“Es cierto, abuela. Nada es tan tonto como callar para siempre y no decir lo que viene del corazón. Aprender a matar a la soledad y no esperar ser fabuloso sólo vivir siendo original. De todos modos las horas nos van aniquilar pero uno las tiene que aprovechar al escribir una historia fenomenal mientras se camina y se retrasa el reloj con acciones de amor en un mundo que se desgasta o se congestiona de seres que se niegan la oportunidad de dar. Y tu memoria es como un cuento que nunca me canso de contar a mi manera y que a desconocidos los hace querer conocer a una mujer inalcanzable que nunca se dejo domar. No quiero hacer alarde de nada ni es mi intención, yo sólo sé que te siento latiendo en mi corazón. ¿Es lindo el lugar al que has llegado? ¿Te tratan bien por allá? Deben saber que son afortunados por tenerte, espero que lo sepan, desde el primer momento en que pusiste un pie ahí o tu aura causo un resplandor. No creo que sea un palacio ni un lugar donde se desfila la fantasía, a ti siempre te gustaron las cosas sencillas y no los lujos, nunca fuiste de desear sino de dar aún teniendo nada. Sólo deseo que me sigas mirando desde allá, que sigas sintiendo el calor de quienes te amamos y que exista algo más cómodo que una almohada o el abrazo de quien más anhelamos. Y que siempre estaré para ti como tu lo estuviste para mí y que esta película que vivo no se trata del dolor, me enseñaste a reír cuando se supone que uno debería llorar. ¿Es una pena que no existan teléfonos a larga distancia hasta donde estas, verdad? Pagaría lo que fuera por escuchar tu voz una vez más, pero te encuentro en mis sueños cada que tengo la oportunidad, en las estancias de mi memoria viéndome crecer o haciéndote enojar. Gracias por una infancia llena de consejos y de enseñanzas, cuando pensaba que tu seriedad era indiferencia resulto ser tu manera de amarme y nunca la pude ver con claridad. Cuando eres niño no entiendes muchas cosas, pero entendí lo más elemental, no confundas la atención con agresividad y no desaproveches el tiempo en discusiones o enojos cuando puedes aprender a darte a los demás. Un perro agresivo deja de ladrar cuando le muestras respeto y entiendes su enojo, porque si tratas de imponer tu fuerza o tu forma de pensar, te puede atacar. El perro ladra por su soledad o por ser maltratado por su dueño, un perro no se enoja con su realidad por simple gusto, tampoco creo que nosotros. Espero, abuelita, que sepas que nunca te voy a olvidar y que el olvido es una palabra que no debería existir para quienes saben apreciar las cosas, el tiempo vuela en un parpadeo y las cosas que son ya dejaron de ser, lo que hoy abrazabas con fuerza lo has dejado ir o tuvo que partir, por eso prefiero pensar que te mantengo eterna dentro de mí. Es por ti que tengo la madre que tengo y una guerrera como lo fuiste tú, no tengo mucho que decir respecto al gran trabajo que hiciste en base al amor y disfrutando los días que mueren antes que nosotros, pero siempre con la sorpresa de averiguar que nos ofrece el día siguiente. Soportando las tormentas, aceptando que nada está escrito, que siempre respete a ese dios en el que tanto crees, supongo que mientras te haga feliz esa idea me hace a mi también, que con poco en la mesa se puede llenar de agradables instantes, que se aprende más de las caídas que de los aciertos, que no puedes vivir rodeado de aplausos ni agradar a todo el mundo, que tener un gran auto o una vista fabulosa no es sinónimo de felicidad, que más vale abrirse el pecho que negarse a sentir la vida, que cada caída es un paso más hacia la victoria, que no se debe sacrificar el amor propio por ajustarse a reglas o a una mezquina sociedad, que una ventana empañada puede opacar la luz del sol que nos quiere alumbrar, que más vale patear puertas donde no nos dejen entrar, que nadie se va de verdad…”
— Cuando te empiezo a recordar, Joseph Kapone / Fragmento (2003) El reloj se detuvo el día que te fuiste apagando como una llama que quise mantener encendida. La hora la tengo en un marco dentro de mi corazón. Te vivo, abuelita. ❤
















