En mi infancia, aprendí a callar.
Aprendí que sentir era peligroso.
Que si lloraba, molestaba.
Que si pedía, era demasiado.
Crecí intentando no incomodar,
tratando de merecer amor con buenos modales,
siendo obediente, invisible,
esperando que alguien se diera cuenta
de que también yo necesitaba cuidados.
Me acostumbré a no recibir,
a ver el amor como algo que se mendiga,
como algo que hay que ganarse.
Y ese vacío, ese hueco que nadie llenó,
lo fui arrastrando como una sombra.
Y ahora, cuando me enamoro,
mi niña interior se despierta.
Quiere asegurarse de que no la abandonen otra vez.
Entonces me vuelvo intensa.
Y me pierdo por completo en el otro.
Me convenzo de que si soy lo suficientemente buena,
Pero siempre termina igual:
repetida en otro cuerpo, en otra historia,
reclamándole al amor que no me salve,
sino que por lo menos no me rompa.
Y en mis relaciones, es ella la que ama.
¿esta vez sí me van a querer?
Hoy empiezo a entenderlo.
Que no soy difícil de amar.
Solo estoy tratando de sanar con los recursos que tengo.
Y quizá eso sea amar también:
aprender a no castigarme por lo que no fue mi culpa.
Y atreverme a construir, poco a poco,
Una donde yo también me quede.
Y no busco interrumpir tu voz.
Tampoco vengo a calmar tu llanto,
ni a cubrir con frases lo que ha costado años sentir.
No para llenar los vacíos que otros dejaron.
Estoy porque mi estar no responde a lo que falta,
No necesito que me dejes entrar.
cuando aún no sabíamos pronunciar nuestros nombres.
Esa niña que vive en ti,
la que teme, la que grita, la que mendiga amor,
no tiene que callarse frente a mí.
solo hago espacio para que exista
sin que le duela tanto ser.
No hay deuda entre nosotros.
No hay contrato disfrazado de destino.
Solo un lugar que se abrió en mí
cuando tu voz tocó esa fibra antigua
que nunca aprendió a olvidarte.
Tú puedes ir, volver, temer, sanar, gritar.
Pero sabrás, sin explicación,
sino como quien reconoce.
No te pido que me cuides.
Ya aprendí a quedarme conmigo.
Y desde ahí, desde ese espacio no condicionado,
No espero que me ames sin miedo,
ni que me comprendas sin dudas.
No para aliviar la raíz de tu dolor,
sino para honrar la raíz de lo que eres:
Entera, incluso cuando partes.