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Sus manos se entrecruzaron rodeando su delgada cintura. El masculino estaba obteniendo su atención, puesto no era común su pensar comparado a los demás individuos que habitaban en el refugio, al parecer él tenía los pies en la tierra, algo que le parecía sensato. —Y sin embargo nosotros nos encontramos al margen de la realidad,” afirmó. Desde su llegada no había momento que no quisiera golpear a alguien, le era desesperante el hecho de que todos estaban tan tranquilos en su propio mundo, marcando un desinterés de la realidad. “¿Cuál es la realidad del por qué estás aquí?” Cuestionó con firmeza, estaba convencida de que no era el lugar para él. Gran parte de sus enseñanzas en el ejército comprendían el actuar humano, movimientos y habla eran lo esencial para analizarle. Y, ahí estaba la morena, observándole con suma atención.
“Nosotros.” Deje de ironía en el extranjero acento mientras entrecierra los orbes. “No podría saberlo.” No la conoce y viceversa. Si acaso ella piensa que hay una conexión germinando entre ambos en ese punto, Cyrus todavía no lo cree así. Aunque no es de extrañar, más allá del caos en los presentes días, el británico siempre se mostró reservado frente al prójimo. En la actualidad es lógico que el muro que arrastra consigo haya crecido y endurecido. Su cabeza da un giro, no encuentra más que oscuridad en esa área de la prisión pero eso es mejor que darle la oportunidad a la mujer de asomarse en sus facciones, estudiarlo. Es la pregunta que acaba de hacer, le aturde... Es mucho lo que ha visto y tenido que soportar. “Una mujer.” Responde de pronto, tensando la mandíbula. Acto reflejo, dedos diestros acarician la cruz de oro que adorna su cuello. “Llegué a pensar que podría estar aquí, pero ya estuve buscando por todos lados y preguntando... Nada.” Niega con la cabeza y su atención recae en la castaña.














