Un extraño en mi casa.
Hace mucho no me siento a poner mis pensamientos en palabras, pero tú has provocado eso en mi. Todo empezó por el final, cuando te fuiste y me recosté nuevamente en lo que fue nuestro nido. Al cerrar los ojos y hundir mi rostro en las almohadas, nuestro olor recorrió todo mi ser haciéndome recordar los mejores días que he tenido en mucho tiempo. De repente te vi frente a mi, con esos ojos perdidos, ojos que buscaban dirección en los míos. Tú nariz, peculiar y reconocible a cualquier distancia, la cuál se acercaba a la mía con una sola necesidad; rosarse. Tus labios, que vivían en un constante deseo de encontrarse con los míos, y tus finas manos, las cuales no dejaban de pasear por mi cuerpo. El deseo me estaba matando, el olor me estaba drogando, los recuerdos me estaban tocando en todos los sitios que tú descubriste en mi. Confieso que mi cuerpo se está acostumbrado a tus caricias y que mi deseo de tenerte solo aumenta con cada cosa que haces… pero por ahora, solo me queda nuestro olor para tocar el cielo y revivir lo nuestro.








