Mi nombre es Philip Croise, en realidad es Felipe Cruz, pero el extranjerismo le da más cache, de hecho, no hay que buscarle tanto para descubrir mi verdadero nombre. Fui policía durante muchos años, después, me retiré por cuestiones personales y porque no aguantaba tanta mierda de corrupción en el sistema. Me aventure a abrir mi propia empresa de investigación, y hasta la fecha me ha ido bien, no tanto por lo económico, pero si por los casos que me encomiendan, algunos muy difíciles, pero otros, son tan obvios que cualquiera con un teléfono inteligente y las aplicaciones adecuadas los pueden resolver.
Curiosamente cuando empezó esto de la pandemia los casos se acrecentaron, la mayoría por esposas infieles y frustradas; y maridos desesperados y celosos. Sin embargo, este caso es especial.
Llego a mi despacho una hermosa mujer cincuentona, me explico el caso: el prometido de su hija había amanecido muerto a mitad del camino, en su calle, en la colonia popular. En esa área había mucho vandalismo y los muertos aparecían de vez en cuando, a nadie le importaba, la mayoría eran ajustes de cuentas por parte de los grupos delincuentes que pululan en la zona.
Se trataba de un joven de veinticuatro años, amaneció muerto, a mitad de la calle, Romeo Valadez, era un excelente joven, se iba a casar con Verónica, su novia de veintidós años de edad e hija de la señora Georgina Pérez, una señora muy respetada por la gente de la colonia, y mi cliente.
Sus familiares lo querían mucho por que era un hijo ejemplar, no tenia vicios, le gustaba el deporte, el futbol americano para ser exactos. Era fan de los jefes de Kansas, recién habían ganado el súper Bowl, Estudiaba en la facultad de derecho en la universidad, llevaba dos años de noviazgo con Verónica. Por lo que su familia próximamente política lo conocía bien, era admirado y bien recibido por todos, en la escuela siempre destacaba, su rendimiento académico era ejemplar, tenia becas que lo ayudaban y futuras propuestas de otras universidades como intercambio estudiantil, tenia un futuro prometedor como abogado.
Apenas rayando el sol, la policía llego y tapo el cuerpo con una sabana blanca, los vecinos no tardaron en acercarse a ver que había sucedido y preguntaban: “¿Quién había sido el muertito esta vez?”
¡Muero por una hamburguesa! Hace días que el doctor me las prohibió porque contienen un exceso de grasas saturadas, y que pueden aumentar el riesgo de una enfermedad cardiovascular o generar algún tipo de cáncer. Pero es que las hawaianas están deliciosas, mas por su piñita, que quién sabe que les ponga doña Chelo, que le quedan deliciosas, pero dice el doctor que la diarrea, que la colitis, que la colitis purpura trombótica, que el síndrome hemolítico y no se que tantas cosas más dice, pero que pueden llevarme a la muerte. Si supiera la delicia que se pierde no me diría tanta sandez.
Y así comenzó mi investigación, hay varios sospechosos en la colonia; los jóvenes que estaban reunidos allí como cuchicheando cosas, son de los que reparten la droga al menudeo, tienen sus redes bien tejidas, y ganan buen dinero, aunque todo el tiempo están en la calle, decidí preguntarles a ellos primero ¿si habían visto algo? ¿Si conocían al difunto? Pero como era de esperarse nadie dijo nada.
Encontré a uno de ellos en la noche y lo aborde, le dije que no le haría daño, aunque mi uno ochenta de estatura fuera imponente para aquellos que en la media solo llegaban a uno sesenta y cinco. Le di quinientos varos, pero no les hizo caso, hasta que dupliqué la cantidad tres veces, ya me dijo cosas. Como que el “Gordo” era su jefe, y que este le reportaba al “Chacaro”, quien, aunque estuviera en la cárcel seguía moviendo a todos los malandros de la zona; todos le guardaban respeto, ya era un señor viejo y había tenido problemas con la mayoría de los vecinos, sin embargo, su presencia hacia que nadie de las colonias aledañas se metiera con ninguna persona del barrio. Lo habían metido a la cárcel hace poco, porque defendió a uno de sus sobrinos. Resulta que los chamacos eran busca pleitos y se pelearon con otros de otra colonia, la que esta cerca de la avenida principal y llegaron a su casa todos golpeados, el “Chacaro” se enojo y les pregunto: “¿Quienes habían sido?”, le dieron santo y seña. El “Chacaro” juntó a sus cuates y fueron a cobrar venganza, pero el chamaco que le había pegado al sobrino del “Chacaro”, sabia pelear. El “Chacaro” con una sonrisa malévola en la boca los echo a pelear de nuevo, uno a uno esta vez, pero el chamaco de la avenida le volvió a dar otra madriza, uno a uno, así seis de los de la banda del “Chacaro” que decían que eran buenos para el trompo resultaron ser unos habladores. El “Chacaro” le reconoció al chamaco que era bueno pal trompo, pero que esta vez se iba a rifar otro tiro, ahora con él.
El “Chacaro” era peleador callejero y sabia sus mañas. Tú ya estas muy viejo. Le dijo, te voy a madrear. Con una sonrisa socarrona y confianzuda. El “Chacaro” se enojo y cuando iba sobres, que sale el papá del chamaco; resulto ser policía y le disparo a las patas, el “Chacaro” también llevaba arma y le respondió. Y que empieza la lluvia de plomo. El policía salió herido en el hombro y por eso metieron a la cárcel al “Chacaro”
Pero, el “Gordo” mantuvo el orden.
- ¿Quién más le tenia tirria al finado?
- ¡Huy! Pos un chingo. El jefe de la colonia, don Chucho, mueve sus influencias y saca becas, de esas de apoyo que da el gobierno a los jóvenes y se entero el Romeo, una vez los vi discutiendo porque a Romeo le parecía injusto eso de estar haciendo tranzas y que no les dieran ese apoyo a quienes de verdad lo necesitaban. De ahí se agarraron coraje y se amenazaron, Romeo le dijo que si no se detenía iba a denunciarlo formalmente y don Chucho le dijo que se cuidara y velo ahí muerto.
Me encontré con don Chucho y le hice unas preguntas, era dueño de la tienda de la esquina, y tenia a sus trabajadoras, las cuales eran, algo comunicativas, y le informaban a don Chucho todo lo que escuchaban, sabían casi todos los secretos de la gente de la cuadra.
Conocía a Romeo, lo describió como un buen chico, muy inteligente. Le pregunte del altercado que tuvieron y que incluso llegaron a amenazarse. Don Chucho me dijo que él sabia que era un berrinche de jóvenes, y lo encaré, le pregunté de las tranzas que hacia con los apoyos del gobierno, me dijo que, para nada, se trataba de algo legal, les daba ese apoyo a las tres muchachas que trabajaban con él, pero que la gente hablaba y deformaba la información, me mostró los documentos y efectivamente, todo era legal y lo llevaba en orden. Pero me dijo que Romeo le tenia coraje porque un día una de sus muchachas le dijo a Romeo, o mejor dicho le insinuó, que si no le dolía la frente por tremendos cuernos que le estaban dibujando. El se enojo y me dijo que calmara a mis muchachas. Soltó una tremenda carcajada y al final me dijo que él no sabia nada más.
Regrese con la señora Georgina Pérez, mi cliente, y le solicite algunas cosas para continuar la investigación, entre esas cosas el teléfono de su hija y el acceso a su correo electrónico y sus redes sociales.
Se conocieron en la facultad, hace casi dos años, en una conferencia acerca de: “La necesidad del código penal y sus implicaciones” por el Maestro Víctor Serrano, en el auditorio “Mártires de la libertad”, desde entonces coincidieron en diferentes eventos y cuando se dieron cuenta ya se reunían para otras cosas, iban al cine, al teatro, la química fue inmediata, aunque el acercamiento tardo mas de tres meses, se hicieron novios y comenzaron a frecuentarse en sus respectivas casas.
La madre de él recibió a Verónica con gusto, era una niña inteligente y muy hermosa, la chica ideal para su hijo, pensaba. Por la parte de Verónica también recibieron con agrado a Romeo, puesto que el padre era seguidor de los jefes, hablaron de sus 61 años de historia, del súper Bowl del sesenta y nueve, de la colección de las playeras, etc., La señora Georgina lo trataba muy amablemente, casi como a un hijo. ¿Como a un hijo? ¿Acaso la señora Georgina había perdido algún hijo y por eso lo trataba de esa manera?
Cuando entreviste al papá de Verónica, no parecía estar muy contento, según los datos que tenía, se expresaba despectivamente de Romeo y que bueno que estuviera ya descansando.
- Mire, detective, le voy a hablar con franqueza, al principio me caía muy bien, pero sus frecuentes visitas se volvieron incomodas, sobre todo porque a veces venia cuando no estaba Verónica y Georgina lo atendía mejor que a mi.
- ¡Ah! Los celos, pensé. ¿Pero porqué matar al futuro yerno? A menos que…mmm. No, no creo. Aun así, tome nota para seguir con esa línea de investigación, no hay que dejar cabos sueltos.
- Al final es una tristeza que ese joven haya terminado de esa manera.
En lo que encontré de Verónica, fue más revelador, había un chico con el cual mantenía conversaciones muy intimas resulto ser el ex novio de Verónica, al parecer no habían terminado completamente.
Verónica me dijo entre lagrimas que una vez habían discutido en la universidad, Romeo y su ex novio por ella, pero había dejado muy claro a quién había elegido ella. Por supuesto que a Romeo.
El ex novio resulto ser un ex estudiante de derecho de la universidad, había dejado la escuela porque comenzó a trabajar para ayudar a los gastos de su casa, su madre estaba internada en un hospital y debía pagar las cuentas. No tenia padre, los abandono cuando el era muy pequeño.
Cuando me entreviste con él me dijo que desde aquel día había dejado a Verónica, pero que mantenían conversaciones muy de noche, fue un noviazgo muy lago desde que ellos iban en bachillerato, y era difícil dejar de amar a quien habías pensado que seria el amor de tu vida, sin embargo, respetó la decisión de Verónica, y desde entonces no la había visto.
Algo no cuadraba. Seguí con la línea de investigación de la señora Georgina, y allí en ese recóndito detalle me di cuenta que ella estaba enamorada de Romeo, y él correspondía, por eso las visitas, aunque no estuviera Verónica. Esa fue la razón por la que me contrato, porque quería saber si su esposo había sido quién lo asesino.
Habían pasado veinte días después de la Muerte de Romeo.
Revisando los periódicos de esos días descubrí que el “Chacaro” había escapado de la cárcel, decidido a buscar venganza seguramente, pero lo habían atrapado al día siguiente. Fui a preguntar al chamaco que les había ganado a los de la banda del “Chacaro” pero no habían sabido nada de él. Su padre, el policía que había sido herido, dijo que solo había sido un rozón y que de su cuenta corría que él nunca volvería a sentir lo que significa ser libre, que ya estaba sobre los de su banda.
Y que estaba seguro que había sido el “Chacaro” quién había asesinado al joven Romeo.
Busque al “Gordo” y sin darle nada de dinero, lo aborde y me dijo que tenia miedo del policía, que estaba sobre ellos.
Claro, pero yo no podía hacer nada, le dije que mejor se fuera de aquella colonia y que empezara una nueva vida, porque aquel policía no pararía hasta terminar con todos ellos.
Me dijo que había omitido decirme que vio al “Chacaro” el mismo día que escapo de la cárcel.
¿Porqué mató a Romeo? No tenia ninguna bronca con él.
El “Chacaro” vio a la señora Georgina besándose con Romeo, le dijo al papá de Verónica, puesto que eran muy buenos amigos y este le dijo que si lo mataba le ayudaría a lo que fuera. Cuando el “Chacaro” escapo de la cárcel fue directamente sobre Romeo, después se dejo atrapar. Confiando que don Fernando el esposo de la señora Georgina lo sacaría de prisión, pero hoy fue entregado a las autoridades y procesado por el delito de autoría intelectual.
El crimen no fue el asesinato de Romeo, sino el triangulo amoroso entre Romeo, Verónica y la señora Georgina.
Verónica, la hija de mi clienta, estaba a punto de terminar con Romeo puesto que se entero de la relación que tenía con su madre y no dijo nada, se lo contó a su ex novio y este vio una oportunidad para regresar con ella por eso se incrementaron los mensajes entre ellos.
Verónica enfrento a su madre porque le había robado al novio, y había engañado a su papá. Así que decidió irse con su ex novio.
Hay crímenes que no se pagan con la cárcel, sino con la muerte. Esta vez Romeo pago con su vida. Y la señora Georgina, descubrirá lo oscuro y frio de la muerte aun cuando todavía pueda respirar.
¡Diablos, como se me antoja una hamburguesa!