Ahora dan las cuatro de la mañana y no te encuentro dormido en mis pies, tampoco en tu camita ni en tu sillita. Te has ido.
Quisiera pensar que hice todo lo pude por ti, pero no fue así, te fallé y ya no estás conmigo.
Quise echarte la culpa, pero no es culpa tuya el querer salir, solo eras un bebé que no conocía los peligros del mundo, y no había forma de que pudieras entenderlos; perdóname mi gordito precioso, no fue tu culpa, fue mía.
Intentar aliviar la culpa que me agobia es egoísta, así que la aceptaré y hare lo posible para no cometer los mismos errores, te prometo que cuidare a tus hermanitos.
Te extraño, te extrañaré cada día de mi vida, extrañaré tu dulce mirada, tus bigotes largos, tu nariz humeda, tus almohadillas, tu colita mocha y las pequeñas mordidas qué me dabas cuando querías comer. Te extrañaré por las mañanas mientras desayuno, mi ladrón de quesadillas. Te extrañaré mientras juego o trabajo en la computadora, ya no estarás acostado en mis pies.
Te amo mi Tito hermoso, ahora debo continuar sin ti y me duele mucho.
Hasta pronto, nos volveremos a ver algún día, mi Tito bebé.