Los niños de oro del lodazal.
Golden child. En el lenguaje destinado al tratamiento y descripción de la sintomatología causada por en Trauma Complejo, este término se refiere o, a un hijo preferido por la familia o a un hijo en quien se depositan responsabilidades como sacar a la familia adelante, hacer triunfar o elevar el posicionamiento social de la familia, causando problemas como estrés, perfeccionismo, baja autoestima cuando no se cumplen estas expectativas, etc.
El capital es una cosa que no fluye a ti a pesar de los mantras, o las velas, los árboles de la abundancia que tienen monedas de plástico en sus ramas y se pudren a las dos semanas. Quizás lo entiendes después de varios 31 de diciembre donde toda la familia usa un calzón amarillo (cada año el mismo porque no alcanza para nuevos) y tienen más muebles en la casa de empeño que en tu sala. Mientras más pronto lo aprendas, mejor.
Existe el capital económico, intelectual, erótico. No eres rica, no eres guapa y si quisieras serlo, puedes pero cuesta. De todos los órganos que podrías capitalizar para todos te lo piensas: mi útero se reventaría a la segunda o tercera vez de rentarlo, tus ojos, uno miope y el otro con astigmatismo, tus dientes están podridos o son falsos, la lengua la tienes demasiado larga, el riñón, ni pensarlo, y el que lo tenga sano que aviente la primera piedra.
Te queda el cerebro, es tu única salvación. Te queda ser el más brillante de todos los astros. Si quieres sobrevivir tendrás que sobresalir y no será por fortuna, y tampoco es que exista la meritocracia, es quizás un pacto con el sistema-mundo, aprendes a jugar, sabes lo que conlleva. Tendrás que saber qué hicieron los tuyos antes y poner la vara diez veces más alto; si alguien rompió el récord de velocidad, deberás hacerlo hablando en cinco idiomas diferentes. Tienes que ser el primero. El primer indígena que trabaja en la NASA, la primera mujer de color que gana un premio de matemáticas. El mundo no quiere a las segundas si son como tú. Si fueras bonita, quizás, de otra raza, probablemente. Llegar ahí te costará más, pero tienes que hacerlo porque es tu única salida. Da rabia, entristece, agota; la blanquitud nunca ha tenido que ser la primera en nada.
Llevas en tus hombros a tu familia, a tu comunidad, cargas las ilusiones de los ancestros, las frustraciones que causa la opresión, la que se salió de la universidad para trabajar, la que migró de su comunidad para chambear de algo más, tus tíos que querían ser luchadores, boxeadores, pilotos y el narco se los llevó primero.
Tus padres se regocijan: siempre fue muy independiente, nunca me pide nada, es muy madura. Tu comunidad te respeta (finalmente) llegó ahí sola, y el resto te revictimiza la violaron y aún así salió adelante, vivió en la pobreza y estudiaba todas las noches sin luz, caminaba dos horas para llegar a la escuela y se graduó honoris causa. Todos te ven como un ejemplo y no asumen su responsabilidad para responder en colectivo la pregunta ¿cómo hacemos para que nadie, nunca tenga que volver a superar estas adversidades? No soy un motivo de respeto, debería darles vergüenza que exista la gente que tuvo que hacer lo que yo, sola.
Vives tus placeres cursis en una secrecía sagrada y lo que otros consideran misterio te trae vergüenza. Nada que no sea astuto, novedoso o brillante escapará la tumba de tu boca, aquello que amas no sale del enredo que son tus arterias.
Te persigue toda la vida. Cada palabra que digas en público debería ser elocuente, de lo contrario perdiste tu chispa, nunca deberías olvidar decir gracias o se te habrán subido los humos a la cabeza, experimentarás al margen de lo que se espera de ti, de lo contrario eres demasiado pretenciosa. Nadie quiere ver a una prieta, sin escuela, como tú atreviendose a ser descuidada, grosera, rara, negándose a ser humilde. Nadie quiere ver a una prieta como tú ser tú misma si no encarnas los ideales que ellos pusieron para ti, si deshonras a la comunidad, porque los representas. En cualquier lugar, si tomas una decisión que a alguien no le parece brillante (incluso tus aliados, tus amigos, tu pareja) pensarán “ah, escribió un libro sobre sobre el capitalismo pero se compró unos zapatos Steve Madden”, “sí, hizo una tesis del amor romántico pero su pareja la golpea”, “se hizo madre demasiado joven, pensé que era una persona más intelectual”.
Así, nunca celebras tus logros. Ya tengo la beca, ahora a terminar el proyecto. Ya terminé la carrera, ahora una maestría. El presente es una posibilidad lingüística, un tiempo verbal, pero no un lugar para vivir. Siempre vas a lo que sigue. Nadie celebra tus logros sabía que lo harías o dice que no es académica pero le dieron un premio, vendida. Con el pulso acelerado, varios desvelos y túnel carpiano (tu cuerpo a cuestas) te sobrepasas esperando no colapsar. Brillas con la opresión encima y a la vista de todos eso te hace más brillante, el mismo brillo mortal del cloruro de cesio.
La gente piensa que eres su enemiga, que en lugar de atacar a sus líderes políticos, sus parejas, sus profesores, jefes e instituciones, (están acostumbrados a que ellos los decepcionen y decepcionarse ellos mismos) se vuelcan contra aquellos que cuestionamos las normas e inevitablemente participamos de ellas (por eso las cuestionamos y no es una incoherencia). La gente se odia tanto a sí misma que critica y coloca en estándares morales demasiado altos a estas personas porque se les parecen, porque se ven identificadas, porque es lo que pueden tocar, mientras la gente más poderosa sigue sin inmutarse de nuestras quejas, y el odio, la envidia y los celos entre la comunidad crece. Nadie soporta un espejo demasiado nítido. No conocemos a Dios porque lo divino no se puede mirar a los ojos sin reconocer de sí lo terrible.
Exigimos más a quien sobresale de estas condiciones similares a nosotros (como si no fuera un truco planeado del sistema, este reconocimiento) que a quien tiene una deuda histórica con nosotros.
La mujeres presidentas, las mujeres trans senadoras, las girl-boss no son reconocimientos ganados gracias al Santo Feminismo, no son la salvación de nadie. Puede que sean importantes pero una parte de mí sigue creyendo que estaríamos mejor en la sombra. La integración de las mujeres al sistema y la escala de poder es una estrategia para hacernos creer que estamos logrando algo. Votar por una mujer te hace sentir que las cosas están cambiando. Hay 26 mil 333 mujeres desaparecidas. ¿Qué importa un puñado de ellas paradas en un podio de muertas?
La soledad a la que orilla la autoexigencia, la carga mental de ser políticamente correcta, la más deconstruida, la mejor de las peores te perfora la mente, el sentir. Cuando escucho la frase superarse a sí mismo me duele algo en las entrañas, ¿quién quiere superar su capacidad mental, física, emocional? ¿para qué hacerlo?
La soledad más terrible es el autoabandono. En las palabras de Siobhan Guerrero, no hay que exigirles innovar a las vulnerables. Muchas lo hacen porque la precariedad es una forma de inventarse el mundo, de transformar un bolillo duro en pan molido, de hacer que donde come uno coman tres, de remendar y remendar los uniformes por varias generaciones. ¿Podemos descansar en la idea de que no hay que ser perfectas para sobrevivir, para valer?
La excelencia de la gente racializada hace que prevalezca la idea de que esta excelencia es una rareza. La creatividad, la inteligencia, la belleza no son gemas extrañas y exóticas entre nosotros, tampoco son la regla, existen y punto, como en el resto de las personas. La excelencia no justifica nuestra existencia y la “falta” de esta no debería ser tampoco una justificación para el racismo.
Tengo suficientes ejemplos de gente de color que escaló en el sistema, que ganaron nobel, premios literarios, que son modelos de ropa o son músicos brillantes. Me faltan ejemplos de mujeres sumidas en ocios alegres, descansando, flojeando, poniendo el menor esfuerzo posible en sus trabajos con salarios de mierda. Me faltan mujeres enojadas, de malas por el calor, en el IMMS atendiéndome con la peor cara posible y en Parisina cortando mi tela chueca sin preocuparse por quedar bien conmigo, mujeres chupándose los dedos después de comer algo delicioso. En mi mente la revolución se parece más a todxs los que históricamente hemos trabajado para enriquecer a los otros tomando siestas, comiendo lentamente, saboreando una fruta. En mi corazón el éxito no se parece nada a una mujer como yo en la cabecera de una junta directiva si está cansada, tiene ojeras y llora en el baño de su oficina.
No me interesa subir escalones de mentiras. Mi aspiración es aprender a morir a cada instante. No tengo nada y ya no es una queja, soy una divina asceta, una diosa de orina y espanto, mi numen está escondido entre la mugre de mis uñas, i’m not a nepo baby, baby, I’m a necro baby, baby.