EL TORO:
En el fin de la luna de Xabán del año 158, el aire del desierto estaba muy claro y los hombres miraban el poniente en busca de la luna de Ramadán, que promueve la mortificación y el ayuno. Eran esclavos, limosneros, chalanes, ladrones de camellos y matarifes. Gravemente sentados en la tierra aguardaban el signo, desde el portón de un paradero de caravanas en la ruta de Merv. Miraban el ocaso, y el color del ocaso era el de la arena.
Del fondo del desierto vertiginoso (cuyo sol da la fiebre, así como su luna da el pasmo) vieron adelantarse tres figuras, que les parecieron altísimas. Las tres eran humanas y la del medio tenía cabeza de toro. Cuando se aproximaron, vieron que este usaba una máscara y que los otros dos eran ciegos.
Alguien (como en los cuentos de Las mil y una noches) indagó la razón de esa maravilla. "Están ciegos", el hombre de la máscara declaró, "porque han visto mi cara".
Jorge Luis Borges - "El tintorero Enmascarado Hákim de Merv" - Historia Universal de la infamia.
Ilustración: Alberto Breccia.
















