Estaba acostado en su cama, su mirada se posaba en el techo del camarote. Suspiraba con fuerza y cada vez que dejaba ir el aire podía sentir una presión en el pecho. Se incorporo con fuerza haciendo una mueca de dolor, que en esos extremos no podía percibir bien si se trataba de físico o psicológico o tal vez emocional, se froto con una mano los ojos tratando de despertarse pero sin resultado positivo. Acomodó su cabeza en sus manos, recargándose en sus rodillas, en un momento sintió un leve calor en sus manos, un camino que iban de éstas hasta sus codos, las lágrimas habían comenzado a salir de sus ojos sin que el pudiera controlarlo. Exaltado se levanto de la cama y empezó a aventar las almohadas y edredones por toda la habitación, soltaba sollozos y gruñidos mientras destrozaba con rabia los objetos del camarote, cuando ya todo estaba hecho un desastre tomo su remera y saliendo empezó a caminar con pasos de plomo por los pasillos del barco. No podía dejar esa situación de esa manera, tenía que hacer algo, o jamas se perdonaría si llegaba a perder a Elle. Al estar de frente a la puerta de la habitación de la morena tragó una bocanada de aíre y con todas sus fuerzas entro al camarote. Lo que encontró le partió el corazón en un milisegundo. Sentía que el piso se tambaleaba bajo sus pies, no podía soportar esa escena. ¿Esto era por su culpa? ¡Mierda! pensó y con rabia y la sangre hirviendo se acerco a la morena para tomarla de los brazos y levantarla del suelo. Sus ojos rápidamente encontraron las heridas ensangrentadas en el brazo, y al verlas un dolor enorme se formo en su pecho y mente. —¿Qué mierda crees que estas haciendo, Brielle? ¿Qué es lo que haz hecho?— Escupió mientras el enojo se apoderaba de sus palabras y sus facciones endurecían como nunca antes.
Haciendo unos movimientos torpes intento alejarse, no podía diferenciar si era por miedo al muchacho acercarse o por que en ese momento no sabía si podía estar cerca de él; muy tarde para ella cuando apenas se disponía a moverse el ojiverde ya la había tomado de los brazos y con una fuerza la había levantado del suelo hasta el punto en donde sus rostros estaban demasiado cerca como para que ella pudiera manejarlo, el muchacho apretaba sus brazos con tanta fuerza que hizo que ésta soltara unos sollozos. —¡Suéltame, Daxton! Suéltame y largate ahora mismo.— Dijo de nuevo gritando y mirando con odio al muchacho, se retorcía bajo el agarré del castaño, pero sin fortuna para zafarse. Sin poder luchar más dejo su cuerpo soltarse y estalló en llanto recargando su cabeza en el pecho del chico. —Suéltame, por favor. Veté ahora mismo, ya.— Con sus palabras trastornadas por el llanto rogó. En esos momentos el alma se le partía, se sentía impotente y torpe por lo que había hecho, se sentía débil principalmente y eso le corroía hasta la médula.

















