no era secreto que si alguna imperfección poseía la francesa era la incapacidad para trabajar con las respectivas materias que en su código portaban consigo un sin fin de números, en conclusión: las matemáticas y sus derivados definitivamente no eran su fuerte y, de hecho, estas eran las únicas materias que destruían su perfecto promedio. tal vez sus bajas calificaciones comparadas con su extraordinario nivel académico fueron las que impulsaron al maestro a pedirle que le viera después de clases justo a mitad de una de las lecciones, no obstante, el hecho de pensar en un posible regaño incógnito o enfrentarse a una situación súbita al pasar por la puerta por alguna razón le ponía los pelos de punta, por lo mismo soltó un largo suspiro antes de adentrarse al salón de la asignatura correspondiente. ❛ hola profesor mhic, ¿me buscaba? ❜ indagó con notoria inquietud pero sin en ningún momento dejar de deslumbrar una sonrisa.
No hacía menos de una hora que se había reunido con la directora Andrews. Recién se había integrado en la escuela y no sabía cual era el nivel de los estudiantes de allí. Y sí, aquello era algo que le interesaba, pues como su primer trabajo, quería dar la talla, y enteresarse por los estudios de sus alumnos lo veía como algo imprescindible. De aquella manera, observó la lista de alumnos que tenía en diferentes cursos. Así, encontró un nombre que le llamó la atención, ya que “Luna” resultaba ser su hermana pequeña. Se percató de que las notas de aquella estudiante en esa asignatura eran mucho peores comparadas con el resto. Así que, decidió llamar a aquella chiquilla para que la viera en su aula, donde ahora se encontraba. Escuchó como la puerta del cuarto se habría, dando paso a la fémina que ese mismo día en clase había conocido — Hola, señorita Magritte —. Saludó, dedicándole una agradable sonrisa. Así, se levantó de su silla y se posó en la mesa de enfrente — Sí... Toma asiento, por favor —. Le pidió, moviendo la mano para mostrarle todos los pequeños escritorios en la habitación.








