En mi cabeza siempre suena esa pregunta. Esa maldita pregunta que traté de dejar de hacérmela constantemente, pero es casi imposible. ¿Por qué me hiciste eso? Siempre me lo pregunto. Me rompo en silencio, en mis momentos a solas sigo preguntándomelo, porque nunca tendría la valentía de preguntarte ¿por qué me hiciste eso?
















