crisaceo.
—¿Segura? Pensé que sí habías muerto —respondió con una sonrisa. Rápidamente recuperó su ánimo ya que no valía la pena hacer un melodrama sobre su desaparición, no luego de las continuas desapariciones que habían marcado su vida. Ya estaba harto de eso, mejor reaccionar de otra forma— ¿Puedo tocarte? Digo, para asegurarme de que no eres una alma en pena que quiere matarme… Medidas de precaución, ya sabes.
“Todavía tengo cosas que hacer, así que no podrás deshacerte de mi por un laaaargo tiempo.” al menos eso creía, le gustaba soñar con vivir por muchos años más. Al escuchar la interrogante del mayor, su rostro de tiñó de un ligero rojo carmesí, sin borrar la curva que formaban sus labios. “Por supuesto que puedes, pequeño saltamontes y además, si quisiera matarte usaría veneno, es más práctico”












