La huida ya se había puesto en marcha, los bromistas de la noche comenzaban a dispersarse por el edificio en busca de un refugio o de continuar con el ‘ataque’, y Gale no era la excepción. Su destino era la habitación, ralentizando el andar tras hallarse lejos del lugar de los hechos. Sin embargo, antes de llegar al piso de su dormitorio percibió otra presencia. Su primer instinto fue el de asumir que no había sido testigo preciso de su previo accionar, por lo que saludó con total serenidad a aquella figura: “Oh, hola. No te vas a creer lo que me encontré.” elevó un poco la pistola de agua en sus manos, apuntaba en dirección a su nueva compañía y solo sería necesario un poco de presión de su dedo para mojar al otro, aunque su sonrisa jurara que no se le ocurriría hacer tal cosa.
Justo cuando se creía ya casi en su habitación (aunque en realidad le quedaba bastante por recorrer, porque por despistada estaba en los dormitorios de la facultad contraria), quitándose por fin las zapatillas, durmiendo hasta la tarde del otro día y sobre todo a salvo de los bromistas, apareció aquel chico “¿En serio?” espetó retando al contrario “Vamos atrévete, no son más que niñerías” a esas alturas de la madrugada le importaba poco estar bañada de agua, sabía que de todas formas tendría que tomar una ducha “¿Agua? hasta a mi se me hubiera ocurrido algo más… no sé” comentó divagando un poco al tratar de adivinar que contenía el artefacto en manos del chico.











