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Kiana Khansmith
DEAR READER
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@bitacorademiobsesionario
Cuántos mambos
Con el paso del tiempo y con varias decepciones a cuesta, con un libro más en el estante y otras tantas clases de sociología, fotografía, historia del arte y literatura clásica de por medio. Cada uno de estos autores favoritos que aparecieron en mi camino, aromas y comidas. Con abrazos entregados y la ilusión hecha canción. Con mi nueva religión, los cambios de humor, un planeta menos en la constelación, los viajes a Uruguay, tatuajes en la piel y en el alma, nuevos vicios. Con la madurez que día a día lucha por salirse del pecho pero siempre elige esperar un rato más. Mi preferencia por las zapatillas a toda hora. Un cambio de presidente, un eclipse de sol, amores inventados. Estas incesantes ganas de revolución que nacieron de una simbiosis pero acompañan mi paso. El mar en la retina -¿por qué aún nadie inventó la palabra para describir esa mágica unión del cielo y el mar?- cientos de kilómetros de atmósfera separando mis sueños de la realidad. La mochila que lleva mi cuaderno. Mi cuaderno. Mañas y afición al vino blanco. Personas al lado y mi soledad. Sesiones de terapia para lograr entender el bloqueo mental y el vacío inoportuno.
Con tanta inmensidad, cada pequeño gran cambio que se avecinó y se adueño de esos viejos hábitos, supliendo falencias o sabiendo formar una persona con miedo a los cambios, que muta sin notarlo. Así fui creciendo, sin dejar atrás el único motor que impulsa la vida misma.
Llene cada espacio que encontré con incertidumbre y palabras nuevas.
De tanto andar me perdí, dos, tres y quince mil veces. Abrí los ojos y supe verme, ya no en un espejo, sino en mi completa esencia. Soy esa chica que intenta escribir cuando llueve, pero sólo termina garabateando ojos con acuarelas, y de tanto en tanto se deja seducir por la intuición.
Me gusta leer sintiendo el humito de un sahumerio. Intento dejar de fumar pero fallo en el intento. No sé presentarme porque eso de las introducciones no se me da del todo bien, nunca aprendí a resumir, para mis los detalles son fundamentales. Prefiero que los demás se tomen el trabajo de conocerme.
Y cada fin de año una sensación rara se apodera de mi, se me llena el estomago de carnaval, me pongo verborrágica y emocional por sobre todo, canto, rio y lloro en un sólo minuto. Me cargo el cuerpo de miedos viendo como se pasa la vida, analizando mis logros y cuanto amé.
El balance de mi vida medida en días.
Elegí bien. Encontré a mi persona en el mundo, mi mejor amiga. Ella es efusiva, una niña en cuerpo de niña con más experiencias que años, con una sonrisa infinita, como su corazón. Como parte del camino bifurcamos para crecer, tomamos decisiones felices, difíciles pero que nos llenan de orgullo. Nos alejamos, dejamos que el viento nos separe un poquito más. Hoy anhelo verla, sentarme en la playa y mirar el cielo a su lado, sin más.
De tanto soplar contra la corriente, tragué vacío. Abracé un lugar muy adentro mío y me anclé a la soledad. Alguien me dijo que se llamaba depresión, y ansiedad y tantos otros rótulos. Nunca quise entender por qué me dejé caer, mi cuerpo y mi mente pelearon mucho por abrirse a la luz. Costó, y no saben cuánto, realmente fue duro escucharme y callar tanto dolor. Era mental, era psicológico, era fisiológico, era patologico. Mi corazón estaba de reposo. Pude amigarme, conocer ese dolor y de a poco sacarlo. Es una lucha que llevo conmigo y siempre estuvo ahí y probablemente nunca se vaya, lo importante es no darle más lugar del que se merece, porque en mi totalidad soy fuerte. Me gusta estar bien y voy a pelear por ser la que quiero ser.
En medio del huracán el fuego me quemó, pero renací de mis cenizas, como un ave fénix. Pude ver este mundo con claridad, cada detalle, cada color ¡y qué lindos colores! me empalagué la vista con tanta belleza. Y ahí, en esos momentos de lucidez llevé a mi lado a los que me hacían los pasitos un poco menos pesados. Mis amigos, mi familia, mi familia una y mil veces. Mis sobrinos que incondicionalmente me abrazan el alma. Mi hermana, que fue un regalito del cielo y se encarga de empujarme para que avance.
Me enojé mucho con este dolor del que tanto hablo. Lo vi en mi y lo vi en los demás, en la calle, en la gente, en la tv. Me enojé tanto que quise alejarme, y por ocho largos meses no usé celular. Un experimento social que me dejó la conclusión más importante de mi vida. El que quiere te busca, el que quiere te encuentra. Una mirada vale más que mil palabras, y a su vez existen tantas formas de mirarnos. Que ridiculez dejar ese aparato de lado para aprender cosas tan básicas como respirar.
Esta búsqueda de identidad que no se cansa jamás. ¿Qué mierda sigo buscando? y no lo sé, pero me mantiene viva, viva y no sobreviviendo. Por cada cosa que hice o deje de hacer pude elegir, con muchísima alegría, mi nueva forma de transitar. Gracias a todos aquellos que formaron parte de mi 2015, de mis años anteriores, de mi. A aquellos que dejaron su marca de color en mi interior gris y pintaron algo hermoso.
Mi felicidad es netamente mia y está en el norte.
-A.
He querido escribirte esta noche, contándote sobre los errores que he cometido desde que te marchaste, he querido escribir para decir lo mucho que té extrañado y las noches que he pasado llorando por tu ausencia, he querido decirte que no he dejado de pensar en ti ni un día, que siempre te he deseado lo mejor aunque no estés aquí conmigo, he querido escribir para decir que te he extrañado más de la cuenta, he querido contarte que no he podido conocer a nadie que me encantará, que he espantado a cada persona que decida hacerme feliz, queda tan poco para que acabe el año y yo lo he podido dejarte ir. He querido saber si cuando se te cruza un recuerdo mío sonríes o te enfadas, he querido saber si haz pasado noches de calor junto a otra mujer, he querido saber si me haz extrañado. He querido llamarte para escuchar tu voz, he tenido miedo cada noche que entro al metro pensando que te encontraré, se me hace un nudo en la garganta cada vez que pienso en ti. He querido decirte que te extraño mucho.
Ojalá algún día coincidamos en otras vidas, ya no tan tercos, ya no tan jóvenes, ya no tan ciegos ni testarudos, ya sin razones sino pasiones, ya sin orgullo ni pretensiones, ojalá. Y es que tenemos la mala costumbre de querer a medias, de no mostrar lo que sentimos a los que están cerca, tenemos la mala costumbre de echar en falta lo que amamos, solo cuando lo perdemos es cuando añoramos. Tenemos la mala costumbre de perder el tiempo, buscando tantas metas falsas, tantos falsos sueños. Tenemos la mala costumbre de no apreciar lo que de verdad importa, y solo entonces te das cuenta de lo que de verdad importa.
Charles Bukowski
Excesos
“Ni de casualidad nada vuelve a ser igual dos veces”, escribió en su cuaderno de notas. Y retomando su cigarro consumido por el aire de su monoambiente, pensó en voz alta: Ginebra.
Teresa ocultaba todas tus posesiones de valor en una diminuta caja que poseía la grandeza de un sombrero de mago. Guardaba esas cosas que para ella y para nadie más tenían ante todo una carga emocional y en último lugar recuerdos de su vida en Buenos Aires.
Pinceles que la acompañaron en las tardes más grises. Una piedra marrón hojalata en forma de corazón, que obtuvo en un campamento a los 10 años. Un dedal que alguien le regaló simulando ser un beso de Peter Pan. Veinte centavos de euro, un real, un dólar americano, dos pesos argentinos edición 2007 con la imagen de las Islas Malvinas, un diminuto peso argentino edición 2010 de Mar del Plata, 50 centavos de euro, un peso uruguayo al que solía llamarlo “una mulita”, un dije hecho con una moneda aplastada de 10 centavos y una insignia escrita del zoo de Luján, un desptapador de cerveza marca Isenbeck, un lazo de la marca Hermés, una cinta con las características de Capricornio (reflexiva, confiable, segura, disciplinada, reservada, tranquila, perseverante, prudente, divertida, fiel, responsable, paciente. Pocas de estas virtudes eran ciertas en ella). Una cruz de madera. Una cruz egipcia, símbolo de la vida eterna. Un dije del árbol de la vida que cargo en su cuello durante toda su infancia. Un prendedor con forma de perro, que debajo decía “perro”. Un anillo con forma de delfín, muchos dijes coloridos con forma de Budas, muchos dijes, incontable cantidad de dijes. Un candado de algún viejo diario íntimo. Cuatro plumas negras, un zapatito de metal, una medalla partida al medio con la mitad de una mariposa color rosa, un aro con forma de calavera. Y en medio de sus tesoros reposaba un anillo desgastado con un nombre escrito en mayúsculas. Ese nombre que reflejaba en su rostro lo que sentía cada vez que no se animaba a mencionarlo, porque de todas las estupideces que era capaz de cometer, esa era la peor.
Su error siempre fue admitir el problema, pero nunca hacer nada por cambiar la situación. Sólo dejar que este ahí, que el tiempo lo conserve y la polución lo desgaste.
Una noche de Enero, un extraño le obsequió a Teresa esta conclusión que con dolor guardó en su cuaderno de notas:
“Podes escribir mil noches y mil días. Escribir en movimiento o en calma, desnuda o con el alma llena de sentimientos. Pero cuando todos tus apuntes contienen las mismas palabras, igual sentido, si la idea persiste… hasta no dejarla salir por completo, no vas a poder escribir. El bloqueo no es real, tenes atorado un pasado en la cabeza. Escribí, pero escribí con el corazón y nunca te leas”
Como Jane Austen ella era mitad agonía mitad esperanza. No tenía la capacidad de cambiar destinos, pero si podía cambiar vidas. No pertenecía a este mundo. Tampoco lo hacía el dueño de ese nombre que fingía esconderse pero salía en busca de luz ni bien veía la oportunidad. Eran dos seres que gozaban de hacerse felices y luego miserables.
Volviendo los ojos a su caja, no pudo más que a pensar en Ginebra. La Utopía de Tomás Moro se situaba en la vieja Europa. En realidad no quería escapar lejos, ansiaba encontrarse en camas que no fueran la suya, quería ser la causa de un insulto por desvelo, quería ser un silencio compartido sin convertirse en incomodidad. Un incendio en los ojos, un libro en la espalda desnuda de dos amantes. Una caricia a destiempo. Ella quería encontrar la forma de volver a escribir sin recurrir a la maldición de ese nombre. Necesitaba motivos que la mantengan a salvo.
Teresa y Tomás.
Ginebra no es un buen lugar para deudores, mucho menos para aquellos que osan robar abrazos destruye huesos, porque esos abrazos realmente son los que reconstruyen vidas. Y una persona con este increíble sentido universal, no debe estancarse en Suiza.
La caja, el cuaderno de notas, Ginebra, Tomás y todos sus errores no son más que mil vidas dentro de una vida y todos sus cuentos. Porque Teresa padece un bloqueo creativo, esa clase de crisis que atraviesan los que ya dijeron todo lo que tenían por decir.
Ese noche el monoambiente lució más pequeño que nunca, su huésped se hallaba ahora en el cielo de Suiza, junto a Cobain, luchando mano a mano por una fúrcula de pavo.
-A.
No me pregunten
En cada estornudo se nos escapan recuerdos, y es que en realidad ellos encuentran la forma de salir por sí solos, sin preguntar si hacen bien en irse, porque creo que al estar tanto tiempo encerrados se van convirtiendo muy de a poquito en sombras, sin ocupar espacio, sin estorbar, sólo permaneciendo cubiertos de más recuerdos y otras cosas que a esta altura parecen no tener mucho sentido. Como esa canción que no dejo de tararear ó las lágrimas que también eligen abandonar este recoveco que alguna vez tuvo color.
Es verdad que no hay verdad que pueda salvarnos cuando ya nada nos alcanza.
Me gusta pensar en otras realidades, en mundos que se complementan y lo que no sale bien acá, fluye allá, y así, y viceversa. Y en todo lo que sana mi espíritu y en lo que a veces lo contamina. Me gusta pensar en canciones y libertades, me gusta jugar a soltar y sentir y básicamente me gusta pedir lo que nunca me van a dar, está bien así para mí.
Son momentos de adrenalina y cartas guardadas de viejos amores. Es un viejo amor, siempre lo es. El motor de un corazón que no late por el bombeo de sangre, late por amor. Somos amor en todas sus formas y a veces soledades.
Puede ser que la lluvia tenga mucho que ver y que me atormenten esas voces que no me dejar ser, o me empujan a lugares donde no quiero estar. Puede ser que el silencio me traiga risas que prefiero no escuchar y tanta magia termina viendo la luz (no la quiero expandir). Y puede ser, no hablo con seguridad, que ni el tiempo borra olores que aún hoy me hacen suspirar. Hoy escribo para dejarlo ir.
Transitar la vida mediante palabras es quizás, la forma más digna y admirable de hacer realidad una utopía. Y lo aplico también a los besos.
¿Cuántas veces un libro no salvó de caer; nos sacó a flote; nos regaló un nuevo comienzo o nos ayudó a soltar? Ese viejo apunte de la facultad que guardamos por miedo a perder eso que alguna vez sentimos al leerlo por primera vez. Todos los miedos tienen un poco que ver con eso, la forma en la que reprimimos lo que nos hace feliz y nos alejamos del centro, de nosotros mismos. Nos despertamos sin preguntas, con recuerdos que se escaparon mediante estornudos y van por ahí creando Vida, sin artículos, sin predicados, siendo sujetos atados a un plano existencial que no acepta realidades, pero si futuros gloriosos. ¡Cómo me gusta la palabra realidad!
Como las pieles al rozarse, las lágrimas de felicidad, como postergar el reloj 5 minutos más, como navegar por la serenidad, como el mar, fumar y ser libre, el olor a libro nuevo, como el agua, como encontrarte en los ojos de alguien más. Así se siente.
No quiero escribir más.
-A.
Para mí, una crisis interior es siempre un signo de salud. En mi opinión no supone otra cosa que un intento de volver a encontrar el propio yo, de conseguir una nueva fe. Entra en un estado de crisis interior todo aquel que se plantea problemas intelectuales. Esto es perfectamente lógico, puesto que el alma ansía armonía, mientras que la vida está llena de disonancia. Es esta contradicción la confirmación de nuestra profundidad interior, de nuestras posibilidades espirituales.
Andrei Tarkovski
Sinestesia
No quiero tirar al viento el sentimiento de estar arriba y después caer perdiendo mi realidad. No quiero nada que me aleje un poco más de tu falsa sinceridad, ni de esta estabilidad que me genera tener tu huella en la espalda cada vez que tomas una copa de más.
Un día llegaste con promesas y te instalaste con esa puta alevosía a la que de a poco aprendí a acostumbrarme, porque te aseguro no sos canción ni carnaval, sos perfidia y asedio, sos cada momento que no dejo que te vayas pero muero porque no estés. Sos yerba y la guitarra de mi primo sonando en verano incansablemente, sos la punta de mis dedos rozando las rejas del Jardín Botánico cada domingo de 1998. Sos el recurso literario de todas mis estrofas, sos aliteración cuando tu nombre me suena a felicidad, sos pleonasmo reiterado e innecesario, sos antítesis cuando estás ausente, sos epíteto de un adjetivo tan inútil como indispensable, sos oxímoron de mis sintagmas, sos el libro que idealicé a mis 16 años y por miedo a encontrarlo estúpido jamás volví a leer. Sos intención y dudas, sos mis miedos escapándose cuando siento que te pierdo, sos orden y reiteración.
Sos la contradicción más linda que mi mente inventó. No espero respuestas de preguntas que nadie formuló. Dejame dejarte hoy acá y no volver a romperte las ganas nunca más. No me dejes olvidarte y regalame lo poco de ansiedad que heredaste de esas noches en donde reinaba la paz entre los dos. No te ahogues en papel, no consumas más de lo que podes pagar. No pidas favores prestados, bien sabes que estamos condenados a padecer triunfos que no nos pertenecen ni con un poco de caridad.
Puede que no me reconozcas ni con los tatuajes porque deje los cuentos atrás. Y todo lo que alguna vez dije o pensé sobre la unidad no es más que una consecuencia del exceso a vos y tu reiterado antojo de mascarme y escupirme. Yo tenía ganas de quererte y vos querías descubrir que se siente enredarse a alguien. Bailamos y nos enamoramos y todo lo que vino después lo soñamos, como te sueño ahora cada vez que te invento para no perderme.
Sumergite una vez más a esta paradoja y borrame las pesadillas con tu voz de fondo diciendo “dame amor o muerte”, dame la seguridad de que te vas y ni siquiera el universo se va acordar.
-A.
Esnifar sueños
“No hay régimen de vida al que el hombre no pueda habituarse” sentenció el joven mientras observaba la ciudad de Berlín desde su viejo departamento.
Todas las noches luego de evaluar parcialmente los portales electrónicos de sus amigos, se dirigía al gran ventanal que cubría por completo el frente de su dormitorio y sin más vueltas, sacaba un paquete plástico del primer cajón de la mesa de luz, ubicado al lado de la cama matrimonial. Y con envidiable entusiasmo armaba su cigarro. Este sistemático método resultaba para él una especie de ritual, el momento predilecto del día. Probablemente hubo heredado aquella afición al tabaco armado por parte de su abuelo paterno, Vincent. Un hombre distinguido en la aristocracia de la entonces Checoslovaquia.
Particularmente aquella noche, al fumar su primer pitada pudo sentir el placer de saberse finalmente en casa; una casa que no se parecía en lo absoluto a su antiguo hogar, pero que sin embargo mantenía la esencia de su añorada juventud, con algún que otro lujo más.
Allá por el año ‘88, sus padres firmaban contrato con una inmobiliaria, que además de dólares se llevaba consigo los miedos de la pareja.
Milan creció en el barrio porteño de Belgrano, vivió una infancia feliz y sostuvo un acaudalado porvenir. Con el transcurso del tiempo se fue convirtiendo en un ejemplo para la alta sociedad y su padre emabajador.
Cuando el hijo prodigio finalizó sus estudios decidió dar la vuelta al mundo en 365 días. En aquél viaje conoció a un personaje clave en la historia, Camille, una francesa que robó el rumbo de todos sus sueños y por qué no de sus proyectos.
Los dos enamorados compartieron 43 días de un intenso amorío.
Al día 44, Milan encontró a los pies de la cama, una carta de la dulce C, apodo que ella llevaba con elegancia. Al leer las líneas escritas en inglés, el porteño, comprobó tristemente que su amada debía partir y continuar su viaje para enmendar errores, pero el futuro sería un determinante para ambos. El sitio: Alemania, El día: cuand fuera capaz de perdonarla.
Todos esos recuerdos se proyectaban en su memoria mientras esnifaba mentiras en polvo y terminaba su tabaco.
Unos minutos atrás, cuando el departamento le parecía familiar, podía figurarse feliz. Ahora su vida se encontraba inmersa en una humareda de decepción. Su abuelo el aristócrata, sus perfectos padres, el barrio que lo vio convertirse en hombre, Buenos Aires, sus amigos que tan lejos habían quedado y el recuerdo de una vida de desarraigo. Nada parecía tener sentido, ni siquiera el hermoso ventanal que le permitía contemplar la inmensidad de la ciudad, sus calles y la terraza descolorida del bar frente a su piso.
Esa noche no tenía nada de particular, ni la luna llena ni la magia del pestillo roto finalmente abriéndose. El muchacho sacó la cabeza y pasó sus brazos sobre la baranda, observó nostalgicamente el cielo, suavemente, sin prisa, sin motivos y con la mente en blanco.
Cerró los ojos y la felicidad volvió a su cuerpo. Cuando finalmente los abrió, pudo ver a Camille parada en la terraza del bar, llenando de color el lugar.
-A.
No des tantas vueltas, el mundo gira igual.
Autorrefencial: memorias de un alma errante
Él la amaba por cada motivo que ella desconocía. La quería irremediablemente por cada uno de sus lunares, por sus tontas manías y su vulgar facilidad para autodescribirse y llamarse a sí misma como "artista"; ¿Acaso podría él alguna vez conocer a otra mujer con dicha facilidad para enfurecerlo, al punto de elaborar mil formas distintas para robarle el oxígeno? Claro que no. El lo sabía mejor que nadie. La única manera posible de robarle el oxígeno comenzaba con posar su mano derecha en la comisura de su boca, rozar sus grandes hoyuelos de a poco, con el dedo meñique, subiendo lentamente y finalizando ese acto de apatía a la antigua: con un beso. Pero no un beso cualquiera, un beso lleno de color; porque no había en esta galaxia nada que le gustara más que los colores, ella era así, impredecible como un estallido de pintura sobre el umbral de un montón de frases sin sentido, inalcanzable como un arcoiris.
Pocos sabrán como era ella, pero puedo asegurar que cada hombre que lea estas lineas podrá pensar en este momento en aquella mujer, porque en el fondo del corazón vive el primer amor.
Anna era especial en cada aspecto que a ella concierne. Lo tenia todo y no tenia nada, era un cliché. Salida de una película de los 60 o tal vez de los años 30, todo dependiendo de su estado de ánimo. Probablemente ella creía ser Audrey Hepburn, o Frida Kahlo, tal vez Anna Karenina o la famosa Anna de los Beatles; indiscutiblemente ella se sentía parte de Milan Kundera y su filosofía. Por las noches solía imaginarse a sí misma hablando en Checo, luego desistía de la idea al recordar que su inglés era casi tan malo como su hebreo. Anna solamente tenia la capacidad para imaginarse hablando un buen español, o eso intentaba.
Además de querer saberlo todo, ella era aficionada a la lectura, a los rusos como Dostoievski y los latinos revolucionarios como Galeano. El motivo real de sus extraños gustos radicaba en su educación: Anna era autodidacta, aprendía lo que quería, cuando lo quería. Para buena suerte de todos, Anna gustaba de aprender. Podía pasar noches enteras en internet o rodeada de libros, ocasionalmente terminaba de leer un libro, la satisfacción más grande la encontraba leyendo varios a la vez.
Cuando él la conoció ella estaba marcando un mapa con un resaltador rosa, dibujando corazones y contorneando aviones. Sea cual fuera la acción que llevara a cabo, siempre iba a carecer de sentido alguno, porque así era ella. Detrás del mapa, con una letra pequeña y redondita escribió prolijamente:
“Prometo no perder mis libertades por ceder individualismo. Prometo estar dispuesta a dejar que las cosas simplemente me pasen. Y que lo que me pase no seas cosas, sino experiencias. Cambiar en tanto ese proceso este acompañado de aprendizaje. Asumir que probablemente en muchas situaciones el tiempo va a decidir por cada uno de mis impulsos y no enojarme cuando se presenten obstáculos que no estoy dispuesta a saltar, porque si me dan a elegir voy a preferir esquivarlos. Prometo no tragar miedos ni tampoco escupirlos, prometo ahuyentarlos a km de mi, convertirme en el miedo de mis miedos y ser amiga de mis emociones. Cuando pueda ver que esto es a prueba y error, espero finalmente seguir con los pies enlazados al suelo, nunca anclados. Así de esa manera voy a estar preparada para seguir camino, buscando mas formas de solucionar insignificancias que me aquejan.”
Cuando terminó de escribir, dobló el mapa y lo apoyó en la arena. Todo el rato que Anna demoró, él se mantuvo a su lado, sin poder dejar de mirarla a los ojos y pensando en el grado de concentración de esa chica y sus mejillas rosadas. Torpemente levantó el papel y lo leyó a gran velocidad, respondiendo casi a los gritos y atravesado por un infinito nudo de tristeza: “No puedo prometer lo mismo, porque si a mi me dan a elegir, voy a querer permanecer el resto de mi vida buscando la forma de que pienses que finalmente nos encontramos y acá estamos compartiendonos.”
Todo lo que sucedió después queda a disposición del que guste repasar los recuerdos del corazón.
El dolor es mental, interno, se mantiene en uno y sucede que a veces algo barato resulta caro, algo así como enamorarse de la persona correcta en la vida incorrecta. Ese fue el Karma de todos los que pasaron por la vida de la chica de los colores; pertenecía a todos pero no permanecía con nadie.
La tarde en que todo sucedió, las personas que estaban allí cerca sufrieron una leve intoxicación, que sucede cada vez que dos almas que vagan por la inmensidad, se encuentran desprevenidas en el mismo plano existencial.
Una vez un testigo describió aquella sensación como “un fueguito que entra sin motivos por algún lugar del cuerpo y despacito baja rompiendo el paso de aire para depositarse de por vida en el corazón”. Esa misma sensación llega acompañada de personas.
Esta intoxicación de gran magnitud a nivel terrenal, es conocida como Amor.
Anna tenía un enorme espíritu altruista, lo veía como una vocación. Por eso fue que eligió postergar la unidad con su alma correspondiente para otra vida futura, así salvaría de la intoxicación masiva a muchos inocentes.
Muchos años más tarde, bajo la promesa de la perpetuidad, ambos mantienen su verdad. Seguros de pertenecerse, aún en la distancia. Sin poder evitar sentirse, saberse reales, dolerse todos los días a través del tiempo y salir vivos de un presente inconcluso y una historia efímera.
-A.
Manifiesto de la vida de un artista, de Marina Abramovic
La conducta del artista en su vida:
Un artista no debe mentirse a sí mismo u a otros.
Un artista no debe robar ideas a otro artista.
Un artista no debe hacer concesiones consigo mismo o con el mercado del arte.
Un artista no debe matar a otro ser humano.
Un artista no debe hacer de sí mismo un ídolo.
Un artista no debe hacer de sí mismo un ídolo.
Un artista no debe hacer de sí mismo un ídolo.
La relación del artista con su vida amorosa:
Un artista debe evitar enamorarse de otro artista.
Un artista debe evitar enamorarse de otro artista.
Un artista debe evitar enamorarse de otro artista.
La relación del artista con lo erótico:
Un artista debe desarrollar un punto de vista erótico en relación al mundo.
Un artista debe ser erótico.
Un artista debe ser erótico.
Un artista debe ser erótico.
La relación del artista con el sufrimiento:
Un artista debe sufrir.
Del sufrimiento surge el mejor trabajo.
El sufrimiento trae transformación.
A través del sufrimiento el artista trasciende su espíritu.
A través del sufrimiento el artista trasciende su espíritu.
A través del sufrimiento el artista trasciende su espíritu.
La relación del artista con la depresión:
Un artista no debe estar deprimido.
La depresión es una enfermedad y debe ser curada.
La depresión no es productiva para un artista.
La depresión no es productiva para un artista.
La depresión no es productiva para un artista.
La relación del artista con el suicidio:
El suicidio es un delito contra la vida.
Un artista no debe suicidarse.
Un artista no debe suicidarse.
Un artista no debe suicidarse.
La relación del artista con la inspiración:
Un artista deber mirar profundamente dentro de sí en busca de inspiración.
Cuanto más profundo mire dentro de si, más universal se vuelve.
Un artista es universo.
Un artista es universo.
Un artista es universo.
La relación del artista con el autocontrol:
Un artista no debe tener autocontrol de su propia vida.
Un artista debe tener completo autocontrol de su obra.
Un artista no debe tener autocontrol de su propia vida.
Un artista debe tener completo autocontrol de su obra.
La relación del artista con la transparencia:
Un artista debe dar y recibir al mismo tiempo.
La transparencia significa receptividad.
La transparencia significa dar.
Transparencia significa recibir.
La transparencia significa receptividad.
La transparencia significa dar.
Transparencia significa recibir.
La relación del artista con los símbolos:
Un artista crea sus propios símbolos.
Los símbolos son el lenguaje de un artista.
Por lo tanto el lenguaje debe ser traducido.
Algunas veces es difícil hallar la clave.
Algunas veces es difícil hallar la clave.
Algunas veces es difícil hallar la clave.
La relación del artista con el silencio:
Un artista debe comprender el silencio.
Un artista debe crear el espacio para que el silencio entre a su obra.
El silencio es como una isla en medio de un océano turbulento.
El silencio es como una isla en medio de un océano turbulento.
La relación de un artista con la soledad:
Un artista debe hacerse de tiempo para largos períodos de soledad.
La soledad es extremadamente importante.
Lejos del hogar,
Lejos del taller,
Lejos de la familia,
Lejos de los amigos.
Un artista debe permanecer mucho tiempo en cascadas.
Un artista debe permanecer mucho tiempo en volcanes en erupción.
Un artista debe permanecer mucho tiempo mirando ríos torrentosos.
Un artista debe permanecer mucho tiempo mirando el horizonte donde el océano y el cielo se unen.
Un artista debe permanecer mucho tiempo mirando las estrellas en el cielo.
La conducta de un artista en relación al trabajo:
Un artista debe evitar ir al taller todos los días.
Un artista no debe tomarse su agenda de trabajo, tal como lo hace un empleado bancario.
Un artista debe explorar la vida y el trabajo sólo cuando una idea venga a él en un sueño, o
durante el día como una visión que surge como una sorpresa.
Un artista no debe repetirse a sí mismo.
Un artista no debe sobreproducir.
Un artista debe evitar su propia contaminación del arte.
Un artista debe evitar su propia contaminación del arte.
Un artista debe evitar su propia contaminación del arte.
Las posesiones de un artista:
Los monjes budistas aconsejan tener sólo nueve posesiones en la vida:
1 prenda de vestir para el verano,
1 prenda para el invierno,
1 par de zapatos,
1 bol para comida,
1 mosquitero,
1 libro de oraciones,
1 paraguas,
1 manta donde dormir
y 1 par de anteojos, de ser necesario.
Un artista debe estar advertido del mínimo de posesiones que debe tener.
Un artista debe tener más y más de menos y menos.
Un artista debe tener más y más de menos y menos.
Un artista debe tener más y más de menos y menos.
La lista de amigos de un artista:
Un artista debe tener amigos que alegren su corazón.
Un artista debe tener amigos que alegren su corazón.
Un artista debe tener amigos que alegren su corazón.
La lista de enemigos de un artista:
Los enemigos son muy importantes.
El Dalai Lama dijo que es fácil sentir compasión por los amigos, pero es mucho más difícil sentir compasión por los enemigos.
Un artista debe aprender a perdonar.
Un artista debe aprender a perdonar.
Un artista debe aprender a perdonar.
Diferentes escenarios de muerte:
Un artista debe ser consciente de su propia mortalidad.
Para un artista no sólo es importante cómo vive su vida, sino también como muere.
Un artista debe observar los símbolos en su trabajo como señales de diferentes escenariosde muerte.
Diferentes escenarios de un funeral:
Un artista debe dejar instrucciones antes de su funeral para que todo se haga según su voluntad.
El funeral es la última obra de un artista antes de su partida.
El funeral es la última obra de un artista antes de su partida.
El funeral es la última obra de un artista antes de su partida.
Sobre la Amia
Hablar de la Amia, es hacer un largo pasaje en la historia de nuestro país, de nuestra identidad y nuestros valores. El atentado sucedido en 1994 fue sin dudas una de las mayores tragedias por la que atravesó la Argentina y todo el pueblo judío; dejando secuelas imposibles de remediar en el inconsciente colectivo de una sociedad que lucha contra la impunidad de aquellos sectores que quieren hacernos creer que la desidia es inherente al sentido común.
¿Qué clase de sentido común es ese que experimenta con la vulnerabilidad de las masas? Resulta casi imposible pensar en este tema y no encasillarlo en un arquetipo de tabú. En tanto no encontremos la solución a la paz debemos convivir con la reticencia de todo aquel que carga con una mochila de malestares. No resignarnos a esperar que ese sentido común del que hablamos sea ampliamente incorporado sino que debemos ser parte de ese cambio, mediante la empatía.
Para los usurpadores de la memoria, para los ladrones de la palabra, esta larga historia de la dignidad no es más que una sucesión de actos de mala conducta, decía ciertamente Eduardo Galeano.
-A.
"Un fama jamás se enamora de un cronopio. Los famas solo se enamoran de famas"
Es que es la forma de mirar las cosas cuando llegan lo que hace se queden de otra manera en vos.
Quisiera creer que se encontrarán en Mendoza o en Milán, volver a nacer en el 3000 o liberarse a este sentir.