giselle.
Tras un vistazo a las opciones en la pizarra, llegó a la conclusión de que no hallaría la bebida que tenía en mente. Se preguntó si podría darle un par de instrucciones extras a la barista, sólo por si acaso. Entonces, escuchó una voz a sus espaldas. Volteó, pero no había nadie a la altura de sus ojos. Miró hacia abajo, y ahí estaba la chica. Suspiró. ¿Porqué las bajitas eran las más ruidosas? “No.” replicó, y volvió a lo suyo.
Cuando la pelirroja contestó e inmediatamente se volvió, ignorando lo que Odette le preguntaba, la gimnasta no pudo evitar soltar un exclamo en ofensa. ¡Que fuera básicamente un gigante no le daba derecho a ser grosera! Alisándose la falda, se paró de puntitas y le tocó el hombro tratando así de llamar su atención de nuevo. “Si no vas a ordenar nada, ¿entonces te puedes hacer a un lado?” Dijo con la voz más dulce que poseía aunque claramente estaba molesta por lo que recién había sucedido. “Por favor, sólo... Quiero mi té... Persona alta.”









