Les deseamos un muy feliz 2022 a todos los que nos han seguido y colaborado en el sitio en este tiempo. Aunque hoy el último día que esta página estará en línea, estén atentos a nuestro canal de YouTube donde, quizá, algún material de los films desde Dr No hasta Otro Día Para Morir aparezca en algún que otro momento. El resto de la web y redes sociales permanecerá intacto, nada se borrará pero nada nuevo se agregará.
Que tengan un hermoso comienzo de año, y nunca se olviden...
JAMES BOND NUNCA MUERE
Luego de más de ocho años en línea y difundiendo material exclusivo e inédito del mundo de James Bond en el país, Bond En Argentina cesará sus actividades a partir del 31 de diciembre de 2021. A continuación, unas palabras de nuestro editor explicando los motivos de esta decisión.
Queridos lectores,
Quiero comenzar estas palabras agradeciendo profundamente a todas las personas que colaboraron con este espacio desde sus inicios en mayo de 2013, ya sea contribuyendo material, artículos, cediendo entrevistas o incluso invitando al sitio a participar de eventos virtuales o presenciales. La cosa no es con ustedes.
Hace unos 20 años, el productor Michael G Wilson decía que “si hay una película de James Bond en la que nadie quiere trabajar, esa es la última película de James Bond”. Llegó el 28 de septiembre de 2021 y el Royal Albert Hall proyectó por primera vez en el mundo la última película de James Bond. En ella no sólo trabajó Michael G Wilson, junto a la también productora Barbara Broccoli, sino que también lo hicieron varios miembros regulares de la saga: los guionistas Neal Purvis y Robert Wade, el diseñador de títulos Daniel Kleinman, el supervisor de efectos especiales Chris Corbould, y hasta contó con la participación post-mortem de John Barry con la inclusión de “We Have All The Time In The World”, tema romántico de Al Servicio Secreto De Su Majestad, en versión instrumental (y luego, en los créditos finales, la versión vocal de Louis Armstrong).
Sin Tiempo Para Morir hace lo que ninguna película de James Bond se atrevió a hacer: mostrarnos cómo es un futuro sin James Bond. No basta solamente ver a nuestro héroe en una situación sin salida, desesperanzado, acorralado, y entregándose a la muerte bajo una lluvia de misiles; sino que también tenemos que ver como personajes no creados por Ian Fleming, su mujer Madeleine y su hija Mathilde, usurpan su vehículo y hasta dicen su frase insignia hablando de “un hombre llamado Bond... James Bond” poco antes de los créditos finales. Antes de que pregunten, el final que Ian Fleming escribió para su creación transcurre en la novela El Hombre del Revólver De Oro (1965) en un hospital, donde Mary Goodnight atiende a Bond tras su brutal batalla contra Scaramanga, y 007 -además de rechazar un titulo nobiliario- reconoce que el romance con ella no durará precisamente por su rechazo a la monogamia. Ergo, la muerte del James Bond cinematográfico tiene el efecto de una macabra sorpresa de EON Productions rumbo al 60 aniversario. Y el mensaje es muy claro: puede haber futuro sin el agente 007. Mensaje precisamente contradictorio al que se ha dado generación tras generación desde 1962, especialmente en 1995 cuando Pierce Brosnan demostró que no importaba ni el fin de la Guerra Fría, ni la predominancia de mujeres en cargos ejecutivos dentro de áreas de Defensa, ni el auge de las computadoras o la internet, ni nada de eso para que el personaje de Ian Fleming siga coexistiendo en GoldenEye. Como ya dije antes en mi crítica, del mismo modo que GoldenEye me hizo fan de James Bond hace 23 años, Sin Tiempo Para Morir logró alejarme completamente de lo que sea que preparen para el futuro del personaje.
¿Futuro del personaje? ¿Pero cómo, no es que murió? Bueno, yo me hago la misma pregunta. Los créditos finales dicen “James Bond Volverá”, y eso es justamente lo que me hizo pensar sobre cuál será este futuro y qué posición tomará esta página.
Como yo lo veo, existen tres posibilidades: que retomen desde lo que dejó la era de Daniel Craig, con lo cual Bond en realidad no moriría y resurgiría mediante cirugía plástica o algo así en otro actor; que retomen desde donde lo dejó Pierce Brosnan, con lo cual la era Craig sería una ciclo separado; o que hagan otro reboot como lo fue Casino Royale, otra vez mostrando los orígenes del personaje pero adaptados a la década de 2020. Tengan en cuenta que, cualquiera sea el rumbo a seguir, difícilmente tengamos novedades pronto.
Dicho esto, francamente no estoy interesado en ninguna de las tres posibilidades. Y este es el motivo principal por el que decido terminar con esta página a fin de año y continuar con otros proyectos, ya sea libros o artículos. No voy a dejar a James Bond de lado, pero me voy a limitar hasta la era de Pierce Brosnan. Tengo aprecio por algunos films de Craig, más por lo que representaron en mi vida que por su calidad como película en sí, pero honestamente ni ganas tengo de volver a verlos, ahora sabiendo que conducen al funesto y lacónico destino del protagonista. Sinceramente no tengo deseo de participar en celebraciones del 60 aniversario después de Sin Tiempo Para Morir. Personalmente no tengo nada que festejar, aunque no quiero arruinarle la alegría a nadie.
Estoy al tanto de que Ian Fleming Publications nos presentará una nueva novela de James Bond escrita por Anthony Horowitz en 2022, pero nuevamente transcurrirá en el pasado, en el medio de dos libros de Fleming como viene sucediendo desde 2008 (a excepción de Carta Blanca, de Jeffery Deaver, que no tuvo éxito intentando hacer una reinvención del Bond literario). Por otra parte, la compañía que representa los derechos de Fleming ha avalado una serie de novelas escritas por Kim Sherwood ambientadas en la actualidad sobre otros agentes 00 que no son 007, en un contexto donde... “Bond está desaparecido, quizá muerto”. Muchos no coincidirán conmigo, pero todas las señales nos hablan de un futuro sin Bond, o de un Bond que no puede ser admitido y aceptado en este presente y futuro, o -incluso- de un Bond desprovisto de su esencia para cumplir con los mandatos de la década del 2020.
Una cosa es que la prensa crea que 007 ya no da para más, que no podría sobrevivir a los cambios sociales y geopolíticos del mundo, como pasaba a principios de los años 90. Pero que EON e IFP se hagan eco de eso y admitan visiblemente que efectivamente 007 ya no da para más y no puede sobrevivir al futuro (#MeToo, BLM y cualquier movimiento que ande dando vuelta por ahí), me decepciona profundamente.
Desde el 29 de septiembre hasta hoy, mi desgano por mantener esta web fue creciendo poco a poco. Me insume mucho tiempo y ya estoy con otras actividades fuera de Bond, además de mi otra web The GoldenEye Dossier, y la continua promoción de mis libros, que pueden ser adquiridos a través de MercadoLibre en su versión digital. La cuestión es que con esta película no puedo ya ver a James Bond como una totalidad, sino como un par de 20 películas aisladas (24, siendo muy generoso), porque hablar de James Bond como fenómeno implicaría admitir su final en la ficción.
Pensé en varias posibilidades respecto al sitio. Una de ellas era, como en mi vida personal, limitarme a Brosnan, es decir, hasta 2002 ó 2004 contando los videojuegos. La otra era tirarle algún que otro palo a la era de Craig por dejarnos en este estado. También consideré cederle la web a alguien más y dejar que otro la continúe a su manera. Pero por varios motivos no me pareció que era lo que debía hacer: principalmente porque esta web siempre se caracterizó por la objetividad y tratar a todos los actores por igual, tratando de evitar favoritismos. Verán que varios tuits criticaron el tema de Billie Eilish de la última película y ni siquiera respondí, sólo por ese motivo. Muchos criticaban a Craig, otros a Brosnan, otros a Moonraker, otros alababan a Dalton y a Skyfall... pero la web siempre trató de evitar entrar en la ruta de la polémica y el debate y simplemente servir como muestrario de lo que la saga había dejado en nuestro país, independientemente de juicios de opinión.
Pero la objetividad tiene un límite, y el límite ha llegado con el film de Cary Joji Fukunaga. No puedo hablar de esa película como una más, ni siquiera la concibo como una de la saga. No me complace hacer una especie de “CraigNotBond.com” en este espacio, pero tampoco me complacería sonreír con cada idea nueva que EON nos quiera presentar de acuerdo a los requerimientos de personas o lobbies que, digamos la verdad, nunca fueron fans de Bond. Respecto a dejarle la conducción del sitio a alguien más... tampoco me gustaría ver que mi creación vaya en contra de mis ideales, o tener que estar supervisando el contenido y restringiendo a alguien de expresarse como más desee. No me parecería justo para ninguna de las dos partes.
En cuanto a la permanencia del sitio, pueden tener la certeza de que nada de lo publicado será borrado ni en la web, ni en redes sociales como Facebook, Twitter o YouTube, es decir que el material escaneado y subido podrá ser accedido a través de los años sin inconvenientes. Nada tiene marcas de agua, y la idea siempre fue hacer este archivo público, por lo cual pueden tomar todo lo que hay ahí y usarlo como crean conveniente (aunque se agradece mucho el crédito).
De corazón quiero pedirles disculpas a todos los que le tomaron cariño a la web o la sintieron como un punto de encuentro virtual. Pensé simplemente dejar de actualizarla, pero no me parecía digno alejarme así nomás, sin dar explicaciones. Los invito a seguir a Archivo 007, El Informe de James Bond y James Bond Colombia, excelentes páginas o cuentas en español para todas las novedades sobre la continuidad de la saga. A ellos también les agradezco por su incondicional apoyo en todos estos años, también a Lucas Manuel Rodríguez por sus impecables contribuciones que enriquecieron profundamente el sitio, y a Adrián Escudero por un invaluable material de archivo que fue básicamente la esencia de la página.
Con la satisfacción de haber hecho un gran trabajo a lo largo de estos años, y de recibir grandes elogios, quiero cerrar esta publicación recordando el gran legado de Ian Fleming, Albert R “Cubby” Broccoli y Harry Saltzman. Y, por sobre todas las cosas, evocando la alegría que nos daba ver a James Bond 007 en la pantalla grande: la ansiedad de ver los círculos blancos y el gunbarrel, la belleza de todas y cada una de las compañeras de nuestro agente, lo idílico de las locaciones exóticas, el satisfactorio final de ver al villano derrotado y al guerrero teniendo su reposo. Y esa admiración única que durante tantos años evocó James Bond: el hombre que todos los hombres soñábamos ser, que todas las mujeres deseaban amar. El que representaba el triunfo del bien sobre el mal. El hombre que a diario se rodeaba de muerte, y que era justamente eso lo que le daba el ímpetu de mantenerse con vida y disfrutar de un sinfín de placeres.
Puedo pensar que James Bond murió con Daniel Craig, o que vive con Pierce Brosnan. Siempre, a cualquier edad y en cualquier circunstancia, en inglés o en español, voy a elegir lo segundo.
Gracias por tanto.
Nicolás Suszczyk
Editor y fundador, Bond en Argentina
En Argentina no hay mucho de James Bond para ver. Ni exposiciones al estilo de Bond In Motion, ni shows del estilo del Secret Cinema de Casino Royale o su versión en concierto con la banda sonora interpretada en vivo. Ni siquiera tenemos la fortuna de poder ver nuestras queridas películas reestrenadas en el cine. Hoy por hoy, lo que tenemos es Sin Tiempo Para Morir con su “final épico” que a muchos dejó gritando como el Tano Pasman cuando River se fue a la B. Pero por suerte siempre hay una alternativa para los que quieren algo más nostálgico del mundo de 007 y es ahí donde entra en nuestras vidas esta joven cantante llamada Grisel D’Angelo.
Como Shirley Manson en el videoclip de “The World Is Not Enough”, tema de Garbage para El Mundo No Basta (uno de sus temas y films favoritos), Grisel combina una bella voz con una deslumbrante apariencia en sus eventos de Jazz Bond que comenzaron en 2018, y entre Martinis que pueden disfrutar los invitados, nos ofrece versiones “jazzeadas” de esos míticos temas que adornaron las películas de Sean Connery, Roger Moore y Pierce Brosnan. El último show, del pasado 9 de octubre, nos presentó también una versión de “No Time To Die”, el tema de Billie Eilish para la última película de Bond y algunos hits de producciones afines como Un Disparo En La Oscuridad (de la saga de “La Pantera Rosa”), Peter Gunn, Danger Man y Get Smart.
Cuando terminó el show, Grisel nos dedicó unos segundos para hablarnos de su conexión con el jazz, la música, los años sesenta y, por supuesto, su adoración por el inimitable estilo de 007.
¿Cómo fue que empezaste a interesarte por la música, y qué géneros te atrajeron más?
Si bien siempre me atrajo el mundo de la música y la fantasía de los escenarios, la entrada formal fue a mis diez años, cuando me mandaron a estudiar con una guitarra que según la leyenda familiar se la ganó mi mamá en una rifa casi a la misma edad. Luego la guitarra fue mutando en piano y finalmente el piano en canto como forma definitiva de expresión musical. Pero fue con películas de la era dorada de Hollywood cuando llegué al jazz, que era la música popular de la época y banda sonora de un sinfín de cuadros llenos de elegancia y glamour. Podría decirse que tengo nostalgia por una época que no pude vivir, como un Medianoche en París. Quizás si nacía en los años 40 vaya a saber que me gustaba…
¿Cuál fue tu primera conexión con James Bond y cómo surgió la idea de hacer el Jazz Bond?
En ese amor por las películas vintage y glamorosas claramente James Bond estaba en la lista de personajes y universos que me volvían loca. Un sujeto que salvaba el mundo en esmoquin, tomando martinis, con un desborde de carisma, rodeado de chicas Bond con una estética que me sigue alucinando. Y si hay algo que representa toda esa magia son justamente las secuencias de las aperturas, con un clima impresionante pero sobre todo con música soñada. Así que fueron muchos años de pensarlo y darle vueltas en mi cabeza hasta que finalmente en el 2018 me decidí a crear un show que incluya varias de estas piezas pero con el sello del jazz.
Los temas de Bond son muy icónicos y, aunque muchos se asocian con el jazz ("Goldfinger", por ejemplo), hay otros que tienen una onda más soul, rock o balada (como "GoldenEye", "Live And Let Die" y "Tomorrow Never Dies"). ¿Cómo fue la readaptación de esos temas en clave de jazz? ¿Dirías que fue un proceso fácil o difícil? ¿Fue algo que hiciste sola o con los miembros de tu banda?
Los temas de Bond parece que nacieron para ser jazzeados. Si bien hubo una selección que más que por adaptación fue por gusto, lo que hay en común es que son temas que tienen muy presente la orquesta y el leitmotiv. Entonces quizás el desafío fue intentar que suenen diferentes entre sí durante el show y ahí entran los arreglos que fuimos creando la primera vez que nos juntamos a ensayarlos con el ensamble, cada uno con su aporte e ideas, como convertir “Live And Let Die” en un boogie woogie, “Goldfinger” en cool jazz o "You Only Live Twice” en una suerte de bolero. Y siempre con una estructura minimalista donde la voz pueda fluir con un clima aterciopelado y onírico como el de las visuales de las aperturas.
Además de Bond, te atrae alguna otra saga de espías o detectives del cine, la tele o la literatura?
Es un rotundo sí. El universo de espías y detectives es algo fascinante desde lo estético y conceptual, hasta en lo musical, por eso a veces incluimos en el show algunas piezas de Henry Mancini para Peter Gunn, la icónica Get Smart del Superagente 86 o la soul bossa de Quincy Jones que suena en Austin Powers. No es muy de agente secreto spoilear que el próximo proyecto será rearmar el show de Jazz Bond para que se convierta en una noche de jazz detectivesco, donde Bond esté muy presente pero también incorporemos varias de estas piezas mencionadas.
Siempre me dio la impresión de que te atrae mucho la onda de los años 60, donde la música y el clima social era muy diferente a lo que vivimos hoy. ¿Dirías que hay algo que el mundo de hoy debería adoptar de esa época, o readaptarlo? (Puede ser la forma de vestirse, la música, la socialización)
Diría que casi todo. Desde el gusto personal considero que los peinados, la vestimenta, los colores y sobre todo ese beat musical es lo mejor que le pasó al mundo artístico. Pero especialmente la vanguardia, las ganas de crear, de buscar nuevos sonidos y esa calidad y auténtica revolución. Ahora hay una falsa sensación de revolución que a mi criterio es un chiquitaje: ¿una James Bond mujer? ¿con eso cambiamos al mundo? Ni hablar de que me resultan nefastas algunas corrientes que ahora son consideradas nuevas tendencias musicales, como el trap. ¿Es una forma de expresión? sí. ¿Es música? De ninguna forma. Cuando no tenés contra que rebelarte empezás a escribir canciones sobre el hecho de que te ofendió, por decir algo, el logotipo de un paquete de galletitas. En ese sinsentido casi que dan ganas de rebelarse contra esa falsa revolución o viajar en el tiempo al Di Tella donde quizás pensaban y hacían cosas un poco más interesantes.
Pueden seguir a Grisel en Facebook, Twitter e Instagram, y estén atentos a su próximo show.
Hoy se celebran 59 años del estreno de Dr No en el Reino Unido y por ende cada 5 de octubre se conoce como el “Día de James Bond”. La particularidad es que en este día, a diferencia de muchos otros, tenemos la posibilidad de ir al cine a ver una película de James Bond, que se llama Sin Tiempo Para Morir.
Siendo una de las más divisivas de la historia, muchos considerarán esto un motivo de fiesta, y otros no. Es comprensible en ambas situaciones. Pero el mensaje institucional que queremos dar es simplemente el de la foto que encabeza esta nota: Albert R “Cubby” Broccoli, Sean Connery, Harry Saltzman y Ian Fleming. Es el nacimiento de James Bond como mito popular. Su creador, su primer intérprete, y los hombres que lo llevaron al éxito mundial.
Nacimiento. Vida. Con esos dos conceptos celebramos este día de James Bond tan particular.
Feliz día de James Bond.
‘Sin Tiempo Para Morir’: 007, con licencia para insultar
Aunque como película con tintes de drama épico resulta algo efectiva, Sin Tiempo Para Morir supone un sonoro cachetazo en el rostro de quienes por tantos años han llegado convertir a James Bond en parte de su vida, tan fuerte como el que Paris Carver le pegó al 007 de Pierce Brosnan en El Mañana Nunca Muere.
SPOILERS MODERADOS
Los seis años que pasaron entre Licencia Para Matar y GoldenEye no me dolieron por dos razones: en primer lugar, era un niño. En segundo lugar, desconocía quien era James Bond y por ende no era entusiasta de la saga. Fue recién a principios de 1998, durante su estreno en TV, cuando esa gran película que marcó el debut de Pierce Brosnan como el agente 007 de Ian Fleming se convirtió en el film que marcó gran parte de mi vida.
Demás está decir que no me quedé ahí: GoldenEye me llevó a El Mañana Nunca Muere, a El Hombre Del Revólver de Oro, Moonraker, Vivir y Dejar Morir, las de Connery, las de Dalton, el Bond literario: Fleming y eventualmente los autores de continuación, algún que otro comic, y, por supuesto, los videojuegos. Era claramente un fan del Bond de Brosnan, pero también era fan de James Bond en todas sus expresiones. Y, a diferencia de muchos, no le di la espalda a Daniel Craig en aquél 14 de octubre de 2005 frente a tantos que me decían: “Che, por este ruso rajaron a Brosnan”. Lo acepté, cómo iba a negarme, si después de todo anunciaron una adaptación oficial de la primera novela de 007, Casino Royale, y nada más ni nada menos que dirigida por Martin Campbell, realizador de mi film favorito de todos los tiempos. Al final, la película me gustó mucho y sigue estando entre mis favoritas.
Avanzamos a mediados de 2021 y los seis años que separaron SPECTRE de Sin Tiempo Para Morir dolieron hasta la indiferencia. “Ya está, ya fue, la van a seguir posponiendo”, me decía, mientras me concentraba en el pasado de Bond o en otros proyectos. Finalmente llegamos al final de septiembre de 2021 y la película llegó. No hay más retrasos y ahora podemos verla en cualquier sala de cines de Argentina, pero cuando uno salga del cine -al menos, estoy fue lo que yo sentí- uno se pregunta si realmente los retrasos no eran por la producción o el coronavirus, sino porque el Universo no quería que esta película salga a la luz.
Y el primer mensaje que nos manda EON Productions es, lisa y llanamente, “hacemos lo que queremos”. Lo vemos desde el atípico gunbarrel inicial que burdamente emerge del logo de Universal Pictures y nos lleva a la escena inicial, con la imagen de Bond disparando que se funde en el paraje nevado nórdico que da principio al film para presentar un aspecto importante de la vida pasada de Madeleine Swann, el amor de 007 interpretada por Léa Seydoux que regresa de SPECTRE. A propósito, el iris de ese gunbarrel parece sacado de un banco de imágenes de la web y, lo peor, no hay sangre.
Los bochornos estilísticos de lo icónico de Bond no terminan ahí: los títulos de crédito principales de Daniel Kleinman, diseñador asignado a esa tarea repetidamente desde GoldenEye en 1995 a excepción de Quantum of Solace, presentan una iconografía que en sí es interesante, pero su ejecución es de lo más absurda y tiene más elementos digitales que el tsunami helado de Otro Día Para Morir que tantos fans criticaron. ¿De verdad Kleinman hizo esta secuencia? ¿No habrá puesto su nombre y dejado a algún pasante con la secundaria recién terminada? Ya vemos que esta película tiene, al menos en mi opinión, el peor gunbarrel de la saga y los peores títulos de crédito que jamás se hayan podido haber hecho para una de James Bond. Y nada más hablo de esa parte estilística que sólo a los fans nos importan.
Ahora, vayamos a la película en sí. Se agradece que el argumento o la intención del villano quiera ir un poco “más allá” de lo habitual. Bah, habitual en la era Craig, donde todo se limitaba a hacer un poco de dinero, envenenar una reserva de agua, matar a una vieja o infiltrar redes de espionaje. Lyutsifer Safin, el villano de Rami Malek, aprovecha una gran metida de pata de M (Ralph Fiennes) para poner al mundo a sus pies vía manipulación genética, con una intención que en esta época cobra mucha relevancia aunque en realidad se conecte mucho con Al Servicio Secreto De Su Majestad (hay varios “homenajes” a la única aventura de George Lazenby como Bond, cada uno más insultante que el otro, justamente por esta actitud de “hacemos lo que queremos” de la Sra. Broccoli), pero falta una explicación lo suficientemente satisfactoria de por qué Safin apunta a todo esto, cosa que sí teníamos en los villanos anteriores de Craig, nos guste o no en términos de desafíos para Bond.
Otra cosa que se agradece es que la actuación de Craig muestra una mejoría respecto a las anteriores: se lo siente más natural, con más soltura en el rol. Ana De Armas y David Dencik, en el rol de una agente de la CIA cubana y un científico ruso metido en los “tongos” de M, se roban la película y nos dan varias risas también. Muchos tenían sus reservas respecto al rol de Lashana Lynch, la nueva agente doble cero Nomi, pero no me desagradó tanto como esperaba su rol, aunque tampoco la sentí como alguien tan relevante en la historia salvo para fastidiar a nuestro héroe con la designación de su número.
Las escenas de acción entretienen mucho, diría que es lo más disfrutable del film junto con la fotografía de Linus Sandgren y la música de Hans Zimmer que no está nada mal. Son la única razón para ir a ver la película: un espectáculo de acción con mucho drama, olvidándote que es una de James Bond y pretendiendo que Daniel Craig y Madeleine Swann en realidad interpretan al “Nene” Carrizo y a la oficial Vega en un revival hollywoodense de Poliladron. No está mal como película de acción de tintes épicos con algún golpe bajo cada tanto, cosa que el director Cary Joji Fukunaga maneja bastante bien.
Pero el problema, mi gran problema, es que esta es una película de James Bond. La película número 25 de la saga. Y ahí ya entramos en un nicho donde la discusión va más allá de “buena” o “mala” en términos cinematográficos. Ya entramos en el terreno de lo innoble, lo insultante, lo blasfemo. “Buena” o “Mala” son términos que podemos usar para calificar cualquiera de las anteriores 24. Con la número 25, lo que se discute es el trato que se le dio a Bond, llevándolo al límite de lo irreconocible e insultando el gran legado de Ian Lancaster Fleming, o de los productores Albert R Broccoli y Harry Saltzman que lo concibieron de una forma muy especial, con dogmas tácitos que esta película rompe con el impacto de un ladrillazo sobre una ventana, como el Mayor Boothdroyd ejemplificaba respecto al poder de penetración del arma reglamentaria Walther PPK, 59 años atrás en Dr No.
Si Ian Fleming hubiera llevado a James Bond tan lejos en alguna de sus últimas novelas, ni me quejaría. Pero EON se tomó una atribución que ni Fleming ni ninguno de los autores de la continuidad siquiera imaginaron hacer, y ahí es donde está la falta de respeto hacia el que por tantos años llevó la antorcha de la saga frente a los que tanto creían que “Bond ya pasó de moda”.
No voy a revelar qué otra sorpresa hay, pero cuando escuché un clásico tema de Bond -en versión instrumental y luego, redoblando la apuesta, en su versión original interpretada por una inolvidable leyenda en la que fue su última grabación- me decepcioné brutalmente. Sin Tiempo Para Morir usa frases y motivos musicales demasiado circunscritos a un momento particular en la vida de James Bond, y robarle a ese Bond algo tan insignia para dárselo a Craig con esta actitud de “nosotros mandamos, hacemos lo que queremos” me incomoda tanto como la palmadita de Sean Connery a la masajista Dink en Goldfinger ofende a las generaciones de “fans” que recién hoy se percatan de que el agente 007 es un personaje que data desde 1962 y la primera película de la saga no fue Casino Royale en 2006.
Dicho esto, tengo que decir que no me llevo los mejores recuerdos de Sin Tiempo Para Morir. Agradezco muchísimo el evento organizado por la Embajada Británica y Universal Pictures al que fui invitado, que fue sin duda alguna el mayor tributo a James Bond de la noche del 29 de septiembre. Como película entretenida, vaya y pase. Como película número 25 de James Bond, es una daga en el ojo. Lo que siento por ella no es ni amor ni odio, es, más bien, rechazo. Un rechazo a tal punto que en la segunda función me retiré a los tres cuartos de la cinta y pienso hacer lo mismo cada vez que la vuelva a ver. Demás está decir que no pienso comprarla ni en DVD ni en Blu-Ray, ni comprar la banda sonora, y coleccionar de ella lo menos posible. Con gusto agregaría a la “no oficial” Nunca Digas Nunca Jamás como película número 14, convirtiendo a SPECTRE en la 25 y ahí quedamos con un “Bond 25″ no tan decente a nivel cinematográfico, pero al menos más respetuoso.
La ventana al increíble mundo de James Bond que me abrió GoldenEye se cerró, casi definitivamente, con los últimos minutos de Sin Tiempo Para Morir. Me duele hasta el alma escribir estas palabras, pero no puedo verlo de otra manera.
"James Bond volverá”. En lo que a mi respecta, volverá cada vez que vuelva a ver mis películas favoritas de la serie.
Nicolás Suszczyk
Participá de un evento especial en la Embajada Británica celebrando el regreso de 007
La semana que viene, la Embajada Británica en Argentina realizará un evento especial en la residencia de la embajadora Kirsty Hayes para conmemorar el estreno de la próxima película de James Bond, Sin Tiempo Para Morir, y vos -junto a un acompañante- podés estar entre los invitados.
Para participar del sorteo, simplemente tenés que responder al siguiente tuit siguiendo la consigna que solicita la embajadora Kirsty Hayes:
Nuestro agente secreto favorito 🕶️ está de vuelta y la Embajadora @KirstyHayesFCDO quiere invitarte a celebrarlo en su Residencia.
⬇️ Respondé la consigna debajo y ya estás participando. El lunes 27/9 anunciaremos quién ganó.#JamesBond #SinTiempoParaMorir #GreatFilms #Sorteo pic.twitter.com/G0PSAsFgky
Los ganadores serán anunciados el lunes 27 de septiembre por el mismo medio. Sin Tiempo Para Morir, protagonizada por Daniel Craig en su última aparición como el agente 007 de Ian Fleming y dirigida por Cary Joji Fukunaga, realizador de True Detective, se estrenará en Argentina el jueves 30 de septiembre.
A casi una semana de su estreno en el Reino Unido y muchos otros países latinoamericanos entre los que se incluye Argentina, Universal Pictures hay difundido hoy las notas de producción de Sin Tiempo Para Morir. El documento consta de unas 60 páginas que detallan la compleja producción y el argumento del film. Pueden haber algunos spoilers menores de la trama.
Comienza la venta anticipada de “Sin Tiempo Para Morir“ en Argentina
A partir de hoy, los fans de James Bond en nuestro país podrán reservar las entradas para ver Sin Tiempo Para Morir, la película número 25 de la saga y una de las más anticipadas tras un sinfín de demoras producidas por la pandemia del coronavirus (y algunos inconvenientes en la producción que se dieron entre 2018 y 2019).
Las entradas ya pueden adquirirse a través de la web de Universal Pictures Argentina y en la web de los distintos complejos de cine del país:
El último film de la era de Daniel Craig como 007 está disponible no sólo en formato convencional e IMAX, sino que será la primera película de 007 en la historia con proyecciones en formatos especiales como 3D y 4D.
En Sin Tiempo Para Morir, James Bond está retirado del servicio secreto y disfrutando una vida tranquila en Jamaica. Su paz se termina cuando su viejo amigo Felix Leiter, de la CIA, le pide ayuda. La misión de rescatar a un científico secuestrado es más peligrosa de lo que se esperaba, conduciendo a Bond a la pista de un misterioso villano armado con una peligrosa tecnología nueva.
La película dura 163 minutos, convirtiéndose así en la más larga de la saga. El reparto incluye a Rami Malek, Ana De Armas, Lashana Lynch, Dali Benssalah y David Dencik como personajes nuevos y a Léa Seydoux, Jeffrey Wright, Christoph Waltz regresando de films anteriores de este ciclo protagonizado por Daniel Craig. El film fue dirigido por Cary Joji Fukunaga, quien también colaboró en el guion junto a Neal Purvis, Robert Wade y Phoebe Waller-Bridge, más el trabajo no acreditado de Scott Z Burns.
Nuevo videoblog de “Sin Tiempo Para Morir” con Lashana Lynch y Ana De Armas
Universal Pictures difundió hoy un nuevo videoblog de Sin Tiempo Para Morir, donde Ana De Armas y Lashana Lynch hablan de sus personajes Paloma y Nomi, agentes (de la CIA y la MI6) que se unirán a James Bond a lo largo de la película.
Sin Tiempo Para Morir se estrena en Argentina el 30 de septiembre y será la aparición final de Daniel Craig en el rol del agente secreto de Ian Fleming. Las locaciones en la ficción incluyen Italia, Jamaica, Cuba y Noruega. El film está dirigido por Cary Joji Fukunaga.
Nuevos spots latinoamericanos de “Sin Tiempo Para Morir”
Con el film cada vez más cerca de su estreno en América Latina (30 de septiembre en Argentina), Universal Pictures ha difundido hoy algunos anuncios de corta duración que seguramente veremos en televisión muy pronto. Muchos de ellos tienen algunas tomas del film que no vimos antes, ni siquiera en los tráilers recientes.
En Sin Tiempo Para Morir, James Bond está retirado del servicio secreto y disfrutando una vida tranquila en Jamaica. Su paz se termina cuando su viejo amigo Felix Leiter, de la CIA, le pide ayuda. La misión de rescatar a un científico secuestrado es más peligrosa de lo que se esperaba, conduciendo a Bond a la pista de un misterioso villano armado con una peligrosa tecnología nueva. Con una duración de 2 horas y 43 minutos, es hasta la fecha la película más larga del agente 007.
La web francesa AlloCine ha difundido un sinfín de fotos de la próxima película de James Bond, Sin Tiempo Para Morir, a menos de un mes de su estreno en Argentina. Además de los protagonistas, como Daniel Craig, Léa Seydoux, Rami Malek y Ana De Armas, también podemos ver a personajes como el agente de la CIA Logan Ash (Billy Magnussen) y el desaparecido científico Valdo Obruchev (David Dencik), quien 007 deberá hallar para hacerle un favor a su amigo Felix Leiter (Jeffrey Wright). Publicamos algunas a continuación.
Gracias a nuestros amigos de Archivo 007 por avisarnos
Nuevo tráiler norteamericano de “Sin Tiempo Para Morir”
EON Productions ha lanzado esta mañana un nuevo tráiler de Sin Tiempo Para Morir, pensado para el mercado estadounidense. Al no haber existido ningún tipo de anuncio oficial, se cree que su publicación ha sido un error de programación y éste rápidamente fue bloqueado hasta que en horas de la tarde se difundió oficialmente junto con un tráiler internacional que -seguramente-será el que veamos subtitulado pronto.
El tráiler norteamericano realiza una breve retrospectiva de la era Craig, con imágenes y voces en off con diálogos de Casino Royale, Quantum of Solace, Skyfall y SPECTRE, finalizando con material sobre la nueva película, en la cual se infiere directamente que el plan del villano involucra un arma biológica y su obsesión con Madeleine Swann, el personaje de Léa Seydoux que vimos en el film de 2015.
Sin Tiempo Para Morir, dirigida por Cary Joji Fukunaga, se estrenará en Argentina el 30 de septiembre de 2021.
Nota del editor: la fecha de publicación original de este artículo iba a ser el 7 de diciembre de 2020, coincidiendo con el 25 aniversario del estreno de GoldenEye en cines argentinos. Desafortunadamente, problemas en el manejo del blog impidieron su publicación ese día, por lo cual decidimos que el mejor curso de acción era publicar este ensayo hoy, el 12 de junio de 2021, fecha que conmemora los 25 años del lanzamiento de GoldenEye en VHS por parte de AVH.
La película más importante de la carrera de Pierce Brosnan ha cumplido su primer cuarto de siglo. Una celebración a la que no le podía haber tocado peor año y que merecía un mejor escenario entre las efemérides bondianas, sin duda alguna. Esto estuvo lejos de limitar los festejos de la mano de sus más fieles adeptos y también contamos con dos encuentros virtuales de gran privilegio que incluyeron a dos miembros del elenco y al mismísimo director de GoldenEye (1995). Hoy, como ha sido usual en este espacio, nos concentraremos en cinco de los aspectos por los cuales consideramos que esta es -aun- una de las más grandes entregas de la franquicia y siempre desprendida de aquello que podría catalogarse estúpidamente con un mero recuerdo plagado de momentos nostálgicos, que pudieron haber envejecido para bien o para mal.
Presupuesto reducido y el todo por el todo
El período de seis años y medio sin estrenos de 007 en cines se mantiene como el más prolongado de todos. Hay amplias diferencias con la plaga de incertidumbres que nos atraviesan en este contexto pandémicos. Dos para tener en cuenta como principio son las señaladas por el director Martin Campbell en los últimos días: primero, era ilegal realizar una nueva aventura de Bond a causa de un litigio entre estudios que hemos destacado sobradamente en anteriores notas; segundo, no se sabía qué tan masivo podría haber sido el público de la década de 1990 para una emergente era del espía británico, por lo que Campbell tuvo que lidiar inevitablemente con una economía financiera el doble de inferior comparada a la de uno de los estrenos del año anterior y del mismo género, Mentiras verdaderas.
Esta condición presupuestaria aplicó en dispositivos infaltables para todo film de Bond, como los autos. Cada uno tuvo su particularidad, ya sea por préstamo o alquiler, como el Ferrari 355 rojo y el Aston Martin DB5; o el tan citado caso del BMW Z3, que no solo fue ofrecido en plena situación de rodaje y complicó las posibilidades de ser aplicado en escena, sino que solo existían dos prototipos para ese momento y exponer el único que tenían ellos en una secuencia de acción jamás fue una opción.
Nada de esto, según Campbell, redujo su capacidad de decisión a la hora de filmar. Fueron condiciones desafiantes, eso no lo puede negar nadie. Siempre respaldado por la dupla productora de Barbara Broccoli y Michael G.Wilson, como ha sostenido el director en cada comentario al respecto, algo que es tradición en la saga desde sus comienzos.
La tríada que nos acompañó en el festejo.
La herencia de los alemanes
En el audiocomentario en blu-ray –tanto la versión de 2012 como la de 2015- Martin Campbell destaca que Butch Cassidy and the Sundance Kid fue su gran modelo a seguir para la presentación de personajes, en particular por el uso de sombras y siluetas, como bien se percibe con los planos introductorios de Pierce Brosnan y Sean Bean en el prólogo ambientado en 1986.
Este aspecto de emplear las sombras y la oscuridad como recurso en vez de tildarlos automáticamente como defectos viene indiscutiblemente de los inicios del expresionismo alemán y uno de sus primeros herederos fue Orson Welles al aplicarlos en su opera prima, Citizen Kane. Lo que más retomó Campbell de la filmografía de Welles fue su rol antagónico como Harry Lime en El tercer hombre, algo que es por demás evidente en la segunda presentación de Alec Trevelyan a la mitad de GoldenEye. Por supuesto que el mismo dispositivo poético lo emplearon Sam Mendes y el ya mencionado dúo de productores al plantearse cómo introducir al personaje de Javier Bardem en su respectiva película.
Nunca es menor recordar que uno de los primeros trabajos de John Glen fue en la sala de montaje del film de Welles dirigido por Carol Reed. La iluminación, los focos y el ambiente neblinoso de El tercer hombre Glen los manifiesta con todo esplendor en Su nombre es peligro. Si hubieron dos películas de espías en los noventa que continuaron esta escuela, efectivamente fueron el debut de Brosnan como Bond y la Misión: Imposible de Brian De Palma.
Los alemanes tuvieron su presencia en la era Brosnan hasta en los autos, con el sello casi permanente de BMW. En el comentario que el actor irlandés brindó desde Hawai para Esquire hace unos meses, él afirma que siempre quiso manejar deportivos del calibre de Aston Martin y que su favorito de los que tuvo el honor de conducir es el V12 Vanquish de Otro día para morir, auto que amó incluso con su bastardeada condición de volverse invisible.
Saludos desde Hawái.
Alec vuelve de entre los muertos.
Mantenerse vivo
Brosnan nunca negó el nerviosismo a la hora presentarse al mundo como el quinto Bond. Tampoco que haya hecho caso omiso del espía de Ian Fleming para concentrarse exclusivamente en los estilos cinematográficos del personaje, fundamentalmente de Sean Connery y Roger Moore. No se trata de una imitación per se, es, más bien tomar una tercera posición entre los dos polos opuestos que son las figuras de ambas encarnaciones.
De eso se trata el primer Bond de Campbell, de mantener vivo al personaje, no con la frialdad que le expresa verbalmente el protagonista a Natalya Simonova, sino con la puesta en acción de elementos que no siempre son exclusivamente lo que dicen ser, que están para representar algo más y, por definición, son simbólicos.
Como Michael Mann en Fuego contra fuego ese mismo año y James Cameron en los años siguientes con Titanic, Campbell emplea constantemente y con distintos usos progresivos los colores azul, rojo y blanco. De hecho, Bond siempre oscila entre el azul y el negro en la continuidad de esta película, colores dignos de un heraldo solitario en narrativas universales. El rojo será reservado para cuestiones más pasionales y el blanco para los nuevos comienzos.
Por citar ejemplos, uno por excelencia es la avioneta soviética con la que Bond se salva segundos antes de escuchar las notas del tema de Tina Turner en el film. El vehículo es blanco, apunta hacia una nueva era para un personaje reconocido; tiene leves tonos de rojo en él, es el color del partidarismo comunista, pero también esa pasión en plena ebullición tras haber perdido una muy apreciada amistad con Alec; la avioneta, al final del comienzo, se dirige hacia el cielo y las sombras nevadas, ambas de un tono predominantemente azul. Concluyen los créditos de apertura, oímos el rugido del Aston Martin más clásico de todos los tiempos y lo primero que confronta un Bond con camisa azul es al rojo invasivo de Xenia Onatopp.
Estas idas y vueltas entre estos tres colores estarán presentes de manera operativa en el todo de la película. A tal punto que básicamente todas las banderas que aparecen en pantalla son las que cuentan solo con esos colores. Incluso en la primera alianza de un espía británico con otro norteamericano que vemos en este film, el automóvil de Jack Wade es azul y cuando abre su baúl para resolver una avería lo primero que salta a la vista son unos cables rojos. Esto se lleva a cabo constantemente sin caer en el reduccionismo unilateral de catalogar al azul como el color de occidente y al rojo como el de oriente, en medio de una Guerra Fría que se niega a reconocer su obsolescencia.
Azul, blanco y rojo desde el principio.
El heraldo azulado entre las sombras.
La doble faz jánica
El rojo también está para representar a ese cosaco que vuelve de la muerte. En ocasiones se ha señalado que, meses antes de este, el film Batman Forever contó con elementos que fueron plagiados en esta Bond. Alec tiene la mitad de la cara quemada como el Dos Caras de Tommy Lee Jones, ambos cuentan con un secuaz que es ávido en actividades informáticas y los dos aluden al dios romano del rostro dual. Sin embargo, ya hemos dicho que en GoldenEye la mayor aspiración es la polivalencia de significados, antes que la sugerencia. Elementos que circulan en la obra y ayudan a engrandecerla, pero no son de entendimiento obligatorio para ser gozada.
La dualidad es establecida para y con James Bond, no en beneficio del dios citado. Campbell lo dijo reiteradas veces, lo buscado desde el inicio ha sido que el personaje interpretado por Sean Bean fuera encarnado por un actor que tranquilamente pudiera ser Bond en esos tiempos. De ahí la ironía de una frase “mooriana” como la que le dice Brosnan a Q, “the writing’s on the Wall”, que, además de ser el posterior título de la canción de Sam Smith, es una expresión equivalente a “vérsela venir”. Eso que se ve venir, la traición de Alec, no es algo sacado de la galera, ni mucho menos predecible, es más bien, ese pasado gótico que viene, que vuelve a resolver conflictos personales en el presente. Algo que posteriormente veríamos en Skyfall y de manera inversa en SPECTRE porque es Bond quien lo hace volver.
El saludo compartido entre James y Alec, antes que redundancia, es una simetría perfecta puesta en escena a lo largo de tres actos claros. Primero en la base soviética con el nombre por delante (“James, for England”) y la devolución de su compañero con el nombre al final (“For England, Alec”). Después en el cementerio, el segundo encuentro entre los personajes, pero el primero entre enemigos confrontados, por eso el nombre es desplazado perversamente al final del saludo (“For England, James”), como un clásico villano de la saga, solo que usa el nombre de pila y no el apellido, debido al lazo del pasado. Por último, el símbolo en su definitiva lucidez, el villano duda (“For England, James?”) y el héroe responde en clave personal, que es por beneficio propio y con un primer plano que resalta una marca de sangre (otra vez el rojo, pasión, lo personal) en la frente de este, una vulnerabilidad fisiológica y heroica que emerge por primera vez entre todas las veces que estos dos personajes se confrontaron.
Primera sangre en la frente.
Las mujeres odian a Bond y sus exegetas también
Que todas las mujeres lo traten mal al conocerlo fue una de las metas que se autoimpuso Campbell. Reconocer los comportamientos polémicos del personaje y que cada mujer que comparte tiempo con él también lo haga. Por caso, Samantha Bond interpreta a la Moneypenny más ácida en 58 años de películas. No es un personaje tóxico, está vigente el coqueteo de siempre, pero también está harta de las sugerencias no correspondidas de su compañero. Xenia nunca tiene sexo con él, porque de hacerlo lo mataría. Natalya es muy reacia incluso en las dos primeras fugas que comparten juntos, la del helicóptero Tiger y la de la celda. Y la M de Judi Dench, bueno, esto también lo dijo el director infinitas veces, le dice la frase más citada de la película… no sin reconocer, con gestos breves, lo indispensable que es Bond para el Servicio Secreto.
Esta abundancia de absurdos anti-masculinidad no está para avalar la extinción de los hombres en el inminente siglo XXI. Paradójicamente, sí está para combatir estructuras patriarcales, de las que muchas almas desconocedoras, aseguran, aparecieron por primera vez en Casino Royale o Skyfall. Tampoco fue inventado en este film. Brosnan lo dice claramente en el video publicado por Esquire, el revisionismo y cambiar al pasado nunca es la respuesta, no se puede pensar si nuestra única historia es amnésica. Lo cual no implica que el presente tenga que hacer oídos sordos ante posibles soluciones de índole inclusiva. Él recuerda haber visto la primera Bourne en cines meses antes del estreno de su última 007 y haber entendido que las reglas del juego para las películas de acción iban a cambiar. A la vez reniega que por momentos solo encuentra burlas a lo poco realistas que son sus películas, como la caída libre para meterse en la avioneta, el Aston invisible o sus escenas de surfeo.
Martin Campbell, por otro lado, afirmó hace unos días para CineFix que fue uno de los principales responsables de que la primera incursión de Daniel Craig tuviera un tono drásticamente más serio y que todas esas escenas que son objeto de burla fueron causas importantes. En ese mismo espacio, tras recordar que podía llevarse una AK-47 a su casa con impunidad para hacer prácticas de desarme y recargas, Famke Janssen dijo que extraña esos tiempos en los que las películas de Bond podían darse más lujos de ser exageradas.
Lo cierto es que las películas de James Bond no dejaron de serlo. Suele pasar que ciertos públicos son más permisivos con ciertas decisiones tomadas en ciertas eras. Es decir, más allá del pésimo uso de imágenes generadas por computadoras, se le perdona más a Daniel Craig que sobreviva a una caída en picada en un tren en movimiento después de que su compañera le disparara en el hombre, que a Pierce Brosnan haciendo un salto en windsurfing en apenas un par de planos. Si, una escena está fotografiada por Roger Deakins y la otra se siente más artificial aun, pero a la larga son quejas que carecen de comparaciones pertinentes. De ahí que se sostenga, también, que recién ahora las mujeres reciben un espacio digno en la saga, olvidando no solo los aportes de esta obra magna que ha sido GoldenEye desde que nació, sino también magníficos protagónicos como, por ejemplo, el arco vengativo de Domino Derval en Operación Trueno. Sencillamente, las quejas suelen venir de personas molestas por el aspecto físico de las mujeres de la saga en las primeras cuatro décadas, como si Bond ahora tuviera encuentros carnales con mujeres con sobrepeso y como si ese fuera el gran aporte que una mujer puede brindarle a una película.
Tampoco es cierto que las últimas películas carezcan de chistes y todo sea seriedad absoluta, Bond siempre ha sabido adaptarse a los valores de su tiempo sin esconder del todo su tradición. Bond no se reduce a la búsqueda de ser lo más realista posible y en el peor de los casos busca ser lo más correcta y “verosimilista” que pueda. El mejor Bond estará siempre en el calibre de películas como GoldenEye, no solo porque las revisitamos y están plagadas de elementos que ni con la tecnología actual se pueden superar. Esto no es escapismo, las películas de Bond, en el mejor escenario posible, son valores históricos condensados en una poética interna que se disfraza en sus gloriosas escenas de acción, su sensualidad y su pulso a favor del suspenso, ¿Cuánto tendremos que esperar para que esto vuelva a pasar? Difícilmente sea en el próximo abril y las productoras y distribuidoras todavía no consiguen un ambiente pertinente para sacarle todo el rédito posible a sus obras más costosas. Hay mucho Bond por revisar, mucho Bond por releer. Pensar en el consumo de lo nuevo en este contexto solo produce desasosiego y como dijo simbólicamente sobre esto aquél irlandés desde su residencia hawaiana en el abril pasado: “This is one for the books”.
Moneypenny: ácida, pero eficaz.
Famke Janssen y su recuerdo de la AK-47.
*Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Quilmes. E-mail: [email protected].
Anthony Horowitz escribirá su tercera novela de James Bond
Con motivo del 113 aniversario del nacimiento de Ian Fleming, sus herederos y agentes literarios han anunciado hoy que en mayo de 2022 podremos leer una nueva novela de James Bond, nuevamente escrita por Anthony Horowitz, autor de Trigger Mortis y Forever And A Day, de 2015 y 2018, respectivamente.
Estos títulos transcurren en períodos entre novelas: Trigger Mortis comienza poco después de los eventos de Goldfinger (1959), mientras que Forever And A Day tiene lugar poco antes de los eventos de Casino Royale (1953), con James Bond asumiendo el número de 007 tras la muerte del misterioso agente británico que poseía dicha designación. Lo mismo sucederá en esta nueva historia, que aún no tiene título, pero que estará ambientada a finales de los años sesenta, tras el enfrentamiento de Bond con Francisco Scaramanga en El Hombre Del Revólver de Oro (1965). El autor apenas indicó que “volverá un viejo enemigo”, manteniendo el misterio.
Este libro se publicará por Johnatan Cape en el Reino Unido y Harper Collins en los Estados Unidos. Se desconoce si tendrá una versión en español, pero es difícil ya que los dos últimos títulos no se editaron en España tras la poca repercusión del Bond literario en Iberoamérica.
La británica Helen McCrory falleció hoy a la edad de 52 años tras una larga batalla contra el cáncer, según informó su marido, el también actor Damian Lewis, en Twitter. McCrory es recordada en el mundo de James Bond por un muy breve papel en Skyfall, la tercera película de la era de Daniel Craig estrenada en 2012.
En ella interpretó a Clair Dowar, una funcionaria del parlamento británico que cuestiona el liderazgo de M (Judi Dench) al frente de la MI6 luego de que la sede volara por los aires al comienzo del film como obra del tecnoterrorista y exagente Raoul Silva, a quien ella había dado por desaparecido.
En la carrera de McCrory destaca principalmente las series Peaky Blinders y Penny Dreadful, esta última con los roles protagónicos de Timothy Dalton y Eva Green. Asimismo, personificó a la esposa de Tony Blair en La Reina, film de Peter Morgan, y a Narcissa Malfoy en varios films de la saga de Harry Potter.
Desde el sitio web oficial de James Bond, los productores Michael G Wilson y Barbara Broccoli enviaron condolencias a su familia y lamentaron su prematuro fallecimiento, calificándola como una actriz “extraordinariamente talentosa y llena de gracia”.
Murió Yaphet Kotto, el Dr. Kananga de “Vivir y Dejar Morir”
Según comunicó su esposa Thessa Sinahon en Facebook, el actor neoyorquino Yaphet Kotto murió el lunes en Manila, Filipinas, a la edad de 81 años. Entre su extensa carrera en el cine, que comenzó en 1963, se encuentra Vivir y Dejar Morir, la octava película de la saga de James Bond.
“Interpretaste a un villano en algunas películas, pero para mí y muchos fuiste un héroe”, dijo Sinahon en el comunicado para despedirlo, que rápidamente se difundió en muchas páginas web. Asimismo, el actor Robert Davi, de Licencia Para Matar, lo despidió en Twitter recordándolo como “un actor de gran presencia e intensidad”. Los productores Michael G Wilson y Barbara Broccoli hicieron lo propio en el sitio oficial de James Bond con un breve comunicado.
Hijo de un príncipe camerunés judío, Kotto se interesó por la actuación a los 16 años y comenzó a trabajar en obras de teatro, rechazando en un principio roles cinematográficos. Luego de aparecer como extra en Cuatro por Texas (1963, con Frank Sinatra y Ursula Andress) obtuvo un papel mayor en El Póker de la Muerte (1968) y apareció como Carl, uno de los asaltantes de banco contratados por Steve McQueen en la versión original de El Affaire de Thomas Crown (1968), producida por United Artists. En 1972 volvió a trabajar en otro film de United Artists, La Mafia Nunca Perdona, lo que lo llevó -por sugerencia del presidente de la compañía cinematográfica, David Picker- a hacer las veces del primer villano de la era de Roger Moore como el agente 007.
A diferencia de lo que sucedía en la novela de Ian Fleming de 1954, el villano de la adaptación fílmica de Vivir y Dejar Morir no era simplemente un hampón de Harlem con conexiones soviéticas, sino el Dr. Kananga, un respetable líder antillano al frente de la isla San Monique con representación en la ONU, que en realidad manejaba una increíble red de narcotráfico en los Estados Unidos haciéndose pasar por el temible Mr. Big. El personaje de Kotto, al igual que en la versión literaria, dominaba a Solitaire, una joven medium cuyos poderes telepáticos estaban directamente relacionados a su virginidad. Claro está que ella, interpretada en el film por Jane Seymour, caerá rendida ante los encantos de Bond y perderá sus poderes, enfureciendo terriblemente a Kananga.
Luego de Vivir y Dejar Morir, Kotto apareció en más producciones policiales como Investigación Peligrosa (1975) y Blue Collar (1978). En 1979 interpretó a Dennis Parker en Alien, el Octavo Pasajero (1979) y durante los años ochenta apareció en series como Brigada A (1983) y Eye of the Tiger (1986). Entre 1993 y 2000 interpretó a Al Giardello en Homicidio. Su último rol acreditado es la comedia Loca Protección De Testigos en 2008.
Aunque en más de una vez se mostró como gran defensor del black power o poder negro en los años setenta, particularmente durante el rodaje de Vivir y Dejar Morir, Kotto varias veces se negó en entrevistas a la posibilidad de que un actor negro interprete a James Bond, aduciendo que sería ir en contra a la idea del personaje según lo descrito por Ian Fleming. También consideró -en una entrevista para The E! True Hollywood Story- que haber contratado a Diana Ross para el rol de Solitaire le hubiera gustado mucho personalmente como artista negro, pero que ella no hubiera sido la indicada para ese papel, descrita por Fleming como una mujer blanca.