Era algo incómodo, pero intentaba relajarse, debía acostumbrarse a ver bebés cerca de Cai. Quien diría que ese punto llegaría. Estaba sentado a su lado mirando a ella y luego a los bebés. Sonrió de lado mirando a la niña, en cierto modo ese sobrenombre tío le parecía intimidante, pero lo aceptaba, no tenía opción –hola Lily– tomó la pequeña mano de la bebé como si intentara darle un apretón, como lo que haces cuando conoces a alguien –¿cómo no los confundes?– dijo notando el gran parecido entre ambos.
“¿Quieres tenerla? Así... así tomo a Jamie” agregó, mordiendo su labio con levedad, estaba casi segura de que el muchacho diría que no, lo conocía demasiado. Estaba nervioso, al igual que ella, pero aún así quería que conociera a sus bebés, a ambos, eran parte de ella ahora. “Bueno... hicimos que le perforaran las orejas a Lily unos meses después de nacer...” señaló las orejitas de la menor decoradas con pequeñas pelotitas de oro rosado que le habían regalado. “Además que los vestimos diferentes, ella siempre va de rosa, amarillo, lila...” rió levemente y luego miró al niño. “Y este varoncito siempre va en tonos azules, verdes... son unos bebés con estilo, que te puedo decir” sonrió abiertamente.





















