—Vaya Bruno, tienes que creer mucho en ti mismo como para decir eso— lo molestó, y palmoteó su espalda, fingiendo tener compasión tras sus palabras. Soltó una exagerada, y burlona risa de sus labios. —Ángel te haces nombrar ahora— carcajeó, terminando por tirar del puchero ajeno sin cuidado alguno. —Ya te dije que tus caritas no me volverán a ganar nunca más— añadió, sacando a relucir su lado orgulloso e infantil, agregándole a esto un fallido intento de hairflip. No le era inevitable el mantener una pequeña y tonta sonrisita en sus labios ante él leve contacto del contrario, puesto a que Bruna era bastante cariñosa, sin embargo, no podía evitar estar nerviosa. —Ya quisieras— rodó los ojos. —Se qué darías todo por llegar a jabonar mi bella espalda, pero…todavía te falta mucho para llegar a eso— bromeó con el, contagiada por la leve risa ajena. —Eso si, Leo me dijo que si te veía en la habitación, luego te estaría esperando con la escopeta— agregó, dejando escapar otra risita de sus labios, y antes de que sus impulsos tomaran control de ella, se desprendió del muchacho. Acomodó su toalla, y señaló la puerta. —Vamos.
— Pues para tu información, sí, confío mucho en mí mismo. Así que estoy más que seguro que pronto el marcador estará a mi favor. —replicó, sonando muy confiado en lo que decía, a pesar de que tenía una divertida sonrisa en sus labios. Rodó los ojos ante la acción de lástima que la chica estaba haciendo.— Por favor Bruna, yo siempre he sido, soy y seré un ángel. —dijo con diversión e hizo el intento de un hairflip, lo cual obviamente resultó como un fail ya que el no tenía el cabello largo, como las chicas. Frunció el ceño y le sacó la lengua de manera infantil.— Sí, claro, lo que digas, Bruna... Todos sabemos que te traigo loca. —susurró aquello último, sin embargo, lo hizo lo hizo suficientemente alto como para que la castaña lo escuchara. Bruno sentía que su sonrisa se ampliaba más con cada segundo que pasaba con la chica, estar cerca de ella provocaba aquel sentimiento de felicidad que parecía que no tenía fin.— Sí eso quiero. —comentó, medio bromeando, soltando una suave carcajada.— Bueno haré lo que sea, yo sólo quiero enjabonar tu preciosa espalda. —dijo aquello como si de un stalker se tratase, posteriormente estalló en carcajadas.— ¿Leo? ¡Oh, vamos! Leo no mataría a su rubio favorito. —le guiñó un ojo. Después de unos segundos la muchacha logró escabullirse de su agarre y el rubio trató de ocultar su decepción con una sonrisa ladina, aunque esta no duro mucho ya que al volver a escuchar la voz de la joven, su sonrisa se amplió.— Vamos. —repitió, asintiendo.












