(banda sonora: https://open.spotify.com/track/1m9yG8FgGH11LlIri3a2Dx)
Era viernes, hacía frío y tenía prueba de física. Eran las seis y media de la mañana y el despertador no paraba de sonar. Carla apretó el snooze por segunda vez para disfrutar de cinco minutos más envuelta en sus múltiples capas de frazadas.
-Carla, la puta madre, ¿no te podés levantar? -le gritó su hermana desde la cucheta de arriba mientras le tiraba una hebilla. Justo era el día en que Laura entraba más tarde. Ya era una pesadilla compartir el cuarto.
-Ufff, nena, ya voy, pará, ¿no ves que todavía es de noche?
Logró levantarse y meterse en la ducha sin congelarse ni tener que hablar con otra persona. Un éxito. Con el agua caliente dándole en la espalda se puso a cantar una canción que desde la semana pasada, que había ido por primera vez a Alternativa, no se le iba de la cabeza, El baile y el salón de Café Tacuba:
La música ya iba llegando al último compás.
miradas en silencio y quien lo iba pensar.
Que después de este primer baile
La había bailado con una chica. Que la había sacado a bailar. No fue como en las películas de los ochenta, tipo Sixteen candles, no es que se le acercó desde el otro lado de la pista y le tendió la mano y todos entendieron que quería bailar con ella. No. Ivana se había separado un poco de su grupo de amigas y había quedado muy cerca de Carla y simplemente se puso a bailar en su campo visual.
Yo que era un solitario bailando
Ella giró un poco el cuerpo para quedar algo así como a tres cuartos de perfil de Ivi y se puso a bailar. En esa dimensión desconocida a la que Carla estaba empezando a entrar, eso era bailar con alguien. Como los lentos pero del boliche de Rivadavia y Rodríguez Peña.
Mientras tú me fuiste demostrando
Ivi la miró a través de sus anteojos de marco negro grueso y le sonrió mientras hacía un globo con un chicle. Ya no bailaba. Se acercaron, Carla miró al piso, respiró profundo, Ivana le levantó la cara agarrándola de la pera con el dedo índice y la besó.
La cámara imaginaria que seguía la vida de Carla se posó a unos metros y empezó a girar a su alrededor como en el final de las películas románticas, mientras caen los títulos sobreimpresos en blanco con una canción pop de fondo.
Pero acá, en cambio, empezaba todo. Carla había cruzado el umbral, había saltado la tapia del mundo perfecto en el que vivía hasta ese momento. Se había convertido como si ese beso fuera un hechizo de Disney, en una chica bisexual. Ahora era una alterna hecha y derecha.
Y hay muchas parejas bailando
Nadie las miraba mientras seguían besándose. A ninguno de sus amigos le sorprendía que ellas dos estuvieran transando, ahora contra la pared. La mano de Carla en la cintura de Ivana, sintiendo el satén del corset comprado en el tercer piso de la Bond. Ivi se entretenía con los bolsillos de la pollera de jean de Carla. Era una falda corta, con tablitas en del lado derecho que empezaban desde que terminaba el bolsillo y estaban coronadas por tres tachas con forma de estrella. Abajo, se había puesto unas bucaneras a rayas rojas y blancas que la hacían sentirse en Beetlejuice. A su hermana no le gustaba cómo le quedaba ese conjunto con las Adidas con puntera, pero a Carla le parecía la mejor combinación del mundo. Ivi le bajó un poco el cierre a la camperita de Fujimoda con la vaquita en la espalda que decía “don`t eat me”, eran sus primeros pasos en el vegetarianismo.
Parecíamos predestinados para así bailar
Llegó a la puerta del colegio y se encontró con Vicky que tenía menos ganas de entrar que de perder la virginidad.
-Che, no entremos, vamos a pasear
-¿Y adónde vamos a ir, boluda? Nada abre hasta dentro de tres horas
-Mmm podemos caminar por Rivadavia ida y vuelta y cuando abra, nos vamos a la Bond
-Pero no abre hasta las once…
-¡Vamos a desayunar al Mc!
-Re, además no te rompen las pelotas con fumar
-Y nos sirven café de nuevo, gratis
Dieron vueltas por toda la ciudad. Durmieron en Parque Rivadavia escuchando Nirvana con el discman de Vicky hasta que se quedaron sin pilas.
-¡Ya son las once! ¿Vamos a la Bond? Dale
Se levantaron del pasto, se acomodaron el uniforme y se colaron en el subte para ir a Recoleta.
-¿A la noche vamos a Alterna?
-Ah, te gustó la piba al final
-No, tarada, nada que ver
-Ay, si estaban re transando
-Igual, trasca, no la busqué en ICQ ni nada
-No digas trasca que es re grasa
-Bueno, eso… no la busqué
Mentira, había estado toda la semana buscándola pero no la encontraba. Había probado con todos los nicks que se le podían ocurrir. La única que le quedaba era volver a Alterna o cruzársela en la Bond.
-Me quiero hacer un piercing en la teta
-No, ¿estás loca? Se te va a infectar. Además al pedo, nadie te lo va a ver
-Forra, ahora no te doy el auricular
Vicky se ofendía con una facilidad sorprendente. Ahora podía pasar todo el resto de la tarde enojada, pero no lo suficiente como para irse. Se quedaba para molestarla. La odiaba. Pero era su mejor amiga por siempre y desde que tenían memoria.
Y ahora que estamos en la pista tú y yo,
No quiero que dejemos de bailara así,
A la tarde empezaron a caer todos a la plaza del Pizzurno. Skaters, bikers, grafiteros, breakdancers, MCs. Hardcores. Raperos. Alternos. Góticos. Se juntaban todos ahí, tomaban coca cola, fumaban Camels, cantaban canciones de El otro yo y de Green Day y Blur y The Cure.
Estaban todos menos Ivana, sick sad world.
-Me voy a casa, ¿venís? Hay previa en lo de Natu
-No, tengo que cenar con mi vieja que está re pesada
-Uh, dale, nos vemos a la 1 en la Clínica de Ojos
Pues vienen otros ritmos que te
Y no pueda abrazarte ni sentir tu cuerpo,
Y vuelva a bailar solo como antes
Se volvió a bañar y se pasó la maquinita y se volvió a cortar la piel en las rodillas, como cada vez. Se puso, de pies a cabeza: Adidas negras con puntera blanca, medias de red negras, pollera roja al muslo, tableada, de Cosmos, remera tipo chomba verde con lunares y el cuello violeta, collar de pelotitas blancas como el de Marge Simpson, vincha naranja de plástico gruesa para controlar el rulerío que se le había armado, camperita de Fujimoda azul con cierre rojo.
Salió, caminó hasta la parada, se tomó el bondi que iba por Corrientes. Viajó parada, tensa como si estuviera por hacerse añicos como un jarrón chino antiguo que se cae de la mesita y estalla contra el piso de madera. Se bajó y caminó por Callao hasta Rivadavia y de ahí hasta Rodríguez Peña.
En la fila estaba Ivi. Dios, estaba ahí. La miraba. Le sonreía. Se le acercaba.
Salía de la fila. Le estiraba la mano hasta tocar la suya. Le acercaba la cara.
La invitaba a hacer la fila con ella y sus amigas y le pasaba el cartón de Uvita Fiesta.
Voleuz-vous coucher avec moi?