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Mi mente, mi contradicción.
Historias largas.
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Masterlist.
Pequeños escritos.
About me.
Mi mente, mi contradicción.
Historias largas.
Yo solo querÃa morir.
i did it
i did everything
i did the therapy
i did the meditation
i did the tea
i did the relaxation
i did the incense
i did the crystals
maybe i just don't have common sense
i hace no more tears left to cry
not 'cause i'm happy, but 'cause i'm dry
i cant tolerate this fucking lie no more
do this do that and you would be what your supposed to be
what goes around comes around
then what did i do that was so wrong
did i hurt someone? did i do something bad?
do i deserve being this fucking sad?
i cant stop thinking of you and everything you say
i tried to follow your advice
but how can i when i just kinda want to die
Its life just I dream?
Cause if it is i just wanna wake up
I wanna be who I dreamt of
not this messed up version I only see in the mirror
I'm tired of everything
everything but the dream I'm dreaming inside this messed up dream
does anything I say makes sense?
probably not, but again, who fucking cares?
who fucking cares if I'm happy
who fucking cares if I'm sad
the only think i absolutely know right now
its that I'm kinda mad
Maybe we are.
Maybe we are destined to be together.
Maybe there is a force of the universe that is trying to get our paths to crossed.
Maybe you actually are the person I should spend the rest of my life with.
Maybe you are the only person I am ever going to love.
And maybe only the last sentence it's true.
Mi mente, mi contradicción.
Nunca iba a entender mi mente.
TenÃa ganas de arrasar con todo, de ser la mejor, de esforzarme tanto que mis huesos dolieran, pero que mi satisfacción fuera mayor.
Y también tenÃa ganas de no mover un dedo por el resto de mi vida, de tirarme en la cama y desaparecer completamente, volverme una con la oscuridad y no volver a enfrentarme a nada nunca jamás.
Todos los dÃas es una lucha constante de que parte de mi mente ganara. Si la que está llena de esperanza y perseverancia, o aquella llena de un vacÃo doloroso e incontrolable.
Por ahora, siempre la segunda es la ganadora.
Infancia no tan inocente.
01; Infancia no tan inocente.
Anna preparaba la cena con una delicada sonrisa en su rostro, su pequeña Emma cumplÃa cinco años hoy e iban a celebrarlo con todos los vecinos.
Michael, el padre de su hija, no estaba tan feliz como ella, a él aún le dolÃa que su familia no viniera a ver a su pequeña niña.
Si bien ya habÃan pasado casi seis años desde que la joven pareja huyera de la ciudad y se mudara a un pueblo tranquilo para poder criar a su hija sin problemas, todavÃa no entendÃa como sus padres podrÃan mantenerle tanto rencor a su hijo menor.
Él sabÃa que se habÃa equivocado, que embarazar a su novia a los 19 años no era lo más inteligente que habÃa hecho en su vida, pero tampoco creÃa que fuera una razón suficiente como para que sus padres actuaran como si ninguno de los tres existiera.
Los padres de Anna, por otro lado, si vendrÃan a festejar los cinco años de Emma, y aunque se sentÃa feliz por su novia, no podÃa evitar sentir celos.
—¡Michael! —la voz de su amada lo sacó de sus pensamientos, Michael levantó la vista de la televisión, a la cual no le estaba prestando ni la más mÃnima atención y la dirigió hacia Anna—. ¿PodrÃas ir a sacar el pastel del horno? Estoy algo ocupada decorando los muffins.
—SÃ, mi amor —respondió mientras se levantaba del sillón para hacer lo que Anna le habÃa pedido.
Al mismo tiempo, en la habitación que quedaba detrás de la segunda puerta a la derecha, una pequeña Emma se frotaba los ojos mientras intentaba despabilarse, emocionada por su cumpleaños miró la hora en el reloj de su mesa de luz, 8:00 am marcaban los números en rojo, nunca se despertarÃa tan temprano un sábado, pero la emoción le ganó.
Mientras se estiraba con un fuerte bostezo y prendÃa la lámpara que tenÃa al lado del reloj, escucho como la puerta se abrÃa lentamente y por ella entraban sus padres, su madre tenÃa en sus manos una bandeja en la cual se encontraban tres muffins, y una taza de leche calentita para la pequeña.
—Que los cumplas feliz —comenzaron a cantar los dos mientras Emma se sentaba mejor en su cama con una sonrisa de oreja a oreja—. Que los cumplas feliz, pequeña Emma, te amamos muchÃsimo —su madre se sentó junta a ella en la cama y le dio un pequeño beso en la frente.
—Pide un deseo —le dijo Michael después de imitar la acción de Anna.
Emma, cautivada por el brillo y los diferentes colores que largaba la llama de la vela en uno de los muffins, se tomó su tiempo antes de soplarla para apagarla, sus padres pensando que estaba considerando bien su deseo, sonrieron, pero la niña no fue capaz de pensar en que desear, ya que su mente estaba muy distraÃda viendo como danzaba el fuego.
Ese es el primer recuerdo que tiene Emma en el que se quedara impresionada por la fuerza del fuego, en cada cumpleaños se quedaba unos minutos admirando como la vela se derretÃa por la calor.
El año pasó rápidamente y antes de darse cuenta se encontraba sentada en la mesa principal de su casa detrás del pastel de chocolate con seis velas mientras sus abuelos maternos, su tÃa con sus dos primos, y sus compañeritos de la primaria le cantaban el feliz cumpleaños.
Pero la primera vez que Emma pidió un deseo a las velas de su cumpleaños fue en el número siete. Deseó que su padre volviera a ser el mismo hombre amoroso que era hace unos años, que dejara de golpear a su madre y que su ropa dejara de tener ese olor tan repugnante.
La sonrisa de Emma se desvanecÃa a medida que pasaban los años, al igual que la de Anna, lo que empezó siendo una pequeña pero bonita familia viviendo en una cabaña, poco a poco se convirtió en el infierno mismo.
Pero habÃa algo que Emma no comprendÃa, su maestra de catequesis les enseñó que el infierno era un lugar lleno de fuego donde ardÃas por la eternidad, pero ella en su hogar se sentÃa tan frÃa, que no entendÃa por qué su mamá uso esa palabra cuando describÃa su hogar a su amiga en el teléfono.
—Gracias, mi amor —respondió Anna con una triste sonrisa mientras tomaba el hielo de las manos de su hija de ya ocho años.
El ruido del portazo que Michael habÃa dado antes de irse de la cabaña resonaba aún en los odios de Emma.
Su madre se levantó del suelo y se dirigió al freezer para sacar una paleta de helado de frutilla, le retiró el envoltorio y se arrodilló frente a su hija, ofreciéndole la paleta con la misma sonrisa triste que tenÃa antes.
—¿Por qué no vas a tu habitación a comerla? —preguntó, necesitando que su hija se fuera por un momento para poder derramarlas las lágrimas que amenazan con salir de sus ojos, de los cuales uno de ellos se volvÃa cada vez más oscuro debido al golpe proporcionado por el padre de su hija.
Emma asintió y abrió la puerta de su habitación, no querÃa dejar sola a su madre, lo único que querÃa era abrazar y largarse a llorar en sus brazos, mientras pedÃa a ese Dios del que tanto hablaba su maestra que la ayudara.
Pero Emma comenzaba a dudar cada vez más de si sus plegarias servÃan, ya que todo parecÃa empeorar cada dÃa.
Mientras comÃa el helado de frutilla se arrodilló frente a la mesa de luz, abrió el cajón y sacó una caja de fósforos, junto con una de todas las velas de cumpleaños pasados que tenÃa guardadas.
Al mismo tiempo que controlaba su respiración e intentaba evitar que las lágrimas cayeran prendió la vela violeta de su octavo cumpleaños y dejó que la cera cayera en el piso para poder mantener la vela pegada allÃ.
Mientras comÃa el helado su mente divagó, y se preguntó si esto era algo que todos los niños de su edad hacÃan, una vez que el palito quedó vacÃo lo tiró en el cesto de al lado de su cama y sentada junto a la luz de la vela, se sentó con las piernas cruzadas dejando que lágrimas silenciosas cayeran por sus mejillas.
QuerÃa ir corriendo a abrazar a su mamá, pero hacÃa tanto tiempo que no recibÃa un abrazo ella misma que ya no recordaba como demostrar cariño sin sentirse incómoda.
Mientras la vela se consumÃa, Emma dejó salir un suspiro cansado y se preparó para ir a dormir, mañana era jueves y no podÃa esperar a ir a la escuela y alejarse de su casa. Aunque algo le dolÃa al hacerlo, porque si bien ella escapaba por un par de horas, su madre no podÃa, ella se quedaba en la casa con su padre y Emma no querÃa ni imaginar lo que pasaba cuando ella no estaba.
Una vez que la vela por fin se terminó y la habitación se sumió en una total oscuridad, excepto por la luz roja que emanaban los números de su reloj, Emma entró en la cama ya con su pijama.
Casi no durmiendo de lo ansiosa que estaba para poder irse, fue capaz de escuchar como la puerta se habrÃa cuando su reloj marcaba las 2:00 am y supuso que su padre habÃa vuelto.
Temió por su madre quien compartÃa habitación con él y trató de dormirse recordando que el tiempo pasarÃa más rápido si estaba dormida, y con un potente dolor de cabeza, fue capaz de dormirse después de ver 2:45 en el reloj.
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Yo solo querÃa morir. Masterlist.
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00; Introducción.
Sus ojos pasaron del encendedor en su mano a las gotas de gasolina que se encontraban en el suelo, sabÃa que una vez que lo soltara no habrÃa vuelta atrás, que todo terminarÃa.
Un suspiro escapó de sus labios mientras una pequeña sonrisa se asomaba. Al fin, todo terminarÃa.
Su madre le habÃa advertido que no lo hiciera, pero ni ella misma fue capaz de seguir su propio consejo. Emma realmente no querÃa morir, pero no veÃa otra solución, y la verdad la muerte no era lo peor, especialmente cuando su madre ya no estaba con ella para decirle que hacer.
Cerró los ojos y lentamente dejo que el encendedor escapara de sus manos, la flama que salÃa de él se mezcló con el lÃquido aceitoso que embarraba el césped y aquella pequeña luz se convirtió en una gigante llamarada.
El calor la empezó a rodear, y si bien estaba asustada, habÃa decidido horas antes que no llorarÃa, ni gritarÃa por más dolor que sintiera, y justamente eso era lo que estaba haciendo.
Las llamas la empezaban a consumir, su vestido blanco iba desapareciendo y su piel se chamuscaba con el fuego, se comió todos los gritos posibles, pero hubo uno más rebelde que ella misma y escapó de su boca tan potentemente que estaba segura de que alguien la podrÃa haberlo escuchado, incluso cuando se encontraba internada en el medio del bosque, y sabÃa que la persona más cerca estaba a kilómetros de ahÃ.
Una vez que el sol salió y las llamas fueron apagadas por la lluvia de la madrugada ya no habÃa rastro de Emma, más que aquellas cenizas mojadas que quedaron en el suelo.
Y mientras una vida terminaba prematuramente, en la cabaña al inicio del bosque otra vida iniciaba.
La joven Anna daba a luz a una pequeña bebé en la comodidad de su cama sosteniendo la mano del padre de su hija. Llorando de felicidad una vez que tuvo a su bebé recostada en su pecho, él la miró con una sonrisa de felicidad tan pura y le preguntó;
—¿Decidiste ya el nombre?
Anna levantó la vista hacia el amor de su vida y con los ojos iluminados de tanto amor respondió; —Emma, su nombre es Emma.
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About me.
Mi cabello, mis manos, mis ojos, mis labios, mis piernas, mi piel.
Son partes de la cosa que más odio; Yo.
Tal vez es porque me enseñaron que jamás voy a ser suficiente. Tal vez es porque yo sé que jamás voy a ser suficiente.
O tal vez, solo tal vez, es porque cuando al fin creà que era suficiente, me demostraste que tan equivocada estaba.
—Blondhellx
(english blog)