Caminó con ayuda de sus dos muletas hasta Caleb, tenían que hacer un trabajo de historia para el viernes y la verdad era que no habían ni empezado.— Oye, Caleb. —Lo llamó para que no se fuera de donde estaba, las muletas y su pierna rota la volvían más lenta de lo que era antes.— Tenemos que hacer el trabajo de historia. —Le comentó, levantando la hoja donde decía el tema del que deberían trabajar.
Acomodó algunos libros en su casillero, ignorando al grupo de idiotas al final del pasillo que se reían de él. Cuando ya había perdido la paciencia y estuvo a punto de ir a encararlos, escuchó la voz de Coti. Enarcó las cejas, había olvidado por completo ese trabajo. Suspiró cansado y le dio la espalda al grupo que seguía riendo para mirar a Coti--. ¿Te parece si lo hacemos en tu casa? Te invitaría a la mía, pero será más sencillo en la tuya, ¿no? --inquirió apuntando las muletas--.













