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El muchacho caminaba por la cubierta, perdido en sus pensamientos y bebiendo una cerveza. No iba prestando atención a nada ni nadie, hasta que escuchó la voz femenina hablarle y sintió cerca de su rostro al animal, por lo que dio un paso hacia atrás y lo examinó con la mirada, frunciendo el ceño. —¿De dónde sacaste eso?— Preguntó, ya acercándose más y sin dejar de ver a la pequeña bola con pelo. —Vas a meterte en problemas si te ven con eso, ven aquí— Agregó, mientras se quitaba la gorra que traía puesta y la ponía encima del animal, cubriéndolo torpemente, como si no fuese a llamar la atención así. Miró alrededor y luego volvió a ver a la chica. —¿Que planeas hacer con él?—
— No le digas eso, dile él... o ella, todavía no estoy segura de qué género es —murmuró observando al pequeño animal con el ceño fruncido antes de que una gorra se lo impidiera—. ¡Hey, no le pongas eso encima, se va a asfixiar! —exclamó tomando la gorra y subiéndola un poco para que la cabeza del roedor pudiera salir al exterior y así consiguiera respirar con tranquilidad—. Míralo, hasta se ve bonito y todo. Podría ser un cantante de rap. Big Boy Bigotes —bromeó antes de soltar una carcajada ante la forma en la que la gorra se movía sobre su mano. Seguramente las personas alrededor que fueran capaz de verlo simplemente creerían que la chica lo estaba moviendo—. No lo sé... ¿quedármelo? —contestó observando al castaño no del todo segura—. No quiero dejarlo por ahí y si se los doy a los del servicio del crucero Dios sabe qué vayan a hacer con él. Todavía no sé si subió al barco cuando nos detuvimos en Las Bahamas o si alguien de aquí lo trajo a escondidas —.
Detuvo su caminar al escuchar el llamado de la castaña, girando la vista para encontrar al pequeño animal y así dejar que en sus ojos un toque de brillo se abriera paso, emocionada y sin poder evitarlo, una de sus manos fue a parar hasta el pelaje del mismo, dejando un par de caricias. —Es una cosita muy adorable. —murmuró, haciendo presente en sus palabras su adoración hacia los animales. Pocos segundos después marcó un ceño fruncido en sus facciones. —No puedo creer que alguien rompió las reglas, y yo me contuve demasiado para no traer a mi tortuga conmigo. ¿Qué de malo podría hacer una tortuga aquí? —inquirió, desviándose por completo del tema principal. —Pero bueno… Es realmente lindo. ¿Vas a quedarte con él?
— Ni siquiera me lo digas. Yo quería traer a mi hámster conmigo pero no me dejaron. ¡Y vive en su jaula! Y cuando no está allí, yo lo estoy cargando. Un animal así no haría daño a nadie, aunque bueno... si se escapa como este tal vez podría ensuciar por ahí —reflexionó sin quitar su mirada del peludo animal que sostenía. Soltó un suspiro y se encogió de hombros mirando a su alrededor sin saber muy bien qué hacer—. No estoy segura. Tal vez pertenezca a alguien de aquí en el crucero y estén desesperados buscándolo, pero tampoco es como si pudiera poner anuncios por los pasillos porque seguramente los de servicio vendrían y me lo quitarían porque no están permitidos los animales aquí arriba... no tengo problemas en quedármelo. ¿Qué crees que deba hacer? —preguntó mordiendo el interior de su mejilla, indecisa mientras observaba a la morena esperando que le diera una solución. Había miles de personas en el crucero, era casi imposible que consiguiera dar con el dueño del pequeño animal.
Después de pasar los últimos días en la enfermería, estaba feliz de al poder salir. La enfermera le había aconsejado que intentara mantenerse alejado del bufett del crucero, cosa que el castaño probablemente sería un problema. Frunció un poco los labios ante aquella idea. ¿Cómo se supone que se mantendría alejado de la comida? Los gritos de la castaña lo sacaron de sus pensamientos, haciendo que ojiazul se volviera a ella. Sus ojos se iluminaron al ver el pequeño roedor que ella tenía en sus manos, era simplemente adorable. —¡Es hermoso!— chilló con gran emoción mientras admiraba a la peluda criatura. —¡Míralo! ¡Está lleno de pelo! ¡Y-Y su nazarita es tan linda!— continuó por los siguientes segundos. —¿Dónde lo encontraste?— preguntó con curiosidad.
— ¡Lo sé! —contestó ante el cumplido que el rubio le dio al pequeño animal que sostenía en sus manos. También creía que era hermoso aunque para ella todos los animales eran hermosos. Por algo se encontraba estudiando Veterinaria—. Sí, a decir verdad, es un bichito bastante raro. Eres muy raro, amiguito —habló al final mirando al roedor—. Es como un hámster que no le gustan los cortes de pelo. Como un hámster hippie —continuó divertida soltando una suave risa. Se lo ofreció al castaño notando que también le agradaban los animales y sintiéndose segura de que no lo dejaría caer antes de explicar—. Solo venía caminando por aquí yendo a buscar un licuado y escuché un chillido. Supe enseguida que era un animal, primero pensé que podía ser un pájaro atrapado pero luego lo vi en un rincón bajo las escaleras todo asustado y casi muero de la tristeza. Si nadie lo reclama supongo que me lo tendré que quedar... —.
Caminando sin ningún tipo de destino por la cubierta, oyó la voz de la castaña y le fue imposible no fruncir el ceño cuando, al voltear, vio aquel animal entre sus manos. —Aleja esa cosa de mi. —masculló desviando la vista, siguiendo su camino. Pero aparentemente, la muchacha no se daba por vencida así que continuó escuchando aquellas preguntas tan fastidiosas para el rubio. —No. —¿muy lindo? Era una bola mugrienta, llena de pelos y si se había subido por cuenta propia cuando habían estado en Las Bahamas, entonces vaya a saber uno dónde había estado antes. —Entonces escóndelo porque te lo van a quitar.
— Oye, no le digas cosa —se quejó frunciendo el ceño ante la actitud tan antipática del rubio. No lo conocía ni tampoco recordaba haberlo visto por ahí pero seguramente era uno de los estudiantes que habían subido al crucero con el plan de viaje para Universitarios como ella—. Es una cosita bonita que no le hace mal a nadie —habló con voz de bebé mirando al pequeño animal acercándoselo al rostro antes de bajarlo a la altura de su estómago—. ¿Qué crees que sea? —preguntó con curiosidad sin ser capaz de darse cuenta el poco interés que tenía el contrario en continuar con aquella conversación. Bryony no era buena con las indirectas ni tampoco con la gente que no quería relacionarse con ella—. Oh, por cierto, soy Bryony —se presentó estirando su mano libre hacia él con una media sonrisa.
— ¡Mira lo que encontré! —exclamó acercándose a la persona que pasaba a su lado mientras le acercaba el pequeño animal que había encontrado en un rincón de la cubierta. Parecía un hámster pero tenía mucho más pelo que uno de esos así que no estaba segura de qué podría ser—. ¿No crees que es muy lindo? —se lo acercó al rostro y sonrió divertida—. No le tendrás miedo, ¿verdad? Es una cosita pequeñita que no va a hacerte ningún mal. Seguro que hasta se le ha perdido a alguien... alguien que no respeta las reglas porque aquí no se permiten animales —murmuró mirando a su alrededor, intentando evitar que alguien del servicio del crucero lograra verla a ella y al pequeño bicho que sostenía en sus manos—. Tal vez subió al barco cuando estábamos en Las Bahamas —.
@meracklman: @onybry mujeeeer te fui a buscar ayer para bajar a la playa pero estabas dormida.
@meracklman: @onybry te iba a despertar pero te veías tan tranquila que no pude ¿quieres hacer algo ahora?
@onybry: @meracklman Eso da miedo, Mer. ¿Me observaste durmiendo? RARAAAAAAAAAAAAAAAA
@onybry: @meracklman Tengo películas... el hotel me trajo un dvd a la habitación, fueron muy amables :( TENGO DIARIO DE UNA PASIÓN. ¿Traes palomitas?
@leowins92: @onybry espera no entendí. desde que llegamos estás dentro del hotel? o sea que nunca... saliste de tu cuarto? ke
@onybry: @leowins92 Así es... uhm, ataques de pánico. Digamos que no puedo hacer mucho cuando los tengo. ¡Miénteme y dime que la fiesta ha sido un asco y que las playas eran horribles así me siento menos miserable! :'(
@onybry: Ya nos estamos yendo de las Bahamas y ni siquiera pude bajar a recorrer el lugar. GRACIAS PÁNICO. Esto apesta... ya me cansé del techo de mi camarote #SOS
[Bahamas]
Al llegar a la Isla, Zoe se dispuso a instalarse en su habitación, los camarotes eran cómodos, pero le agradaba más dormir en tierra firme sin la preocupación de que el barco pudiera hundirse mientras dormía. Terminó de acomodarse y se arregló para salir, le encantaba conocer culturas nuevas, y su carrera se lo exigía, ¡que mejor pretexto!. Salió de su habitación y al bajar las escaleras se resbaló en el último escalón. - Tú no viste eso - comentó con diversión un tanto sonrojada. - ¿ya tienes algo planeado por hacer o quieres venir conmigo a turistear?
— Oh vaya —murmuró al ver a la castaña tropezándose en el último escalón de la escalera que llevaba a las habitaciones. Se acercó y la miró con curiosidad y algo de preocupación—. ¿Te encuentras bien? —pregunto con una leve sonrisa tironeando de sus labios, la caída de la contraria había sido graciosa pero por educación no se había permitido a sí misma reírse de ella—. La verdad es que no tengo nada planeado, llevo paseando por los pasillos un buen rato y estoy super aburrida así que... ¡a turistear se ha dicho! —.
{ las bahamas }
—¡Aquél señor me acaba de regalar un oso de peluche después de haberlo amenazado con patearlo allí abajo! —exclamó, presumiéndole su regalo a la persona junto a ella—. Al parecer los pervertidos siguen vigentes.
— ¡Eso no es justo! ¡¿A quién tengo que patear en los genitales para que me den un oso de peluche como ese?! —se quejó sonando igual a una niña de cinco años haciendo un berrinche—. Ahora quiero uno y William no está aquí para comprármelo... espera. ¿Pervertido? ¿Acaso intentó hacerte algo? —preguntó recién en ese momento dándose cuenta de lo que la morena había dicho.
ᅝᅝᅝᅝᅝᅝᅝᅝ▲ las bahamas; ▼
Bailaba por la arena mientras el sol se metía, su miraba se posaba en la persona con la que había pasado el día en la playa, empezó a caminar de manera divertida y chasqueaba los dedos fingiendo una danza preparada. — ¿Qué tal? ¿Estás listo para pasarla en grande? — Preguntó con una sonrisa en sus labios mirando de manera divertida al contrario.
Observó al castaño con el ceño fruncido antes de soltar una carcajada. La forma en que caminaba y parecía bailar a un ritmo inexistente le causaba gracia. — ¿Qué se supone que haremos? ¿Un musical? ¿Algo así como High School Musical 4: Vacaciones en la playa? —bromeó riendo—. Yo no me sé las coreografías, tendrás que enseñármelas —.
las bahamas;
Tras haber dejado sus pertenencias en la habitación que le asignaron, salió rápidamente del edificio en dirección a la playa. Contempló con admiración las suaves olas del mar y dejó caer sobre la arena sus cosas. —¿Una carrera hasta el agua?— preguntó en un tono juguetón a la persona que había llegado con ella.
— ¡La última en llegar pagará los tragos! —gritó dejando caer su bolso de playa, junto con su gorro antes de correr a toda velocidad hacia el océano. El color era precioso, el agua estaba tibia, a una temperatura perfecta y sumamente agradable—. ¡Yo gané! ¡Yo gané, tú pagas! —.
ooc;
El moreno vio como la persona con la que estaba matando el tiempo le ignoraba por Dios sabe qué, así que decidió dar leves cabezazos en el brazo de éste. "Hey, hazme caso ── ¡Hazme caso!" Exclamó. Cuando recibió un suave codazo en la mandíbula actuó sorprendido, riéndose hacia los manotazos que le siguieron después.
La forma en la que uno de los pasajeros montaba una ola justo frente a ella la había distraído bastante de lo que el castaño estaba comentándole. Frunció el ceño al sentir los golpes en su brazo y se giró soltando una carcajada al ver que la golpeaba con su cabeza. — ¡Lo siento, pájaro loco! —bromeó refiriéndose a la forma en la que intentaba llamar la atención de la chica lo cual le recordaba a aquel famoso carpintero—. Inténtalo otra vez, anda. Sigue contando. Esta vez prometo no distraerme por lo genial que monta las olas ese chico de allá —.
Se encontraba en la cubierta mientras observaba al barco alejarse de la costa con un hermoso y despejado cielo que hacían el cuadro perfecto. El clima se prestaba para que Zoe pudiera disfrutar uno de sus grandes placeres: el helado; no tardó mucho antes de que se acercara a las mesitas del lugar a pedir uno a los camareros del lugar. Fue entonces que una persona se sentó frente a ella.
Había decidido ir por un helado. Hacía tiempo que no se daba el gusto de tomar uno y en cierto modo el helado le recordaba a William. Lo extrañaba muchísimo. Pidió el suyo de vainilla y limón, caminando alrededor de las mesas en busca de alguna que estuviera libre pero ninguna lo estaba. Entonces decidió sentarse en la que se encontrara la persona con cara más amigable. Al ver a una morena que parecía ser simpática tomó asiento frente a ella y sonrió con amabilidad y simpatía. — ¡Hola! Discúlpame que me siente pero, ¿te molestaría compartir mesa conmigo? Todas las demás están ocupadas... pero si no quieres, dímelo y me iré a alguna otra —.
Caleb se encontraba caminando por los pasillos, rumbo a las reposeras para poder descansar y disfrutar del Sol radiante. Cuando finalmente llegó, miró a su alrededor y notó que casi todas ellas estaban ocupadas, excepto una que se encontraba en la otra punta del lugar. Sin decir nada, caminó tranquilamente hasta allí y se sentó, soltando un suspiro. Antes de cerrar sus ojos corroboró que todo esté bien, para luego dejarse llevar por la tranquilidad del día. Luego de estar casi quince minutos en la misma posición, abrió sus ojos y vio a una persona posada justo en frente de él que tapaba los rayos del Sol.— ¿Puedes moverte, por favor? —preguntó esbozando una sonrisa falsa.
Llevaba largo rato recorriendo el lugar, intentando encontrar sus lentes de sol. Había estado bronceándose un rato antes y ahora necesitaba saber dónde demonios los había dejado. Caminaba de una punta a la otra, preguntándole incluso a la gente si no habían visto unos Ray Ban rojos por allí. Con su traje de baño y la toalla colgando en su hombro le dio una última mirada a todas las reposeras intentando encontrarlos pero no conseguía ver nada, entonces una voz llamó su atención. Giró su rostro hacia abajo observando al castaño que ahora le pedía que se hiciera a un lado y ella obedeció, acercándose con una sonrisa. — Lo siento, es que estaba intentando ver si mis lentes de sol no habían quedado por allá... ¿de casualidad no los has visto? Ray Ban, rojos... no puedo describir mucho más —finalizó riendo suavemente, encogiéndose de hombros.