vida con él.
+ ◍. Mira profundamente en la naturaleza, y entonces entenderás todo mejor, el camino más claro en el universo es a través de un desierto forestal, siempre viste los colores del espíritu, en cada paseo, uno recibe mucho más de lo que busca, mantente cerca de la naturaleza. Nunca te fallará ›✸
Para mí Taehyung tiene una forma muy particular de habitar el mundo, como si todo lo mirara con curiosidad y un toque de nostalgia. Le atrae lo antiguo, lo que tiene historia: la fotografía en película, los vinilos, los objetos con alma. Disfruta del arte en todas sus formas, desde la música hasta la pintura, y siempre encuentra belleza en los detalles que otros pasan por alto. Tiene un cariño especial por los animales y por esos momentos simples que se sienten genuinos. Pero, al mismo tiempo, es alguien que valora la calma, el silencio y la conexión real con lo que ama. Hay en él una mezcla de sensibilidad, arte y espontaneidad que lo hace único, como si viviera la vida un poco más despacio… pero sintiéndolo todo más profundo.