Hacer paisajes (urbanos) reales.
En 1997, en Johannesburgo, vacié un estanque de agua situado frente al hall de exposiciones donde se exhibía una de mis series de fotografías como parte de la II Bienal de Johannesburgo. Llamé Erosion (Erosión) a esta intervención inesperada. Se bombeó el agua del estanque y se vertió a la calle, donde se convirtió en un pequeño arroyo que bajaba por una zona de aparcamiento y atravesaba un pequeño parque, arrastrando suciedad y hojas de árboles. La gente de la ciudad se vio obligada a saltar el arroyo o a cambiar su dirección para no mojarse los pies. Este cambio en el entorno urbano creó una leve fricción, una interrupción en el modo en como normalmente se movía la gente. La fricción es necesaria para ejercitar la crítica; ofrece la posibilidad de debatir desde diferentes puntos de vista. En urbanismo la fricción evoca un momento en el que de repente te ves a ti mismo y a la ciudad desde un punto de vista diferente. En mi opinión, el éxito de un espacio reside precisamente en el grado en el que el espacio permite al usuario reflexionar por qué tiene el valor o por qué carece de él, una evaluación que viene provocada por la fricción. Mi arroyuelo introducía, pues, una mirada crítica temporal al conocido espacio público de Johannesburgo.
Encuentros de Fricción, Olafur Eliasson (2009)










