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Hay algo que no nos termina de cerrar en el viejo y ponderado canto "En las buenas y en las malas (mucho más)". Aquí el por qué
Hay algo que no nos termina de cerrar en el viejo y ponderado canto "En las buenas y en las malas (mucho más)". Aquí el por qué
Las buenas saben ser el culdesac para los necesitados y las malas para los figurones y oportunistas. La dificultad transita por otro lado. Los partidos sin trascendencia alguna son aquellos que atesoramos en la memoria y nos enorgullecemos por haber estado. "Jugando por nada".
Hay un acto esencial de amor, y está muy cerca de la pluma sepia de Discépolo: "El hincha da todo sin esperar nada a cambio". Transitar el ascenso significa también reconocer en el otro, en el rival, al socio e hincha dispuesto a dejar el corazón en el club. El suyo. Transitar las categorías menores es, también, saber que el éxito es monoteísta, y sólo lo conocen los dueños de la palabra eficacia.
Esto significa saber que hay muy pero muy pocas chances de campeonar en un torneo de Primera A. Ni hablar de una Copa Internacional. El acto de amor que impulsa a los hinchas del ascenso a ir aún en estos partidos entresemana, por nada y con horarios raros, es sólo uno. Sería como estar enamorado sin esperanza. Un amor no correspondido, pero que al que quiere le alcanza (y le sobra) con que el otro esté.
La fortaleza que uno hace de su cancha, de su club y de su barrio lo afinca más y más a esas calles que pateó (y patea) y no quiere perder. Lo picante, lo pintoresco, lo curioso. Todas esas cosas son parte de algo que es más profundo que la anécdota. Ni forzado, ni buscado. Es.
Cuando se repite por todos lados que si esto no es negocio, no merece ni existir. Ahí es cuando la apostilla se puede volver caricatura. La resistencia ante la prepotencia del bolsillo se hace feliz: porque en la mayoría de las veces, los momentos compartidos superan todo. El negocio podrá llevarse puesto a los que ansían triunfos. A los que pretendemos un lugar en el mundo, ni nos rozan esas balas.
Cuando tu equipo juegue "Por nada", tené presente que más adelante será un recuerdo a atesorar. Pese a todo y con tu gente, estuviste.
Compilado de tuits de @elalesi
#Enlasmalasmuchomas #Discepolo #pertenencia #pornada
El triángulo de Soldati
La Primera C, cuarta categoría del fútbol argentino, tiene un destacado y en cierto modo inesperado protagonista en la temporada 2016-2017: el Club Atlético Sacachispas. Enclavado en el barrio porteño de Villa Soldati, el club cuenta con un pasado en el que se funden fútbol y política, como tantos otros. No casualmente fijó su fecha de fundación un 17 de octubre de 1948. No casualmente su estadio hoy moderno y de cemento para 5000 personas se llama Norberto Beto Larrosa, en homenaje a un fallecido caudillo y militante de la UCR que fuera presidente del club, si bien conviene no abundar en zonas de su currículum.
Ese club, apodado Lila e inspirado en una joya del cine nacional, quiere concretar el mayor logro deportivo de su no tan larga historia. Es decir jugar por primera vez en la B Metro, -lo que antes se llamaba “tercera”- luego de un itinerario por la C y, sobre todo, la D (37 temporadas). Podría decirse que Sacachispas quiere dejar de ser el Sacachispas del apunte peyorativo de otros hinchas que lamentan el presente de sus clubes (”parecemos Sacachispas); de la selva ubicada en los confines del sur (”la cancha está peor que la de Sacachispas); en suma, quiere dejar de ser sólo el club que sirve de ejemplo dicotómico para designar lo rudimentario, lo desprestigiado, lo precario o, muchas, muchísimas veces, lo simpático que deriva de conjunción de esos sintagmas: saca-chispas.
La campaña hasta aquí invita a soñar. Lleva 9 partidos sin perder en los cuales recibió apenas 3 goles, en 11 fechas anotó 24 tantos y desde luego es el más goleador de la divisional, a lo que se agrega su liderazgo: le lleva 3 puntos al segundo (Argentino de Quilmes), 5 al tercero (Defensores Unidos), 6 a los dos cuartos (Cañuelas y Midland) y 7 al quinto (Armenio) Pero además. Sacasensación no sólo sobresale por sus números y desempeños futbolísticos sino también por un condimento peculiar. Simulando un triángulo, los jugadores posan de esa forma en la célebre foto de antes de los partidos. Un hecho que quedará marcado en el devenir del ascenso, con futuras notas, tuits, instragrameos u otras aplicaciones que surjan en materia digital: “la alineación de Sacachispas en 2016″.
Del triángulo emergen algunos rostros. Allí están Darío Carpintero, un 4 rapaz; Raúl Dudy Pérez, talentoso outsider del ascenso si cabe el término; Julito Serrano, vigente a sus 35 años y con pasado glorioso en Nueva Chicago; y Braian Hollembach, raza bundes, ex Borussia Monchengladbach (?).
Ellos son parte de este Lila que posa, que cree en su fútbol y que sueña con otros flasches para replicar el triángulo de Soldati. Porque Sacachispas ya jugó mucho en la D y otro tanto en la C, se dijo. Porque falta inmortalizar la figura geométrica de la foto y sumar esas tres letras que fortalecen la trayectoria de un club que no es sólo intemperie ni fachada risueña. También es pasión y perseverancia en los duros y movilizados confines del sur.
#Sacachispas #PrimeraC #Dudy #Palladino #UCR #Perón #Carpintero #Mate #Safarian
Lamadrid, tierra y libertad
Por obligación profesional (?), pero más porque a los cronistas les apasiona el fútbol de los márgenes, nos tocó ver a General Lamadrid, el club de 66 años de historia que cayó a la Primera D y hoy vive su vida entre domingos (o sábados o lunes, o vaya uno a saber cuándo) que albergan, los días de partido, a familias munidas con sus termos y sus mates, a hombres de largos recorridos con sus botellas de coca cola y sus vasitos de plástico; a jóvenes y no tan jóvenes portando banderas y bombos, gorritos piluso, tatuajes de tinta negra y no pocos excesos expresados en un cancionero en el que no pueden ni deben faltar palabras como "faso", "vino", "frula", "micro" ,"cagón", etc,. A ellos se suma un relator que, acaso, corporiza la suma de casi todos los tablones y casi todos los conocimientos de este inframundo confinado a la nota al pie, al apunte de color, al zócalo en clave roja: se llama Sebastián Crosta, es hincha de Lamadrid, tiene 38 años, y podemos definirlo como el verdadero relator del pueblo, si se nos concede la disgresión.
De la cancha y su ubicación se ha hablado bastante: enclavado en Devoto, el estadio linda con la cárcel –lo separa un angostísimo pasaje- y de ahí viene el mote que identifica a General Lamadrid, "los carceleros". Relatos orales abundan, desde presidiarios que con un láser molestan la visión de los arqueros, hasta gritos iracundos que van de tribuna a pabellón, y viceversa, no siempre en términos amistosos porque la relación amor-odio entre presos-hinchas, o entre presos ex hinchas-ex presos hinchas- perdura hasta hoy. Relatos escritos hay menos pero existen: el año pasado se publicó el libro Carceleros, una frondosa investigación del escritor y socio de la entidad Marcelo Izquierdo, quien confesó prescindir por un día de las destrezas de Messi y Cristiano Ronaldo en el derby español porque ese día, justo ese día, jugaba Lama. También hay un barrio expectante, de tensa calma, de casitas bajas con vecinos que sacan sillas a la calle, un lugar que parece anclado en el tiempo con esos olores que sólo transmiten algunos barrios y con esas frases que sólo transmiten algunos clubes: "El que se mete con mi barrio, me cae mal", reza una pintada en una pared cuyo fondo representa la bandera argentina.
Pero esa geografía particular, donde en un radio de menos de una manzana conviven una cárcel, un shopping, una cancha de fútbol, una plazoleta y una tras otra pintada, no agota el significado Lamadrid. Parece incompleto, o al menos sesgado, reducir su historia al fuerte e íntimo vínculo entre el fútbol y la cárcel. Detrás de la reja hay otras rejas, otros encierros y otros deseos de libertad. Por ahí desfilan pibas y pibes que juegan al vóley y al baby y al handball y al básquet, chicos que sueñan con llegar a los juegos olímpicos, aficionados que dedican no menos de 12 horas diarias a trabajar por el club. También emergen, entre grises y celestes,, un buffet clásico y otro moderno, típico de una ciudad de la costa atlántica, pero cuya vista no da al mar sino a una cancha de pasto desparejo y duro, muy duro, como las rejas de esa cárcel que mira desde las ventanas el tiempo que se va. Claro, el fútbol, cruel e injusto para Lama y otros tantos similares, es lo más convocante y lo que invita a vivir la jornada más intensa.
Ayer Lamadrid no jugó mal sino MUY mal y perdió, en su estadio bautizado Enrique Sexto, 1 a 0 ante Yupanqui, otro club postergado que tuvo un momento de dicha no deportiva sino comercial con la famosa propaganda de coca cola (en el año 2001, nada menos). Sobre el final casi llega el empate: un borbollón en el área, el palo milagroso y una fallida definición de dos de los jugadores vestidos con la casaca blanca de vivos azules. No pudo ser y final. Silencio. Pero breve silencio: a los dos minutos, desde un sector de la tribuna más bulliciosa se escucha, tenue pero rotundo, "Todavía cantamos". ¿En la D? ¿Después de perder de local contra un rival que no había ganado en el torneo y que jamás en sus 81 años de historia jugó en otra categoría de AFA que no fuera la D? Sí: todavía cantamos. El relator, el del pueblo, mira el horizonte, procesa la derrota junto a sus acompañantes de turno y les dice: "esperen, ya vengo, cierro con llave la puerta de la cabina y la seguimos". Y la charla siguió. Y posiblemente seguirá, si el fútbol, si sus clubes, no mutan en otra cosa ajena a la tierra que los vio crecer.
Deportivo Laferrere 1 Deportivo Merlo 1
Estadio: Ciudad de Laferrere
Primera C. Fecha 2
San Telmo 0 Barracas Central 0
Estadio: Osvaldo Baletto
B Metropolitana. Fecha 2
Comunicaciones 5 Colegiales 0
Estadio: Alfredo Ramos
B Metropolitana. Fecha 2
Español 1 Defensores de Belgrano 0
Estadio España
B Metropolitana. Fecha 1
Riestra 1 Deportivo Español 0
All Boys 0 Boca Unidos 1
Estadio: Islas Malvinas
B Nacional. Fecha 1
UAI Urquiza 1 San Telmo 0
Estadio: Monumental de Villa Lynch
B Metropolitana: fecha 1
Trapiche vive
PRIMERA D RETRO. Victorias Arenas, 1991. Hay un falso Percudani hincado.